Microrrelatos (III): Carne de cañón


La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse.
Otto von Bismark
Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.
San Agustín

Jugaba con mi hermano como todas las mañanas. El pasto nos llegaba hasta los tobillos y el aire acariciaba nuestras extremidades.
De repente, un estruendo corta el aire, seguido por un grito que nos paraliza. Dos hombres sujetan a mi hermano y mientras uno se ríe el otro lo ata con una soga y lo derriba. Grito de desesperación, pero antes de siquiera moverme hacen lo mismo conmigo. Mencionan algo acerca de vendernos y sobre lo bien que pagarían por “su” mercancía.
Con un golpe brusco nos empujan dentro del tráiler de lo que parece un camión junto a otros en nuestra misma situación. Nos miramos intentando encontrar una respuesta lógica sobre lo que nos depara el destino y acaso el por qué nos sucede esto a nosotros. Tras varias horas de recorrido el coche se detiene en un galpón. Se oyen murmullos dentro. Sólo logro distinguir palabras sueltas: algo acerca de un precio de venta y la forma de pago, mientras se escuchan los gritos ahogados de otros con, por el momento, peor suerte que nosotros.
El portón se abre y una luz fuerte nos deja encandilados. Ya no siento el calor del cuerpo de mi hermano, que hasta hacia unos segundos sollozaba disimuladamente a mi lado.
Nos jalan como ganado.
Caminamos por un pasillo largo a golpes y empujones hacia un portón que alguna vez fue blanco. Un haz de luz se cuela por el filo del marco y deja entrever un hombre con una especie de máquina. Distingo la voz de mi hermano que ahora grita y maldice para no atravesar el portal. La soga que lo tiene del cuello se jala fuerte y queda solo la estela de su cuerpo. La puerta se cierra tras él con un estruendo seco y los gritos se escuchan con sordina; tras pocos segundos cesa el ruido que da paso un silencio espectral.
Se huele sangre y muerte en el ambiente. Tengo miedo.
Salgo repentinamente de mi estupor cuando veo pasar a mi hermano (o lo que queda de él) cortado en finos trozos listo para ser vendido por kilo.
Quizá dentro de poco me suceda lo mismo a mí.
Si todavía están leyendo esto, por favor avísenle a mi familia.


M.S

Microrrelatos (II): Terapia

De nadie estamos más lejos que de nosotros mismos.
Friederich Nietzche

Como siempre, llego puntual a la cita. Pienso en lo que voy a decir y en cómo voy a hacerlo. De a poco ordeno los pensamientos que darán paso a las palabras, y me encomiendo a algún dios que me dé el valor para pronunciarlas. Siento el pulso acelerado y la respiración algo entrecortada, pero siempre me sucede lo mismo en este lugar.
Respiro hondo, demasiado quizá, y me dedico a priorizar las ideas. Siento que están listas pero nada sale de mi boca, excepto una bocanada de aire que se confunde con un soplido. Se suceden uno tras otro como si formaran parte de un lenguaje que todavía desconozco. Me mojo los labios una y otra vez casi en un patrón rítmico, como si mi boca estuviera sellada cual portón de hierro. Cuando me advierto próximo a hiperventilar logro serenarme y controlar el flujo de aire poniendo toda mi atención en inspirar y expirar deseando que alguna palabra se deslice hacia afuera casi sin querer: nada sucede. O quizá sí, ya que me siento un torbellino de ideas que se agolpan y molestan entre ellas. Pese a estar relajado pareciera como si me estuviese moviendo con un balanceo cansino. Trago saliva por última vez y me fuerzo a terminar lo que empecé -por algo estaba allí-, pero cuando un parpadeo irregular me saca de la diatriba interna en la que me encontraba, caigo en la cuenta que ya llevo corriendo más de media hora y me detengo como en cámara lenta.
Creo que es todo por hoy, nos vemos la próxima.

M.S

Microrrelatos (I): Epílogo


Nunca le perdoné a mi abuelo que no me contara el final de ese cuento.
Habíamos estado hablando sobre cosas de la vida, fruto de la inmensa curiosidad de un joven de quince años y la sabiduría de un caballero de setenta y cinco. Los misterios de otras épocas y las novedades de la actualidad. El antes y el después de la misma historia.
-¿Querrías escuchar una aventura?, preguntó ansioso arqueando las cejas. Y Fue así como comenzó.
El relato iba y venía, tenía tensión, drama y giros inesperados. El nudo argumental se centraba en los vaivenes del personaje principal, quien padecía de una enfermedad incurable pero que luchaba por vivir y así poder terminar la misión que le fue encomendada.
En el momento de máxima intriga se detuvo y levantó la mano con gesto adusto. Desde su silla preferida que le surcaba la espalda como un marcador de ganado, se incorporó pesadamente y con una lucidez certera acercó su cara a la mía:
-La clave para retomar cualquier historia es siempre dejar algo pendiente, afirmó casi en secreto.
Y se fue a soñar para siempre con los ojos abiertos.

(Para Enrique, donde quiera que esté)

M.S

Demasiado ego

Cada vez que escalo soy perseguido por un perro llamado “ego”
Friedrich Nietzsche.
Para acabar con un alter ego, hay que convertirse en otro.
César Fernández García.

Después de un rato su pulso comenzó a ser errático. Internamente se podía ver la lucha y ese deseo de seguir con vida. Si bien había vivido, disfrutado y creado con intensidad, se negaba a dejar partir su huella en este mundo. Postrado y debilitándose, se aferraba a este plano de realidad con una tenacidad envidiable.
Cuando el sudor, la fiebre y la agitación parecían ganar la contienda, abrió los ojos. Una mirada fija y vacía recorrió la habitación buscando algún punto de referencia donde posarse. Tras vagar unos segundos se posó en mí, amenazante y escrutadora. Nunca supe si fueron segundos o miles de años, pero durante el lapso en nuestras miradas se encontraron pude ver más de lo que hubiese deseado.  Nos conocimos y nos comprendimos. Durante ese último instante de lucidez nos dijimos más que casi toda una vida juntos, pero el mensaje era claro: el partiría y yo no.
Nos tendimos la mano y las sujetamos con fuerza, intentando transmitir por intermedio de la presión el significado de lo que estábamos sintiendo. Fue intenso, pero no duró mucho.
Pese a que él se aferraba cada vez más a mí en su último intento, deje caer su mano y junto a ella mi mirada. El suelo sostuvo a las dos por un instante más.
Luego me compuse, inspiré un poco del aire viciado de la habitación y salí.
Si hubo más, no lo recuerdo y quizá tampoco hoy sea de importancia. Paradójicamente, sentía que si no hubiese sido por mí, él no podría haber hecho nada. Irónicamente, si no hubiese sido por él hoy yo no estaría escribiendo esto. Pero no todo se explica. No todo tiene respuesta. No todo tiene sentido. No todo es justo y no todo es lógico.
Por eso, amigo mío, creo que ya es hora de finalizar la despedida. Desde ya agradezco tu protección y cobijo, pero a partir de hoy continúo sin tu ayuda desde aquí. Confío en que entenderás los motivos de esta decisión, y en caso contrario, los mismos se irán aclarando con el paso inexorable del tiempo. Seguramente no encontraremos en otro tiempo y si la situación lo amerita, nos haremos compañía.
Esto es todo lo que somos.
No nos queda más que aprender a vivir con eso.
¡Buen viaje, Matt A. Hari!
 Tuyo ya no más,
Matías Sosa

Básicamente –y en el sentido más clásico del término- un alter ego describe a personajes que son psicológicamente similares o cuyo comportamiento, lenguaje o pensamientos intencionalmente representan a  los del autor.  Una suerte de proyección; un holograma quizá. No obstante, también puede encarnar a un mejor amigo, alguien en que se tiene confianza absoluta, una identificación de algo significativo o quizá como una mera imitación o reproducción de otra cosa.
Pero originalmente la expresión ‘alter ego’ nada tenía que ver con esta dualidad de la personalidad que hoy en día se le da sino que procede de una variante particular.
Fue el famoso filósofo y matemático griego Pitágoras, quien en el siglo V a.c. fue consultado por uno de sus muchos discípulos sobre “qué es un amigo’. Haciendo una referencia a aquél que se mira en su propio reflejo en el agua contestó: ‘Un amigo es otro yo’. Siglos más tarde, el filósofo y político Lucio Anneo Séneca (gran estudioso de la obra pitagórica), fue quien dió a conocer la traducción  formal en latín “Amicus est alter ego” (Un amigo es otro yo).
Ahora una pregunta de rigor: ¿Es necesario tener un alter ego? 
Todos en cierta forma necesitamos desarrollar uno que nos permitan vivir de una forma más plena. Desarrollar un alter ego permite expresarnos de una forma tal que no haríamos  expresándonos con nuestro propio yo. Si bien la mayoría de los alter egos son desarrollados concientemente, claramente son influenciados por las experiencias vividas y las circunstancias que nos rodean, incluso de forma inconsciente.
Ya sea por proteger la privacidad, como la necesidad de invisiblizar nuestras emociones o para proyectar una personalidad diferente a la propia, la consigna debe ser clara: El Yo debe controlar al álter ego y debe obedecer a sus órdenes. De observarse algún indicio de pérdida de realidad el mismo debe ser en parte acotado o destruido.

Sin embargo, partiendo del hecho que una proyección en cierta forma es una modalidad de idealizar lo que nos gustaría ser y no somos, o bien cómo nos gustaría actuar pero nuestro propio Yo no puede, la precaución es la vía regia para las diferentes formas de escapar a una realidad que se torna, por momentos, demasiado real.

Fin de siglo


Tener un final feliz depende, por supuesto, de dónde quieras que acabe tu historia. 
Orson Welles
Sigue adelante, sigue adelante como si realmente nada importase.
Freddie Mercury

Realizar un ranking de los mejores/peores momentos del año es siempre una empresa parcial y subjetiva. Pero si algo caracteriza a Macondo Blues es el despliegue subjetivo en cada uno de los textos, opiniones e imágenes que se ofrecen a diario. Pese a que los datos publicados son estudiados y revisados a conciencia, el recorte de los mismos y la “inspiración” necesaria para materializar una idea aislada en algo tangible es siempre personal. Dejamos de lado las expresiones “políticamente correctas”, la asepsia y la neutralidad. Para eso contamos con el marco social en el cual vivimos y trabajamos a diario, donde muchas veces nos impostamos y encarnamos un personaje que cumple las expectativas de los demás.
La idea de que Macondo Blues sea una isla “itinerante” se ajusta claramente a esto. No puede ser localizada fácilmente debido a su constante movimiento, es gobernada popularmente de manera cooperativista en el sentido más estricto del término, y apoya la diversidad de opinión como estandarte. Esa idea, que fue motor en el inicio del blog y lo sigue siendo aún hoy, es lo que permite la constancia y dedicación en sostener un espacio que no busca el rédito económico ni la propaganda para que alguien actúe de una determinada manera. Todo lo contrario: el “norte” siempre ha sido apelar al disenso y al pensamiento crítico de todos nuestros lectores, que se sientan libres de dar su parecer y de tomar sus propias decisiones.
Desde ya agradecemos a todos y a cada uno de los que esperan el miércoles para leer los textos publicados, a quienes apoyan con sus palabras para que esta rueda siga girando, a quienes comentan en reuniones de amigos algún dato leído en el blog, a los que piensan distinto, a los que se suman a diario tanto a los que se “bajan”, ya que todo nos sirve para direccionar la brújula cuando estamos a la deriva.
Las “sesiones en vivo”, las “críticas (de)constructivas”, los “binomios del arte”, los “truth of the milanga”, así como también Rodro Malamorte y Matt A. Hari, enviamos un fuerte abrazo a todos los habitantes de Macondo Blues y nos despedimos hasta el año próximo, esperando transformar algo de esto que llamamos vida.
Y recuerden: Macondo Blues no es un lugar, es un estado de ánimo.

RODRIGO CARDOZO Y MATIAS SOSA
-Delegados electos de Macondo Blues-

Top 10 -2016-

MEJOR PELICULA: Zootopia (Disney)
MEJOR SERIE DE TELEVISION: Westworld (HBO)
MEJOR DISCO: Imperial state electric “All through the night” (Psychout Records)
MEJOR VIDEO MUSICAL: Ok Go! “Upside down & inside out”
MEJOR SHOW EN VIVO: PIL en Vorterix / The Descendents, en el Teatro Flores.
MEJOR LECTURA: “La doctrina del shock” de Naomi Klein.
MEJOR MOMENTO DEL BLOG/FAN PAGE: El texto acerca de la performance de Marina Abramovic, en la cual fue vejada, amenazada e insultada, que recibió más de 11.000 likes y un sinfín de comentarios que llevaron a los inquisidores de Facebook a censurarlo debido a una imagen de unos pechos desnudos.
MEJOR TEXTO: El pasillo de la vida (y de la muerte) / Los nuevos titiriteros / Instantáneas.
LO MEJOR: Los momentos de lucidez para transformar palabras sueltas en una unidad coherente.
LO PEOR: La muerte de David Bowie, George Martin y Muhammad Alí.


Lo esencial es invisible a los ojos (pero no a los oídos)

Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo,
induce a las lágrimas, inevitablemente, a las almas sensibles.
Edgar Allan Poe
Lo maravilloso es siempre bello, todo lo maravilloso es bello, de hecho, sólo lo maravilloso es bello.
André Bretón

Viernes, 12 de enero de 2007. Hora pico en una estación de subterráneo en la ciudad de Washington. Un músico toca el violín vestido con jeans, una camiseta y una gorra. ¿Nada raro, no?
Pero si mencionamos que el instrumento ejecutado es nada menos que un violín Stradivarius de 1713, las cosas cambian un poco. El músico toca piezas clásicas durante 43 minutos consecutivos y es nada menos que Joshua Bell, uno de los mejores intérpretes del mundo. Tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a 100 dólares la butaca promedio.
No, no se había vuelto loco; sino que estaba protagonizando un experimento promovido por el diario The Washington Post: comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza fuera del ámbito esperado. El experto Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EE UU, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían a observar y escuchar, absortas por la belleza de la ejecución. Hasta un centenar, según Slatkin, pondría dinero en la funda del violín.
Pero eso no fue lo que ocurrió.
Joshua Bell, fue un niño prodigio quien, a sus 39 años, posee una larga lista de logros y menciones en las más prestigiosas orquestas del mundo. Interpretó, entre otras cosas, la banda sonora de la película El violín rojo, que fue galardonada con un Oscar. Bell no sólo accedió encantado al reto de tocar en el subte, sino que además insistió en llevar su valioso Stradivarius. La performance comenzó con Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach. A los tres minutos, un hombre desvió su mirada para fijarse en el músico. Fue su primer contacto con el público del metro.
32 dólares de recaudación. En 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Sólo 27 le dieron dinero, la mayoría sin detenerse a apreciar la música y sólo una reconoció al músico. Más tarde declaró que se sintió raro debido a sentirse ignorado por los pasajeros. Palabras de peso teniendo en cuenta que habitualmente le molesta que suenen teléfonos durante sus presentaciones, e incluso le incomoda que la gente tosa. Sin embargo, en la estación de metro no hubo aglomeraciones ni aplausos. Más aun, declaró haberse sentido "extrañamente agradecido" cuando alguien le tiraba unos centavos en la funda del violín.
Los expertos citados por el diario aseguran que el contexto importa, ya que una estación de subterráneo en hora pico no permite que la gente se detenga a apreciar la estética de los sonidos. Sólo una persona se detuvo seis minutos a escucharle y quien más tarde declaró que la única música clásica que conoce son los “clásicos” del rock, pero que las piezas ejecutadas por Bell, pese a no ser de su predilección lo hicieron sentir en paz.
Joshua Bell, en misión secreta
En la otra punta del globo, en la ciudad de Buenos Aires, se replicó la experiencia con un músico de la orquesta estable del Teatro Colón y de la filarmónica de Buenos Aires. El arte de Pablo Saraví, el violinista, también pasó inadvertido para la mayoría, aunque la cantidad de "espectadores" fue mayor, y la "recaudación", teniendo en cuenta las diferencias, también. La misma ascendió a $76,25 en media hora. Esto plantearía una incógnita peculiar: ¿Cuánto ganaría Saraví si se dedicase únicamente a tocar música en el subterráneo? La respuesta sería inexacta. Pero si se multiplican esos $76.25 ganados en 30 minutos, por ocho horas de trabajo diario, con dos días libres por semana, se obtiene un total de $24.400 mensuales de ganancia. Un músico profesional de su categoría, en cualquiera de las tres orquestas más importantes Argentina, cobra aproximadamente 12 mil pesos por mes en el cargo de concertino. Exactamente la mitad.
Al margen del dinero, esta experiencia muestra cómo las personas, a pesar de estar distraídas o apuradas, pueden reaccionar de manera muy distinta en la apreciación de una expresión artística en un lugar que no es el habitual. La percepción, el gusto y el tiempo son factores determinantes a la hora de dedicarse a una afición o pasatiempo, pero pese a todo existiría una especie de respuesta natural para detectar todo aquello que sobresale. Quizá el factor de la curiosidad tenga una alta participación en este tipo de conductas, pero la “belleza” puede resultar inadvertida siempre y cuando las condiciones para apreciarla no sean las indicadas. En las grandes ciudades es fácil observar situaciones de “mente colectiva” o “fenómenos de masa” que determinen arbitrariamente cualquier veredicto. Lo bueno y lo malo tanto como lo lindo y lo feo ingresan en una suerte de limbo donde las reglas se estipulan de forma improvisada.
En cada ciudad del mundo hay miles y miles de artistas en la misma situación (pero sin experimento mediante) con igual talento pero sin la “suerte” de Bell y Saraví. Así que cuando mañana la rutina laboral comience y nos encaminemos hacia algún transporte público y  alguna melodía se destaque entre el bullicio, pensemos en la posibilidad de encontrarnos cara a cara con el próximo Paganini.


MATT A. HARI

Sesiones en vivo (VII), Hoy: The Descendents en el Teatro Flores / 4-12-2016

(Foto: Ariel Arredondo López Dickson)

El mundo es vos y yo esta noche.
Descendents –Get the time-
Quiero ser estereotipado, quiero ser clasificado.
Descendents –Suburban home-
Los chicos buenos quedan para lo último. Lo sé mejor que nadie.
Descendents –I´m the one-

La venganza de los nerds

Ir solo y sin compañía a un recital es una experiencia definitoria. Y más aun cuando después de todas las emociones vividas se deben escribir unas líneas con formato de verso sobre la experiencia.
Pero no nos desviemos del tema. Estar en soledad en una multitud propone, al menos, dos variantes: buscar algún otro/a que se encuentre en la misma situación que uno y hacer un esfuerzo conjunto para dejar de estar solo; o adoptar una postura de observador participante que afine los sentidos para analizar cada detalle, momento o situación a lo largo de la duración del espectáculo. Yo adopté la segunda con la esperanza de pasar un buen rato, tener interesantes diálogos internos e intentar memorizar la mayor cantidad de recuerdos de una vivencia, en mi caso, tan trascendental.
¿Y qué vi? Vi amigos abrazándose; vi veteranos con el pelo poblado de canas y vi purretes emocionados con su primer recital legendario, ambos con expresión de ansiedad en sus rostros; vi curiosos que no sabían muy bien qué esperar del show; vi émulos de Milo Aukerman con lentes “de mentira”; vi pogos muy intensos y “Crowd surfings” bastante extensos; vi caras llenas de lágrimas y gente cantando las canciones con una sonrisa en el rostro; vi personas alcoholizadas en estado de semi-inconsciencia que me dejaron pensando cuál es el motivo que los lleva a pagar una entrada a un show y no ver nada del mismo; vi solidaridad y vi desidia; vi un recinto lleno de espectadores batallando como podían contra un calor infernal; vi muchas personas eligiendo y comprando en los stands de venta oficial, vi a algunos famosos de la escena rockera argentina en pose de “estrella” y a muchos otros disfrutando del show y saludando a la gente.
Sin duda muy lindo y edificante lo sucedido debajo del escenario pero tanto ustedes como yo nos estamos olvidando lo que sucedió arriba de él.
No habría que olvidarse de lo ajustada que sonó la banda.
No habría que olvidarse de una lista de temas espectacular donde dieron primacía a su último LP pero repasaron cada uno de los clásicos infaltables.
No habría que olvidarse de la “joroba” de Milo Aukerman, que tras una inspección más exhaustiva, se descubrió que era una mochila de hidratación para hacer frente al infierno arriba del escenario.
No habría que olvidarse de la enorme figura de Bill Stevenson, esa suerte de Buda de gestos simiescos que aporreó su batería y dio cátedra de cómo hacer fácil lo difícil.
No habría que olvidarse de Stephen Egerton, esa suerte de “conehead” con esteroides, dirigiendo la batuta sobre las tablas, haciendo coros, moviéndose sin parar y notablemente emocionado con las muestras de cariño del público.
No habría que olvidarse de Karl Alvarez y su reputación de mil batallas ganadas, con su vozarrón dominante en las notas altas y esas difíciles líneas de bajo ejecutadas a mano limpia.
No habría que olvidarse, nuevamente, del gran Milo con su pose tan característica como si padeciera un dolor fuerte de cintura, y esa forma tan suya de cantar historias de nerds, amor, desamor, comida chatarra y cafeína.
No habría que olvidarse de que el sonido pudo haber sido mejor, o al menos no tan fuerte como para que resultara parejo en todo el recinto.
No habría que olvidarse de las lágrimas de este cronista al escuchar algunas canciones, en especial “When i get old” y “Clean sheets”, sumamente emotivas al escucharlas por primera vez y hoy aún más tras haber experimentado lo narrado en ese largo camino que llamamos vida.
No habría que olvidarse de Berru txarrak, la banda soporte, que realizó un set (muy) largo y de alta intensidad que terminó llevándose los aplausos tanto de los curiosos como de algunos pocos seguidores que coreaban todas sus canciones en idioma vasco.
Los Descendents y la euforia de sus fans

Pero por sobre todas las cosas, no habría que olvidarse de haber tenido la suerte y el gusto de disfrutar en vivo a una banda pionera del género, en muy buen estado pese a promediar los cincuenta años, con ganas todavía de enamorar a una nueva generación de punk rockers con sus letras simples que nos identifican en algún momento de la vida, con esas melodías a prueba de balas que te dejan silbando a toda hora y en todo lugar, y con esa pose de outsider que respalda  y defiende a aquellos que le escapan a los estereotipos del éxito.
El 4 de diciembre del 2016 será recordado en Argentina como el día que la infancia, la adolescencia y la adultez se dieron la mano amigándose tras muchos años de batalla. Ese día será recordado por los asistentes como un momento histórico y a la vez íntimo donde un Doctor en biología devenido ícono punk, un baterista/productor/adorable escritor de canciones que tocó con las mejores bandas del genero, y dos músicos que son garantía de confianza, sumieron a las casi mil novecientas almas presentes en un trance que servirá para comenzar cualquier charla, o como el as bajo la manga que gane el premio a la mejor anécdota para contarle a nuestros amigos, hijos y por qué no hasta nuestros nietos.

MATT A. HARI





Sesiones en vivo (VI), Hoy: Black Sabbath "The End tour" / Velez Sarsfield 26-11-2016


Mírame a los ojos y sabrás quién soy
Black Sabbath -N.I.B-
¿Este es el fin del principio o el principio del fin?
Black Sabbath –End of the beginning-

Realizar una crónica de un show puede tornarse una actividad repetitiva y llena de clichés. Se han hecho millones de ellas y, salvo excepciones, todas tocan los tópicos comunes. Sin repetir y sin soplar: explicar el marco del recital, la expectativa de la gente, detallar brevemente la pericia o desubicación de los grupos soportes, alabar o denostar el sonido y la puesta en escena, mencionar los pasajes del espectáculo que sobresalieron, especificar la lista de temas resaltando las novedades y los números obligados, como así también los “hits” omitidos.
Esto se complica aún más si la crónica es sobre el show de despedida de una banda legendaria. La ansiedad por no olvidar ningún detalle, el estudiar bien la información para buscar la aprobación de aquellos “expertos” sobre la banda, ese empeño por lograr la objetividad del observador profesional libre de pasión y opinión personal, son factores de riesgo en la travesía de entregar unas líneas coherentes para que algunos pocos la lean.
Pero no. No esta vez.
No seré políticamente correcto ni exhaustivo en los detalles. Seré pasional, subjetivo, haré omisiones y tendré lagunas. No hay ningún anotador que recolecte los fallos de la memoria. No habrá sobriedad ni opinión tácita. Es más: no será una reseña; será descuido y será catarsis.

Black Sabbath es el grito primal.
Black Sabbath es oscuridad.
Black Sabbath es tritono.
Black Sabbath es religión.
Black Sabbath es iniciación.
Black Sabbath es heavy metal.
Black Sabbath es rock progresivo.
Black Sabbath es punk.
Black Sabbath es doom.
Black Sabbath es clima.
Black Sabbath es exceso.
Black Sabbath es la efectividad en lo simple.
Black Sabbath es el fraseo sobre el riff principal. 
Black Sabbath es himnos atemporales.
Black Sabbath es discos gloriosos
Black Sabbath es lucha de egos.
Mr. Ozzy Osbourne, y el último adiós a sus fans argentinos.
Black Sabbath es cambios de formación.
Black Sabbath es caos y organización.
Black Sabbath es constancia y cambio.
Black Sabbath es la unión de dos generaciones, padres e hijos hermanados.
Black Sabbath es amigos hipnotizados frente a los parlantes.
Black Sabbath es el público coreando las partes de guitarra.
Black Sabbath es asentir con la cabeza con labios apretados.
Black Sabbath es asombro.
Black Sabbath es influencia.
Black Sabbath es entender todo esto sin necesidad de haber estado presente en sus shows.
Black Sabbath es leyenda.
Black Sabbath es, fue y será una de las bandas más importantes de la historia de eso que llamamos música.
Black Sabbath es Black Sabbath.
Y sí, dieron un muy buen show. ¿Acaso hay algo más que agregar?



Tocando el viento


Desde la primera vez que oí música, siempre he pensado que ha de ser limpia,
muy precisa, tan limpia como sea posible.
Charlie Parker
Toda la vida tiene música hoy (…) Entre tanto silencio, mientras todo estalla.
Luis Alberto Spinetta

Culturalmente, solemos asociar la flatulencia con mala educación, incontinencia, vergüenza y un tipo de humor infantil y grosero. Sin embargo, los gases corporales no siempre han sido objeto de tanto rechazo social y es posible seguir su rastro hasta los inicios de la comedia en Grecia y Roma, en autores como Plauto y Aristófanes. En La ciudad de Dios, escrito entre el 412 y el 426 d.C, San Agustín hace mención sobre algunos artistas que tenían “tal control de sus entrañas, que podían romper el viento continuamente a voluntad, imitando el efecto de un canto”. En otros ejemplos, en la Irlanda del medioevo existían profesionales llamados braigetori, y en el periodo japonés Kamakura (1185–1333) también existieron artistas que presentaban danzas de flatos llamados Oribe.
Sin embargo, no hay que ir tan lejos en el tiempo para conocer la historia del que podría considerarse como el mayor artista de la flatulencia, el francés Joseph Pujol.
Nacido en Marsella, Joseph Pujol era uno de los cinco hijos del escultor y picapedrero catalán Francisco Pujol y de Rose Demaury. Cuenta la leyenda que mientras nadaba en el mar, el joven Joseph tomó aire antes de zambullirse. A medida que inhalaba la bocanada de aire, sintió un chorro de agua helada ingresando por la puerta trasera de su cuerpo. Totalmente alarmado regresó de inmediato a la orilla, y se sorprendió al ver que una gran cantidad de agua brotaba desde su trasero. Tras un control médico que no detectó ningún tipo de afección, Pujol exploró con sana curiosidad la llamativa habilidad que había descubierto por accidente.
Se sorprendió al saber que poseía un maravilloso control abdominal, que le habilitaba a poder succionar agua a través de su ano y proyectarla de regreso al exterior con una fuerza impresionante, generando un chorro de varios metros. Ese proceso de prueba y error también lo llevó al descubrimiento de que podía aspirar grandes cantidades de aire por su trasero si se contorsionaba de la forma correcta, mismo aire que podía expeler a su antojo. Pero lo mejor todavía estaba por venir: era capaz de controlar la presión de salida del aire y producir diferentes tonos, hecho que le permitía reproducir melodías sencillas. Mientras Joseph cumplía servicio en el ejército, se encargó de entretener a sus camaradas soldados con sus trucos, donde le fue dado el apodo de “Le Pétomane“ (la traducción más acertada seria “pedómano”). Cuando dejó el servicio estableció una panadería en Marsella, que tenía la reputación de hornear las mejores panes de salvado de trigo en el sur de Francia, pero debido a su carácter inquieto comenzó a incursionar en el mundo del espectáculo. Al principio se resistió a emplear su peculiar fisiología en su rutina, por lo que inició ejecutando un acto cómico con el trombón, pero decidió dar un paso más allá de los establecido.
A los 30 años, en 1887, probó suerte montando un espectáculo en el que demostraba su extraordinaria habilidad y poco tiempo después fue descubierto por un productor, que lo llevó a París y le consiguió un espectáculo en el Moulin Rouge, donde su número, Le pétomane, se hizo internacionalmente famoso. Pujol podía apagar una vela a varios metros de distancia, imitar sonidos de animales de una granja, lanzar un chorro de agua a más de cinco metros, e interpretar diversas melodías con un flautín, como La Marsellesa, el Claro de Luna u O sole mio. Cabe aclarar que la sesión de gases del artista emitía eran completamente inodoros, ya que purgaba  su colón a diario como parte de su rutina.
La impresión del público solía pasar por varias etapas: de la incredulidad inicial al desconcierto, momentos más tarde que daba paso a una catarata de carcajadas que podía provocar asfixia –debido al uso del corsé– en algunas mujeres del público, por lo que la organización del evento debía contar con asistentes durante el espectáculo de Pujol, para auxiliar a las afectadas.
Entre las figuras más destacadas de su tiempo que presenciaron los actos del “pedómano”, se encuentran Sigmund Freud  (quien acudiría a presenciar su espectáculo para reelaborar su teorías acerca de las fijaciones anales y que conservó hasta el día de su muerte un retrato de Pujol en su consultorio), los reyes Eduardo VIII del Reino Unido y Leopoldo II de Bélgica.
Durante ese período, Le Pétomane era todo un éxito. Empleó su fisiología única para entretener de esta forma durante años, llegando a ser el artista mejor pagado de toda Francia, y quizá del mundo. Abandonó el Moulin Rouge en 1895 cuando el dueño lo demandó por incumplimiento de contrato después de que ofreciera serenatas privadas a algunos miembros de la audiencia, tras lo cual fue rápidamente reemplazado por una mujer a la que llamaron La Femme-Pétomane, quien en realidad no poseía las habilidades de Pujol y llevaba a cabo su espectáculo gracias a un adminiculo que ocultaba bajo su falda e imitaba el sonido de las flatulencias.
Joseph Pujol o "Le petomane"
Llevó su espectáculo de gira por varios países de Europa y África del norte, hasta presentarse en la Feria Mundial de París, en el año 1900. Continuó con sus presentaciones en el teatro Pompadour, hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, en la que uno de sus hijos cayó prisionero y otros dos quedaron inválidos. Motivos más que suficientes para que el artista se retirase del espectáculo y volviera a Marsella, donde retomaría su oficio de panadero hasta su muerte, en 1945.
Ahora bien, más allá de la opinión personal, del preconcepto y de los rótulos, es maravilloso observar la capacidad creativa del ser humano. Esa habilidad para materializar una idea, moldearla y hacerla pública; ese hecho artístico que espera la aprobación del espectador quien completa, a su vez, la obra con su mirada.
Bien excentricidad o bien oportunismo, el descaro del “arte” de Pujol desafió los estándares de su época. No es poca cosa que, en plena era victoriana, la gente pagara por presenciar un espectáculo tan escatológico y de dudoso gusto. Quizá sea entendible el interés del público desde una mirada actual, debido a la represión y pacatería de dicha época, pero que de ninguna manera diluye ese don humano de crear una demanda para una oferta.
Joseph Pujol lo hizo: logró cagarse en los estereotipos de su tiempo; también su público generando el mismo efecto con sus carcajadas. Raro, pero real. Aunque usted… no lo crea.

MATT A. HARI


Los nuevos titiriteros: La era de oro de la manipulación mental


Siempre que enseñes; enseña también, a la vez, a dudar lo que enseñas.
José Ortega y Gasset
La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.
George Orwell

Nuestra mente está siendo controlada por extraños que no tienen los mejores intereses en su corazón. Si suena como una fantasía paranoica, preparate y continuá leyendo.
Estos son los resultados de una serie de estudios científicos que muestran cómo unas cuantas instituciones dominantes tienen el poder de manipular cómo nos sentimos, cómo actuamos e incluso cómo votamos, sin que nunca nos enteremos de ello.
La manipulación mental deliberada de las masas no es, por sí misma, nada nuevo. Hace casi cien años, nuestra manía global de consumo se desató gracias a Edward Bernays, más conocido como el "padre de las relaciones públicas". Bernays era sobrino de Sigmund Freud y utilizó las ideas de su tío acerca del subconsciente para desarrollar nuevos métodos de control mental, diseñados para crear una nueva forma de consumismo, inicialmente en los Estados Unidos.
"Debemos cambiar una cultura de necesidades en una cultura de deseos", declaró una vez Paul Mazur, socio comercial de Bernays. "La gente debe ser entrenada para desear, para querer cosas nuevas, incluso antes de que las viejas hayan sido totalmente consumidas. Debemos dar forma a una nueva mentalidad. Los deseos del hombre deben ensombrecer sus necesidades."
Pero aún hay más.
En 1928, Bernays describió y en cierta forma vaticinó cómo sus técnicas de manipulación mental permitirían a una pequeña élite controlar las mentes de la población mundial: “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática. Aquellos que manipulan este mecanismo invisible de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder gobernante de este país. Somos gobernados, nuestras mentes moldeadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran parte por hombres de los que nunca hemos oído hablar... En casi todos los actos de nuestra vida cotidiana ... estamos dominados por el número relativamente pequeño de personas ... que tiran de los cables que controlan la mente pública”.
Bernays puso en marcha lo que todos hemos llegado a conocer como una parte esencial de nuestro sistema capitalista: el uso de los medios de comunicación para promover los roles, los deseos y los símbolos de estatus que recolectan los beneficios para las grandes corporaciones. Desde la cuna nos transformamos en consumidores, debido en parte a las percepciones de las falsas necesidades que nuestros padres nos transmiten. De la cuna a la tumba.
Pero lo que realmente ha cambiado es que una nueva generación de controladores mentales está utilizando las tecnologías florecientes de recolección de datos y redes sociales para inyectar su poder en nuestras mentes aún más profundo que lo que nuestros antepasados ​​podrían haber soñado. Un Bernays contemporáneo llamado B.J Fogg ha creado una estrategia llamada "captología", derivado de la sigla CAPT o "Computers As Persuasive Technology" (Computadoras como tecnología de persuasión). Desde su “laboratorio” de la universidad de Stanford, enseña a los estudiantes de posgrado todavía novatos cómo utilizar la tecnología para "cambiar las actitudes o comportamientos de la gente".
Sus enseñanzas han generado las interfaces de nuestras nuevas rutinas diarias: a que el ringtone de nuestros smartphones desvien nuestra atención, hasta cómo el icono del pulgar arriba y las estadísticas de Likes nos dicen lo populares que somos hoy en día. En la jerga, estas cuestiones son  conocidas como “Hot trigguers” (disparadores calientes), los cuales ponen en marcha respuestas conductuales en nuestro subconsciente. Aquellas aplicaciones exitosas son las que provocan una necesidad momentánea y luego nos proporcionan una solución, también instantánea. Este patrón produce una micro dosis de endorfinas en nuestro cerebro que nos hace sentir bien. Así, al igual que las ratas en una rueda nos volvemos adictos, y regresamos por más.
Facebook ha construido su imperio global de 1,6 billones de usuarios activos con esta rutina adictiva. De acuerdo con uno de los estudiantes de Fogg, Nir Eyal, el disparador clave de Facebook es el MAPA o Miedo a perderse algo (del inglés FOMO: Fear of missing out). Los seres humanos evolucionamos en grupos de cazadores-recolectores, donde la supervivencia significaba ser parte de la comunidad. La ansiedad social de perder lo que nuestros amigos están haciendo surge desde lo más profundo de nuestro cerebro. Es decir, sacrificamos nuestro contacto físico diario con las personas que nos rodean, por centrar nuestra atención en la pantalla que tenemos enfrente de nuestros ojos. El artista Eric Pickerskill en su serie de fotografía "Removed", documenta la sensación de las situaciones sociales cotidianas después de borrar los smartphones de las personas de la imagen.
Una de las instantáneas de Removed, de Eric Pickerskill
Facebook ha estado investigando el alcance de su poder sobre nuestro comportamiento, manipulando a sus propios usuarios como conejillos de indias. Los días eleccionarios importantes a nivel global envía recordatorios masivos para cumplir con el deber ciudadano, lo que provoca un gran número de votos que de otro modo no se hubieran emitido. Lo terrorífico de esto es pensar la posibilidad que decidieran enviar estos recordatorios sólo a los simpatizantes de un partido o candidato en particular, hecho que podría cambiar el resultado de una elección presidencial sin que nadie se entere. Las opciones de filtro con la bandera de algún país movilizado por un atentado o desastre natural también dan cuenta de la unilateralidad de sus intereses, ya que no hay ley actual que controle la neutralidad.
El control de la mente no se detiene solo en las redes sociales. ¿O acaso creemos en nuestra  autonomía cuando estamos investigando cuidadosamente sobre un tema en particular y utilizamos Google para completar la búsqueda? Pensemos otra vez. El psicólogo Robert Epstein ha desenterrado el poder subliminal masivo de lo que él ha llamado el Efecto de Manipulación de Motor de Búsqueda, o SEME (Search Engine Manipulation Effect).
Este efecto se basa en el hecho de que cuando realizamos búsquedas, hacemos clic la mitad de las veces en uno de los dos primeros resultados, y más del 90% de nuestros clics están en los diez enlaces principales que aparecen en la primera página. Puede haber miles de otras páginas web que contienen nuestras palabras clave, pero Google decide cuáles vamos a leer. ¿Tétrico, no?
En muchos países del mundo, incluyendo los Estados Unidos, Google tiene un monopolio “amigo” a las búsquedas en Internet. El negocio de la especificación de búsqueda-graduación no se encuentra regulado, y los tribunales han defendido el derecho de Google a clasificar resultados de la búsqueda a pesar que atenta contra las leyes de la libertad de expresión de los usuarios. Si Google decidiera cambiar la forma en que la población piensa y siente, no le representaría muchos inconvenientes.
El economista británico Kenneth Boulding advirtió una vez: "Un mundo dominado por una  dictadura invisible es concebible, todavía usando las formas de gobierno democrático".
Así que decides, ¿estás siendo manipulado?
Hasta que esta manipulación invisible esté mejor regulada, todavía hay algunas cosas que podemos hacer para protegernos de su control mental. Una idea, sugerida por el líder de la tecnología Jaron Lanier, es realizar nuestros propios experimentos en relación a nuestro vínculo con los medios de comunicación social y así poder recuperar nuestra libertad de elección. Por ejemplo, pasar por períodos de completa desvinculación de los medios de comunicación social - un día, una semana o un mes -, ver cómo nos sentimos y preguntarnos: ¿Qué tan fuertes y frecuentes eran los deseos de volver a conectarnos? ¿Nos perdimos algo? ¿Cambió algo?
Otra idea es tener conocimiento de las fuentes de nuestras noticias. Es decir, hacerse al hábito regular de revisar los sitios web de fuentes de noticias fuera de la “zona de confort ideológico”. Al realizar una búsqueda en Google, ver también lo que aparece en la lista de dos, tres, cuatro páginas, y ocasionalmente probar un motor de búsqueda alternativo para compararlo. DuckDuckGo es un buscador que no realiza un seguimiento de actividad, lo que significa que se obtendrá un resultado más neutral.
En realidad, todo lo antedicho forma parte de una elección y en responder el cómo, cuándo, dónde y de qué manera queremos vivir nuestras vidas. Si bien no hay un camino preestablecido, nuestra condición de ser humanos nos lleva a sentirnos más cómodos haciendo lo que hace la mayoría, muchas veces sin importar si eso está bien o mal. Todo es cuestión de seleccionar aquellas alternativas que nos parezcan más favorables, por lo que es necesario primero conocerlas, evaluarlas y luego finalmente elegirlas. Elegir preguntarse o elegir responderse. La pastilla azul o la pastilla roja. De eso se trata ¿no?


MATT A. HARI

Binomios del arte (V), Hoy: Cuando lo negro se torna rojo o el lado oscuro del Black metal


¿Nunca has visto sangre a la luz de la luna? Parece negra.
Thomas Harris

¿Es natural que los enemigos se hagan el bien los unos a los otros?
Biblia satánica.

Noruega. Estado de bienestar, pacifismo, desarrollo, progreso, conciencia social, fiordos y frío. Quizá un modelo a seguir para muchos países, y del cual desearíamos ser parte. Y al mismo tiempo, junto con el resto de los países escandinavos, uno de los lugares con mayor cantidad de bandas de música pesada y derivados. Solo agreguen el vocablo “Metal” a una palabra cualquiera y tendrán un nuevo sub-género musical con una horda de acólitos.
Justamente en este país fue donde se propagó una de sus variantes más extremas, el Black metal. Y la que sea posiblemente la banda más influyente y con la historia más sangrienta de todas: Mayhem. Corría el año 1984 cuando dos jóvenes, Oysten "Euronymous" Aarseth  y Jorn "Necrobutcher" Sturbberud, influenciados por Venom (quizá los pioneros en utilizar el mote de Black metal para su música y quienes unos años antes lanzarían el álbum que daría nombre el género), fundaron Mayhem (Caos, Mutilación). Agrupación que durante sus primeros años tuvo multitud de cambios de integrantes y que sólo se llegaron a publicar un par de demos. Estos jóvenes tenían en común ideas sumamente antagonistas con lo considerado “normal” en los países nórdicos, donde a pesar de sus altas tasas de ateísmo, otro montón está altamente cristianizado.
El satanismo, paganismo, la exaltación de lo nórdico, la violencia y la muerte eran parte de los  ideales de los miembros de Mayhem, hecho que se observaba de manera palmaria en sus letras y en sus actuaciones en vivo, todas ellas plagadas de sangre, auto-lesiones y empalamiento de animales muertos. Entre tantos cambios de formación, hubo uno que marcó un mojón en la historia de la banda: en 1988 se incorporó a la formación Per Yngve Ohlin "Dead" como vocalista, un personaje obsesionado con la muerte y de dudosa sanidad mental del que abundan numerosas anécdotas. Propenso a autolesionarse en los conciertos, llegó incluso a ser hospitalizado tras una actuación por haber perdido demasiada sangre. Dueño de una personalidad negativa y pesimista que vendría adosada a un trastorno depresivo, encontró en la banda una manera de lidiar con sus demonios internos.
A principio de los años noventa, Euronymous era el propietario del pequeño sello discográfico Deathlike Silence Productions y de una tienda en Oslo llamada Helvette (Infierno), la cual se convirtió en el centro neurálgico de la escena Black metal noruega y donde acudían tanto músicos como aficionados a buscar información e intercambiar ideas. También fue el lugar elegido para forjar el Inner Circle. El Inner circle contaba con dos objetivos claros: por un lado dar forma y difusión a la música que interpretaban, y por el otro realizar acciones anticristianas de marcado carácter violento. Entre muchos de los miembros del Inner Circle se encontraba Varg Vikernes (irónicamente nacido bajo el nombre de Kristian), fundador y único miembro del grupo Burzum. Vikernes compartía la doctrina del clan, pero agregándole una marcada ideología nazi.
El 8 de abril de 1991 Per “Dead” Ohlin, quizá preso de un fuerte estado depresivo,  se dirigió a dar un paseo por el bosque, durante el cual decidió poner fin a su vida cortándose las venas. Al ver que ese método tardaba demasiado, regresó a su hogar y se disparó en la cabeza con una escopeta de caza. Dejó una nota de suicidio donde solo escribió  “perdonen toda la sangre”. El cuerpo fue encontrado por el propio Euronymous quien, ni lerdo ni perezoso, tomó una cámara de fotos y se dedicó a retratar el cadáver de su compañero; fotos que fueron posteriormente utilizadas en la portada de su álbum Dawn of the black hearts, cuya portada fue censurada en casi todo el mundo. También se rumoreó la leyenda que juntó pedazos del cráneo de Dead con los que posteriormente realizó una artesanía que distribuyó entre aquellas bandas de la escena que consideraba “dignas”.
Vikernes (izq.) y Euronymous (Der.): Enemigos
íntimos.
Mientras tanto, las actividades del Inner Circle seguían su curso y comenzaron a ser más radicales gracias al impulso de Vikernes. En junio de 1992 incendió la iglesia de Fantoft, una construcción medieval de madera que se encontraba entre las más antiguas del país, acto que conmovió a la pacífica sociedad noruega, y que como efecto añadido consiguió impulsar una fama inusitada al Black metal, sacándolo del circuito underground en el que se encontraba y dándole  transcendencia internacional. A este incendio le siguieron otros hasta completar más de cincuenta en un periodo de seis años, a lo que se sumaron cientos de profanaciones de tumbas y pintadas satánicas en numerosos cementerios, que culminaron con el asesinato de un muchacho homosexual a manos de Bard Eithum, baterista del grupo Emperor y en aquel entonces empleado de Helvette, la tienda de Euronymous.
Asimismo, la colaboración musical entre Vikernes y Euronymous seguía adelante. A través del sello propiedad de Euronymous se editó el primer disco homónimo de Burzum, y Vikernes colaboró como bajista en la grabación del que sería el primer disco de Mayhem, De misteriis dom sathanas.
De algún modo, las cosas entre los dos se complicaron de manera extrema. El éxito del disco de Vikernes provocó la envidia de Euronymous, y al mismo tiempo, aquel vio cómo perdía el control de los ingresos del mismo al pertenecer al sello del segundo. La situación se tornó explosiva y tuvo su punto cúlmine la noche del 10 de agosto de 1993, fecha en que Vikernes, acompañado de un amigo se dirigió al hogar de Euronymous, y una vez allí, con la excusa de hablar de negocios, subió solo hasta su departamento y le asestó 25 puñaladas, tras lo cual se dieron a la fuga dejando tras de sí el cuerpo sin vida de su “socio”. Ante las acusaciones, Vikernes alegó defensa propia y que las puñaladas en la espalda eran en realidad cortes producto de haber caído sobre cristales rotos. La coartada no resultó: fue condenado a 21 años de cárcel, la pena máxima del sistema judicial noruego.
Meses después se publicó la opera prima de Mayhem De misteriis dom sathanas, donde colaboran asesino y víctima. El lanzamiento del disco se retrasó por la negativa de los padres de Euronymous (ahora propietarios del sello discográfico) a que se publicase mientras siguiera grabada la colaboración de Vikernes. Finalmente, el baterista del grupo, Hellhammer, logró la edición tras engañar a los padres de Euronymous asegurándoles que se habían sustituido las pistas correspondientes cuando en realidad la grabación nunca fue alterada.
Tras estos acontecimientos, la banda se disolvió temporalmente, volviendo a reunirse en 1995. Verg Vikernes siguió componiendo en prisión a la vez que publicaba sus escritos, y tras dieciséis años obtuvo la libertad.
El Black metal sigue siendo un mundo extremo donde conviven la parafernalia, la sangre e historias macabras. No obstante, debido a la prensa negativa y al devenir de los hechos logró ganarse un mote negativo que siempre estará en la mira de la prensa amarillista y del desconocimiento general. Más allá de la fuerte carga de teatro e imagen que caracteriza a las bandas del género, siempre las persigue ese velo de duda que permita determinar qué separa la verdad de la ficción.

MATT A. HARI

Los Andes “Obras cumbres” o la quimera hecha canción.

Todo amante de la música sabe con certeza lo difícil que es escribir una buena canción. Y cuando me refiero a ello no solo hablo de pe...