Sesiones en vivo (XVI), Hoy:Pulpo Negro, Against, Hemisferia, Criptodonte y Fase Beta. Teatro 5 Sentidos, Mar del Plata 22-07-2017


Las hordas descienden provenientes de ultramar 
Arrasan con la aldea, olvidada en los confines.

Pulpo Negro «Hordas»


Y no perder la voluntad de ser lo que debías ser.
Y no escapar a la verdad de ver lo que debías ver.

Against «Caníbal»

No es novedad que el Teatro 5 Sentidos de la ciudad de Mar del Plata ocupa, a paso constante, su cartelera con variedad de shows. Lo diferente radica en que muchos de sus espectáculos reúnen a las mejores bandas de la música pesada argentina. A esta altura del partido resulta obsoleto calificar una escena musical como «under» o «comercial» ya que, en ninguno de los dos casos, hay garantía de nada. La calidad y la camaradería no dependen de la escena, dependen de las bandas y el compromiso con el que respaldan su propuesta.
La velada del 22 de julio reunió algunas de las cosas por las cuales los seres humanos se enamoran de la música, en especial aquella tocada en vivo y en directo.  La organización de Fierro Under entiende a la perfección lo que implica brindar el marco para un espectáculo de calidad: un recinto limpio y cómodo, con buena acústica, puntualidad inglesa y un puñado de músicos que tocaron a puro sentimiento, dejando bien en claro que el rock pesado no forma parte del pasado, sino que se encuentra en muy buen estado de salud.
Fase Beta
La noche dio inicio de la mano de los locales de Fase Beta, un quinteto a dos voces –una melódica y otra gutural, ambas con igual presencia- muy bien combinadas que intercalaban variedad de estilos en una misma canción, con resultados muy interesantes. Pese a algunos desajustes de sonido, aprobaron holgadamente la prueba de ser el acto de apertura. Minutos después, la gente de Criptodonte subió a las tablas para dar rienda suelta a su stoner rock rutero y grasiento, con bandas como Red Fang y Fu Manchu como influencia principal. El cuarteto mejoró el sonido del recinto, se despidieron aplaudidos y dejaron a la gente con ganas de más.
Criptodonte
Hemisferia
No fue mucha la espera para que Hemisferia se adueñe del escenario y la noche se tiñera de un color cada vez más intenso. Quinteto con tres guitarras, kilos de wah-wah, distorsión y mucha oscuridad  forman el menú de la banda: una mixtura de Doom, con agregados de rock nacional de los 60 y una psicodelia bien entendida comenzaron a movilizar a los presentes para recibir a los pesos pesados de la noche.
Against: una aplanadora.

Hablar de la calidad de Against a esta altura de las circunstancias es casi una redundancia. El cuarteto tiene todo lo que una banda de metal necesita: fuerza, calidad interpretativa, dos vocalistas infernales, melodía y descontrol en su justa medida, y un puñado de canciones certeras. Por todo esto tienen más que merecido su pase al Wacken Open Air y sin dudas dejarán magistralmente representada a Argentina en el festival de música pesada más importante del planeta. Tienen dos discos imponentes y un futuro promisorio que vale la pena seguir de cerca.
Pasadas las 23:30 hs, los ya casi locales Pulpo Negro fueron los encargados de cerrar la noche. En su tercera visita a la ciudad, volvieron a ratificar por qué son unas de las mejores bandas de la escena para disfrutar en vivo. Toneladas de actitud, onda por doquier y un arsenal de canciones fulminantes, el quinteto no se cansa de agitar los cuellos de los presentes.
Pulpo Negro: Garantía de confianza al servicio del metal.
Presentaron oficialmente y en su totalidad su placa debut “El Arte de Matar”, dándose el lujo de interpretar «Demonios» a tres guitarras gracias a la participación de Hernán Chave de Hemisferia como invitado. Sumaron dos covers: «Peregrino Negro» de Valle del Diablo (en bajo acompañó Fertallica de dicha banda debido a la ausencia con previo aviso de Sebastián «Vitel» Persec) y una arrolladora versión de «Lifer» de Down con Juan Ignacio Orcajada de la banda Sobre Tus Cenizas como vocalista invitado. Mención aparte para este caballero –que había subido previamente a interpretar una canción junto a Against- por ser poseedor de una voz envidiable y de un estilo que lo posiciona, sin lugar a dudas, entre los mejores cantantes de la música pesada argentina. Se despidieron con «Hordas» aplaudidos y contentos.
Max Jones de Pulpo negro
Da gusto ver cómo se divierten en el escenario y esa energía contagia hasta el espectador más escéptico.
Cinco bandas, cinco géneros, y muchas personas celebrando un encuentro musical hecho con calidad y muy buena escuela. Siguiendo la opinión de este humilde servidor, la próxima vez que lean alguno de estos nombres tocando cerca de tu ciudad no dudes en acercarte a conocerlos.
Tengan por seguro que no se arrepentirán.


M.S

Nanocuentos (I)


He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta.
Blaise Pascal.

Carpe diem

Nunca le tuve miedo a la muerte.
Cuando vi mi cuerpo desplomado con la mano sobre el pecho y una mueca de de dolor, me di cuenta lo equivocado que estaba.

Vacío

Despierto sintiendo el roce de su pelo contra mi espalda y el calor de su presencia en mi cama.
Irónico contraste con los barrotes de mi celda y del pabellón con sus luces mortecinas.


Hasta luego

Se acostaron, se besaron y se prometieron amor eterno. El cerró los ojos hasta la mañana siguiente; ella los cerró para siempre.

Figura

La imagen que me devuelve el espejo es parecida a mí, pero no igual. Al intentar tocar la superficie el reflejo sonríe burlonamente. Permanezco un largo rato viendo los rasgos que resarce la ventana de la habitación hasta que la voz de la enfermera me convoca para ingerir la última medicación del día.

M.S

Etiquetas

Los estereotipos son verdades cansadas.
George Steiner

Nombres para nacer, roles para aprender.
Ideas que formar, emociones que sentir.
Tiempos para esperar, etapas para vivir.
Esperanzas que romper, sueños que abandonar.
Proyectos que concretar, expectativas que cumplir.
Besos que asignar, amores que sufrir.
Cuerpos que tocar, caricias que ofrecer.
Distancias que recorrer, destinos que trazar.
Historias que ocultar, verdades que reprimir.
Paradojas que establecer, certezas que sortear.
Vidas para morir, muerte para vivir.
Recuerdos que borrar, amores que mantener.
Las etiquetas preparadas… ¿Por dónde empiezo?


M.S

Microrrelatos (IV): Interruptor

No maldigas las tinieblas, enciende una vela
(Anónimo)

Sentía que en algún lado debía estar. Era cuestión de tiempo para que la encuentre. Comienzo palpando mis brazos y mi pecho casi instintivamente, inspecciono los pliegues esperando encontrar alguna pista de su ubicación. Continúo con las piernas, las manos; doblo mis brazos de forma imposible para rastrear la espalda, incluso hasta los lugares donde alcanzo con gran esfuerzo. No hay señal de dónde pueda esconderse.
Toco mis bolsillos como por acto reflejo y comienzo a impacientarme. Mis manos van al cuello y lo recorren por cada centímetro. Busco detrás de mis orejas y hurgo en mi pelo sin éxito. Por último, mi mano se dirige temerosamente hacia la nuca temiendo encontrar allí el interruptor que detiene mis pensamientos. Allí está: una tecla protuberante que marca el encendido y apagado de mi mente.
La paradoja se presenta al saber que sin él jamás podría cuestionarme la remota posibilidad de escribir esto.


M.S

La última danza




Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música 

Aldous Huxley

El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla.

Robert browning

La música comienza donde acaba el lenguaje.

Ernest Theodor Amadeus Hoffmann


No había sido el vino ni tampoco el cigarrillo, cualquiera hubiera sido su origen existente. Menos aún la cena, por cierto, exquisita y regada de luces mortecinas. El aire estaba viciado y lleno de rumores. Las frases eran inconclusas, errantes, pero sagaces hasta el tuétano. Un suave tintineo se apoyó en mis oídos y flirteó mi nuca haciendo un sensual recorrido, al mismo tiempo que mis manos se relajaban y contraían al compás de lo que intuí pasaría. De repente un golpe, tosco, primitivo y visceral pero a la vez compasivo y doloroso. 
Luego otro y otro más.
Cerré los ojos casi por acto reflejo, temiendo que una fuerza sobrenatural me levantara y arrojara por los aires en un sólo movimiento. Me forcé para abrir un párpado sabiendo de antemano que mi percepción se encontraba embriagada, pero al notar una quietud solemne caí en la cuenta que lo que acontecería podría ser aún peor. Mucho peor.
Un mar de sonidos me abrazó haciéndome encoger y pese a mi lucha encarnizada solo logré caer de espaldas, a modo de rendición, esperando la estocada final que me dejaría ardiendo en agonía y, más tarde, frío como una piedra.
Recordé no estar solo, convencido que los que me rodeaban deberían estar experimentando sensaciones similares. Sin duda lo estaban.
Ahora, justo ahora, nuestros sentidos se confunden, la percepción se nubla y la razón se empaña, recordándonos que en un principio todos fuimos iguales: hombres y mujeres de cerebro arcaico que comprenden su entorno por sensaciones, sin el vicio que otorgan las palabras.
Pero el sonido y la imagen se fundieron formando un universo sin sentido; un mundo donde no rige la entropía sino el más absoluto y excitante caos, donde los sonidos arremeten nuevamente surcando estelas en el aire, dibujando a su vez líneas exóticas con el humo proveniente de nuestros cuerpos. Un colchón armónico envuelve el recinto disparando flechas a nuestros recuerdos más vívidos haciéndolos resurgir y precipitando emociones dispersas e intensas: amor, odio, dolor, alegría y tristeza. Todas ellas básicas, pero siempre efectivas. Mi corazón se agita en un in-crescendo bestial separando el alma de mi cuerpo, ambos contenidos a su vez por un aura de golpes, armonías, gritos, ruidos indescifrables, latidos. Ya nos sentimos parte de la música y del ritual, aunque éste no pertenezca a ningún credo o tribu exótica. A lo sumo, cada uno es partícipe de creer (o no) en lo que ella dicta.
Nosotros, extenuados y aterrados, pero también relajados y gozosos. Ella, inexorable y potente, pero a la vez delicada y etérea. Y así, la danza sigue: golpes, ruido, melodía, suspiros, chirridos, risas, alaridos, más golpes: infinidad de ellos. Lágrimas, sudor, frío, calor, ruido, armonía, tambores, cantos, voces, delirio, éxtasis, belleza, sensualidad, alaridos, caos, creación y desastre.
Y de pronto, silencio.

M.S

(Dedicado a la maravillosa experiencia de escuchar, sentir y vivir aquello que llamamos música)

Sesiones en vivo (XV) Hoy: Mil Tormentas y Demonosis en Casa Rincón -Ciclo Misa del Caos- 10/06/2017

 (FOTOS: CASA RINCÓN)

Con noche de luna llena y en medio de un viaje relámpago nos dimos cita para presenciar el show de uno de los secretos mejor guardados de la escena de rock pesado argentina.

Con puntualidad inglesa y en horario matinée (una excepción que debería volverse norma) la velada dio inicio alrededor de las 21 hs con la gente de Demonosis, un quinteto con variadas influencias, las cuales combinan con mucha soltura. Recordando por momentos a los norteamericanos Neurosis, dejaron tras de sí un puñado de temas largos, atmósferas en cantidad y unos cuantos riffs de precisión quirúrgica que prepararon a la gente lista para degustar el plato principal de la noche.
Demonosis
Minutos después, Mil Tormentas tomó lugar sobre las tablas para agitar las cabezas de los presentes al ritmo de su particular mixtura de estilos. Dosis de stoner y de metal, tintes Sabbathianos y carisma por doquier son la pilares de su arte. La música del grupo fluye como un mantra y prepara el terreno para que la voz de Max Jones proyecte imágenes apocalípticas y postales de distopía a raudales mientras que la guitarra de Germán Tomei dispara riffs contundentes sin descanso. Un setlist con canciones de ayer y de hoy («Noches de Arabia», «Divide y vencerás»), más el agregado de dos temas nuevos (en el que se destacó la demoledora «Licántropo») que dejaron entrever cuál es el horizonte que la banda persigue para el futuro: cambios de ritmo continuos, climas y texturas novedosas que amplían el espectro sonoro del grupo. 
No es casual que la banda haya estado en el concurso para representar a Argentina en el festival internacional Wacken Open Air, ya que poseen lo necesario para ser referentes de la escena sludge nacional. Afortunadamente, no se encasillan en un género determinado, lo cual diversifica la propuesta: pueden resultar muy stoner para el metal y muy metal para el stoner, dependiendo lo que solicite el trip de cada canción. Pueden reencarnar a gusto y piacere en una versión cáustica de los Héroes del Silencio o en una faceta rockera/desértica al mejor estilo Kyuss, con sólo un cambio de ritmo.

Tras completar casi una hora de show, se despidieron a toda máquina de la mano de «Mil Tormentas» y «Trueno Rugiente», un tema que con su velocidad invita a enloquecerse por un rato y deja en claro lo bien que le sienta a la banda este tipo de variantes.
Día tras día, la regla de oro se sigue cumpliendo a rajatabla: fuera del circuito comercial, agazapados entre las sombras, se encuentran las mejores bandas y la música más genuina que puedan encontrar. Depende de ustedes salir a su búsqueda y conocer su poder.
Avisados quedan.

M.S


Tentación



La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.

Oscar Wilde

Se levantó sobresaltado. Eran las 9:45 A.M pero tenía la sensación de haber dormido una eternidad. Todavía aturdido, escuchaba el suave repiqueteo de la ducha golpeando sobre los azulejos y los breves cambios de intensidad productos del cuerpo esbelto de la mujer con que minutos antes había compartido uno de sus mejores orgasmos. Un clímax como el que había experimentado recientemente no se concibe todos los días: sensaciones de agitación, desenfreno y liberación uniéndose y potenciándose; y esa suerte de efecto hipnótico en la humanidad de quien lo comparte, que estremece el alma recordándonos lo bueno y dichoso de vivir.
Se sentía satisfecho y completo. Lo invadía una dulce fragilidad en sus extremidades y una sensación de liviandad se propagaba por su cuerpo. Definitivamente, éste no era como los miles de orgasmos que había experimentado desde su pubertad. Hubo de todo: fugaces, inoportunos, interminables, innecesarios, fisiológicos y amorosos, pero nunca uno de ese tenor, con este dejo de liberación. Al mismo tiempo que rememoraba algunos de ellos, se figuró el agua caliente cayendo por el cuerpo de aquella afrodita que le había regalado ese instante que no podría olvidar ni en un millón de años. Imaginarse el vapor, el aire viciado, y esa extraña sensación de encierro lo excitaron de inmediato.
Casi sin pensarlo, decidió interrumpir aquella ducha tan placentera para experimentar el que sería otro momento placentero. O incluso más aún. 
Tanteó el suelo del costado de la cama y observó de reojo la hora: eran las 11:35. Confundido, no recordaba haberse dormido nuevamente. Descartó también que el reloj se hubiera descompuesto, puesto que el mismo atrasaría o simplemente se quedaría tieso pero nunca adelantaría la hora. Además, la ducha había estado corriendo y nítidamente había escuchado un cuerpo mojarse y suspirar bajo el agua. Se incorporó y buscó un pantalón. 
A cada paso que daba, se sentía más liviano y descansado. La sensación lo reconfortaba.
Aunque no lo había notado, se podía escuchar una música suave que provenía del piso de abajo. La melodía era un tanto melancólica y le dio un escozor en el medio de la espalda. Decidió ignorarla.
Una vez en el baño, se observó en el espejo empañado por el vapor pero no pudo reconocerse. Debía estar desaliñado y con la barba crecida.
Los pocos metros que lo separaban de la cortina de la bañera sirvieron de preámbulo para generarle ideas libidinosas en su cabeza: la imaginaba mojada y fresca, aromatizada con ese jabón de miel que sólo usaba en ocasiones especiales.

-¿Puedo? – preguntó.
No escuchó respuesta, pero podía verla contorsionándose debajo del agua. Tarareaba aquella canción que lo ponía melancólico y depresivo. Escucharla lo desmotivó un poco, pero era más fuerte la idea de acariciar su piel y poder sentir el calor que despedían sus poros dilatados.
Se aclaró la garganta ruidosamente para hacerse notar. No hubo respuesta.
Pensó que tal vez estaría enojada por algo, pero también le vino a la mente la idea de que los silencios de ella siempre habían sido señal de buen augurio.
Corrió lentamente la cortina y pudo verla en su totalidad. Se encontraba de espaldas y rebosante de vida.
Intentó abrazarla fuerte, como para poder contener la totalidad que estaba observando. Cerró los ojos y apretó los brazos. 
Nada. 
Parecía como si la estuviera atravesando; como si su cuerpo fuera una nube etérea que se confundía con el vapor del agua que corría.
Avanzó un paso más en la bañera pensando que quizás había sido víctima de una ilusión óptica fruto del aire viciado y la modorra matinal, pero se horrorizó al ver que ocurría lo mismo que antes. Uno, dos, y tres intentos más en vano.
Ella, por su parte, estrujó su cabello y cerró el grifo. Indiferente, corrió la cortina y posó sus pies sobre la alfombra blanca.
Él, impávido y aterrorizado se observaba completamente seco dentro de la ducha que hasta hacía unos segundos se encontraba abierta.
Fue un instante en el que se dio cuenta lo que realmente sucedía.
Recordó aquel crucero por el Sena, en Francia, donde conoció una bella mujer de mundo quién, entre anécdotas, le comentó que en ese país se conocía al orgasmo como «le petit mort», y él, sin saberlo, se figuró que lo que sintió horas atrás no había sido sólo una pequeña muerte. Lo que sí sabía era que, de ser así, definitivamente había valido la pena.

M.S

Tiempos difíciles

De lo que tengo miedo es de tu miedo.
William Shakespeare

Mañana de domingo gris y Esteban yacía en la cama jugando con los botones del control remoto del televisor. Miró la hora. Eran las 9:16 a.m. Despabilándose tanteó la mesa de luz ubicada junto a la cama en busca de sus cigarrillos pero no tuvo suerte. Nervioso, se incorporó a buscar el atado que creyó dejar en el bolsillo interno de su sobretodo, pero en el trayecto recordó que se le habían caído anoche al subir al taxi. Tras maldecir profusamente, tomó de encima de la mesa unos billetes sueltos y se abrigó dispuesto a salir en busca de un quiosco abierto. Forzando la llave de la puerta de calle se dio cuenta de un pequeño detalle: era domingo. 
Ese día significaba para él mucho más que para cualquier otro mortal; un domingo, hace exactamente un año atrás, había sufrido un infarto tras haber sido asaltado por dos malvivientes a la salida de su casa. Lo amenazaron con un revólver calibre 22 y gatillaron dos veces sobre su cabeza pero las balas se negaron a salir. Ese día no sólo había perdido unos pocos billetes, también había perdido parte de su todavía joven corazón. No le fue fácil olvidar el hecho: palpitaciones, sudor frío, ideas de muerte y todo aquello que precede a un ataque de pánico. Ansiolíticos mediante, más un poco de terapia cognitiva de la costosa, lograron que pudiera continuar una vida medianamente normal.
Respiró hondo tres veces cuidando de no sobre-oxigenarse y pensó en la bolsita de madera que reducen la ansiedad en las películas americanas. La imagen le causó gracia y le devolvió de a poco la compostura. Bajó las escaleras contando los escalones, mientras pensaba en las palabras de su médico que le imploraba ejercicios matutinos todos los días. Rió al pensar en que nunca los había hecho.
Al abrir la puerta de calle, una ráfaga de viento frío le caló los huesos haciéndolo tiritar. Apenas se encontró afuera miró varias veces hacia ambos lados hasta cerciorarse que nadie más que él estaba allí. 
Después de todo no estaba para correr riesgos gratuitos.
Se dirigió hacia el quiosco del hospital, aquel que tenía un slogan (o lo que quedaba de él) en la marquesina que rezaba “Abierto los 365 días del año”. Sabía que no más de ciento cincuenta metros lo separaban de él y que podría, de un solo esfuerzo, lograr dos objetivos: conseguir sus bien amados cigarrillos negros y evitar una estadía innecesaria en ese campo de guerra que para él se había convertido la calle. 
Caminó derecho y sin mirar atrás, como un rehén tras ser liberado de un secuestro extorsivo. Saludó con la cabeza a una vecina de la vuelta que regaba unos geranios marchitos y que religiosamente baldeaba la vereda, incluso los días de lluvia. “Neurótica”, pensó para sus adentros.
Una vez en el negocio, se apuró por traspasar la puerta. Se encontraba helado y con la cara insensibilizada por las ráfagas de aire que azotaron su integridad. Nunca le había gustado el invierno. Pidió lo de siempre y se permitió la tentación de comprarse dos chocolates de su marca favorita. Los comía con culpa ya que su abuela le regalaba docenas de ellos cuando era chico, todas las veces a espaldas de sus padres. Siempre había tenido problemas de caries y debido a su oscura tentación hoy lucía tres implantes dentales y dos coronas de mala calidad.
Pagó justo y aspiró profundo, como dándose valor para dejar la tienda y salió.
En su frenesí por llegar a su departamento, le pareció ver tres hombres que lo miraban fijamente. Su respiración se paralizó y lo invadieron imágenes pasadas que le reavivaron el trauma que tanto trabajo y dinero le había costado superar. Comenzó a pensar compulsivamente y a decidir qué hacer: si cruzaba, resultaría sospechoso y llamaría la atención de sus posibles captores; si pasaba junto a ellos, les facilitaría la tarea. Dudando entre una y otra posibilidad (sin contar una tercera, que era salir corriendo despavorido y gritando calle abajo) optó por cruzar la calle de la manera más natural que pudo hacer.
Por el rabillo del ojo vio que uno de ellos comentaba algo a los otros dos y los tres asentían. Sin dudarlo, apuró la marcha con la finalidad de evitar una posible trampa. El aire frío le cortaba el aliento y las hojas se arremolinaban a su alrededor producto del viento y de su paso, que a esta altura se asimilaba a un trote.
Decidió no mirar atrás pase lo que pase.
Escuchó sus voces a lo lejos como ecos que penetraban en sus oídos, y se figuró imágenes monstruosas, todas ellas con un final trágico. Se vio golpeado, insultado, amenazado, robado, violado por tres cobardes fruto del sistema. Imaginó lo peor que podría pasarle. Maldijo entre dientes su florida imaginación.
De repente, escuchó un silbido. Era un silbido largo y agudo que parecía llamarlo hacia su inminente destino. Se negó a aceptarlo y continuó su marcha, inmutable. 
Nuevamente volvió a escuchar las voces, está vez más cerca acompañadas por otro silbido un tanto más leve. Sentía el pánico brotándole por los poros y su corazón irrigando sangre como una bomba hidráulica.
En un instante que le pareció una eternidad, sintió que le tocaban la espalda. Fue mucho para él. 
Se llevó la mano al pecho, en un intento por contener ese corazón que ya se encontraba dañado. Lo sintió latir, primero muy fuerte, hasta ir disminuyendo ese fulgor que se apagaba como una vela en una torta de cumpleaños. Se vio caer lentamente, como en una película europea.
En un último intento, se esforzó por ver las caras de sus verdugos, quienes, casi sin desearlo, habían terminado con su malograda vida. 
No había nadie detrás de él ni tampoco adelante. Lo único enfrente de sus ojos eran tres hojas secas, que el viento invernal sopló como una flecha, surcando el aire con un silbido. Una flecha imaginaria que se clavó, certera, en su corazón ya cansado de tanta incertidumbre.


M.S

Las distancias



El silencio separa más que la distancia.
Anónimo
La distancia no es razón para llorar, sino para tener algo porque vivir.
Anónimo

Será que la física no es para todos y la química una suerte de magia, pero las distancias no deberían medirse en centímetros, leguas ni kilómetros. Deberían hacerse en palabras, en gestos y en el espacio que queda entre lo dicho y lo hecho. Entre el todo y la nada. Por más cerca que nos creamos y por más lejos que nos evitemos, la distancia nunca podrá saldarse, el infinito no tiene límite ni a mayor ni a menor.
Lo que es hoy quizás no sea mañana, como así tampoco el límite para pensar lo que podrá ser de lo que no fue.
Las distancias no son lineales ni son intervalos de tiempo. El alejarse puede significar un acercamiento y los opuestos un encuentro en las diferencias. . El menos puede ser más y la suma del uno más uno puede dar tres.
¿Qué sucedería entonces al intentar achicar la distancia entre una meta y su objetivo? ¿Entre dos personas? ¿Y entre lo esperado y lo real? Nada que no sepamos. Solo aumentar la frustración de no poder llegar nunca al núcleo. Lo llamativo de todo sería que, incluso si lo alcanzáramos, no sabríamos qué hacer con ese espacio. Irónicamente, esa falta es lo que nos impulsa a continuar buscando con el renovado asombro de un niño aquello que de antemano sabemos que nunca estará allí.
Sea un abismo o un llano, un universo o la proximidad más íntima, siempre existirá ese trayecto imperceptible en el que se depositarán todas las acciones errantes: todo lo que callamos, todo aquello que sabemos y todo eso que pretendemos ser por algo o alguien en ese breve espacio que llamamos vida.


M.S

Sesiones en vivo (XIV), Hoy: Honest John Plain en el Salón Pueyrredón (Argentina) / 13-05-2017

(Foto: LOBO)
¿Cuántas veces en la vida uno tiene la chance de estar parado frente a una leyenda de la música que uno mamó desde chico? ¿Cuántas veces en la vida tenemos la suerte de ver a uno de los que empezó con todo este asunto del punk y nada menos que en el antro más lindo de la ciudad?
Ver al viejo y querido Honest John Plain en el Salón Pueyrredón se asemejó a una especie de fiesta en la cual el agasajado nos rendía homenaje a nosotros, haciendo un repaso de su carrera junto a The Boys, perlitas de su discografía solista y hasta gemas de The Crybabys (otro de sus tantos proyectos). Tener al frontman de “los Beatles del punk” dando lo mejor de sí un sábado a la noche en el reducto de Avenida Santa Fe fue casi un lujo para la logia de los amantes del brit punk 77.
Con las entradas totalmente agotadas y con la capacidad del local a tope, hubo tiempo para disfrutar de un póker de bandas locales entre las que se destacó la impronta oi de Los Mareados, el añejo conjunto street punk de la zona sur, que con fuerza y solidez dejó una muy buena imagen entre los que habían ido temprano a esperar al gran John.
Luego de una breve espera amenizada por los DJ’s del Salón (poder escuchar cosas como Damned, Sham 69, The Jam, siempre es un placer), Mr Plain y The Pibes salieron a escena a demostrar cómo se toca en Argentina el más fino punk británico de los 70s. De la mano de músicos locales de larga trayectoria como Arnold (ex bajista de Tukera y actual Doble Fuerza), Alejo (ex Shaila, hoy aporreando los parches en Mamushkas) y el eterno Juan Paponetti (guitarra y voz de los tandilenses Katarro Vandáliko, y líder de Traje Desastre), la banda sonó afilada y melódica en partes iguales.    
(Foto: LOBO)
Para abrir la noche festiva, la elegida fue “Never listen to rumours” y uno podía sentirse en algún club de Londres disfrutando del power pop punk de Honest. Siguió otro de los clásicos de John, “Monotony”, y al rato “U.S.I.” de The Boys, el primer bombazo de esa larga noche. La genial “I hate my fucking job” dio paso a “Where have all the good girls gone” de los Crybabys, que demostró que el grupo no era improvisado ni mucho menos: la batería potente y llevando prolijamente el ritmo, el bajo era un relojito y una aplanadora cuando era necesario, y la guitarra destilaba un buen gusto envidiable. Nota aparte para Juan y su elegancia, “como salido del Rockpalast de los Stiff Little Fingers” se escuchó decir por ahí…
Promediando el set, una joyita de colección: “New guitar in town”, grabado por Plain y Pete Stride de The Lurkers cuando los 80s empezaban a asomar. Rescatada del olvido por los germanos Die Toten Hosen, hoy es casi un himno del punk rock. Desde el “Punk Rock Menopause” de The Boys, saltó “Punk Rock Girl”, ya un clásico para todos los amantes de este estilo. Para no perder el hilo, desde el infierno mismo soltaron “Kamikaze”, también de la vieja banda de Plain, que sonó perfecta a pesar de la ausencia del saxo que lleva la melodía.
Hubo tiempo para sacar del ropero el “That’s not love” que Honest grabó con amigos allá por 1996, pero la cosa no podía parar y el Salón ya estaba en llamas: ¿qué banda puede darse el lujo de cerrar con una seguidilla de temas como “I don’t care”, “Terminal love” (claro que sí, todos gritando lo de “Knocking on heaven’s door”), “Sick on you” y la bellísima “Brickfield Nights”? Aplausos a granel y la frutilla del postre: nada menos que “T.C.P.” con su implícito homenaje a Ramones (y el punteo coreado por todos) y la inmortal “First Time”, que desató un pogo de considerables proporciones y que dejó un regadero de felicidad en las caras de todos los presentes. 
Desde arriba del escenario llegaron los saludos finales, la promesa de un pronto retorno de Honest junto a los Boys, y la certeza de que no siempre los jóvenes son los que destilan magia. El honesto Plain sabe por lobo, pero en este caso más sabe por viejo.


R.C.   

Brújula


El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.
Goethe

¿Dónde está la brújula que nos llevará al lugar donde queremos ir? ¿Dónde se compra y cuánto vale?
Ese artefacto tan diminuto y preciso que indique el camino a seguir y las decisiones a tomar.
Porque al estar entre aguas calmas la voluntad es siempre buena compañera. Pero en un mar embravecido, con olas altas que castigan duro en medio de la tormenta, la claridad y las decisiones nunca van de la mano.
Tenemos miedo, pavor del más puro, de equivocarnos y de chocarnos contra la pared de agua que nos embista castigando la embarcación que nos sirve de escudo. O simplemente soltar el timón y dejar que los vientos nos lleven a su antojo. Cosa que sin duda harán: esa fuerza que nos arrastre hacia tierra firme o hacia una muerte segura.
Pero no nos distraigamos ni olvidemos de la tormenta, esa misma que turba nuestros sentidos y nos azota sin piedad. Es una suerte de guerra, despareja, sí, pero donde hay dos oponentes definidos: tres de los cinco elementos envueltos en remolinos de furia. El aire, el agua y la materia se entrelazan en un baile frenético. No obstante, en caso que podamos tomar distancia ante una situación límite, veremos que el castigador y el castigado son en realidad uno. Uno de los dos perecerá; uno dominará y otro será el dominado.
Pero entre toda la sinfonía de estruendos y centellas hay una sola cosa clara: quiero y voy a dar batalla. Contra lo que pienso y lo que siento, contra lo que alguna vez fui, contra lo establecido, contra todas y cada una de las ideas y principios que tuve. Todo volará por los aires.
Pondré a prueba todo lo vivido para entender si vale la pena seguir siendo el mismo. Y pensándolo bien, no necesito ninguna brújula que me dirija ni un guía que me dé órdenes. Me toca a mí elegir si seré el capitán de mi naufragio, si haré soltar los botes y dejar que mis ayudantes abandonen la nave antes que yo. Ya no necesito timón, ni resguardo, ni coraza. Ni siquiera necesito el barco. Porque al fin y al cabo yo soy la tormenta que se prepara majestuosa para la confrontación conmigo mismo frente al espejo; yo versus yo, la razón y el deseo, lo correcto y lo incorrecto, el ayer y el mañana.
Uno de los dos morirá y espero con optimismo no ser yo. Pero la sentencia está escrita: incluso si logro ganar una parte de mí habrá muerto y ese vacío nunca estará completo otra vez.


M.S

Los Andes “Obras cumbres” o la quimera hecha canción.

Todo amante de la música sabe con certeza lo difícil que es escribir una buena canción. Y cuando me refiero a ello no solo hablo de pe...