Huellas de claridad en el Turbio


(Ph: Matías Sosa)

“(…) Ya no hubo tiempo de cranear la maniobra, fue puro instinto y reacción
Lo que hay aquí son los relatos del momento en que todo cambió
Y es para mí... para mi espíritu la firme promesa de no olvidar”
-Pez, “De cómo el hombre perdió”-

“Casi casi nada me resulta pasajero, todo prende de mis sueños
y se acopla en mi espalda y así subo muy tranquilo la colina de la vida”
-Leon Gieco , “La colina de la vida”-

(Todos los nombres/personajes del siguiente escrito son ficticios, con el fin de proteger la identidad de los mismos. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia)

Hacer una crónica de un ascenso en montaña no es el hecho más original del mundo. Miles lo han hecho y miles más lo harán, para plasmar quizá algo de eso que trasciende la experiencia y genera la imperiosa necesidad  de compartir lo particular de la vivencia.
Lo que se significa y representa se expresa de forma similar a un sueño. Por un lado, el contenido manifiesto, que es aquel que está situado en el nivel del símbolo, mientras que el contenido latente se sitúa en el del significado. El contenido latente sería, entonces, la verdadera experiencia sostenida en los deseos y vivencias. De más está decir que lo aquí retratado engloba lo simbólico de lo vivido, ya que el verdadero significado todavía se encuentra en elaboración.
Fuimos siete pero debimos haber sido ocho. Irónicamente, en muchos momentos lo fuimos y ya se darán cuenta por qué. El Polaco–el guía- nucleó a seis individuos con características heterogéneas: Evo y Eva, una pareja mayor con un universo paralelo con validez interna; el Champion, un músico y ávido lector; Lacho, un técnico en electricidad y devenido recientemente al vegetarianismo; Maru, psicóloga curiosa con un temple de acero y Matt, quien escribe –o al menos intenta- estas líneas.
La experiencia de cargar todas tus pertenencias en una mochila durante los cinco de días de travesía es una de las cosas más difíciles del mundo. Acostumbrados a tener accesibilidad full time de las “necesidades” básicas, el seleccionar lo elemental de lo accesorio puede generar largas diatribas internas. Ropa, comida, utensilios, protección, divertimento, etc.; son algunas de las cosas que cargaremos en nuestra espalda, con la impresión de ser pocas pero con la sensación de ser muchas.
Opuestos. Ambivalencias. Extremos. De eso se trata la montaña. De eso se trata una travesía.
De haber sabido que caminaría 50 kms en terreno desigual, vadeando arroyos, abriéndome paso entre plantas con espinas, soportar 33 grados de calor durante el día y 5 grados de frio durante la noche, ¿hubiera aceptado?
Los primeros momentos son de evaluación y organización: del terreno, de la comida, de los subgrupos que se armarán, de las personalidades y de los preconceptos. Todo, siempre, es relativo.
Por una cuestión gregaria intrínseca en el ser humano, buscamos la empatía. Intentamos congeniar con nuestros pares apelando a los puntos en común. Utilizamos nuestros recursos sociales para aprehender de los otros, promoviendo la grupalidad sin perder la individualidad.
Una de las primeras verdades que impone una experiencia de este estilo es desarrollar lo que se denomina “plasticidad”. Es decir, adaptarse a las situaciones y no viceversa. Lo planeado que forma parte de nuestra rutina se desvanece al primer paso sobre la piedra y el tiempo deja de medirse con relojes convencionales: lo largo puede ser corto y lo corto durar una eternidad. Los opuestos no se excluyen sino que coexisten en una armonía que resulta, al principio, un tanto confusa.
El Polaco se caracteriza por englobar estas características: parco y conversador, serio y gracioso, amable y tosco, paternal y filial. Mayormente dominaba esos extremos, y se posicionó como un líder en sentido amplio pivoteando entre tres fases marcadas: a veces democrática, otras autoritaria y mayormente en el “dejar hacer”.
Cada uno de nosotros encarnó un rol. Champion funcionó como el portavoz y el motivador en momentos de crisis. Su tipo de humor disruptivo, espontáneo y absurdo generó una empatía instantánea hacia él. Lacho, por su parte, resulto ser el chivo emisario, cumpliendo el rol del que lleva y trae información, el que genera alianzas (a veces positivas, a veces negativas), y en casi todo momento se ubico como dinamizante en el grupo. Evo y Eva (imposible nombrarlos por separado) funcionaron como los chivos expiatorios, asumiendo el rol asignado por el grupo de ser los depositarios de todo aspecto negativo grupal: Evo, por ser el "experto" que intentó repetir -y mejorar- la experiencia, amparado en su parquedad no pudo soportar no ser el líder que imaginó ser y decidió excluirse. Eva, lesionada por una caída durante la primera noche de acampe, no pudo imponerse ante la crítica y la mirada inquisidora de su pareja. Fueron los que cargaron con la culpa colectiva, sin ser materialmente culpables‏.
Maru funcionó como la mediadora grupal, logrando adaptarse a las dinámicas y opiniones encontradas. Con mucho amor propio superó su tendencia a la sobreadaptación, estando atenta al detalle e, incluso, pudiendo relajarse en varias ocasiones. No obstante, siempre ofició como la mirada crítica o la voz de la conciencia.
Yo, por mi parte, intenté combatir mis demonios, analizando las situaciones y las reacciones de mis cofrades. No pude empatizar con Evo y Eva, y, lamentablemente, tampoco lo intenté. No quise forzar nada y terminé haciendo lo mismo que critiqué de ellos.
La sucesión de hechos vividos dista de ser objetiva. Por el contrario, pese a estar los siete en el mismo lugar y tiempo, lo que cada uno vivenció apela a la subjetividad más profunda. Las reflexiones, las impresiones, las dudas y los miedos, aquello de lo que cada uno se venía escapando y con cuántos demonios luchó para estar allí es algo irreproducible en lenguaje escrito. Por el contrario, sí se hicieron presente en miradas, en risas y en gestos cómplices. Por más raro que parezca, no hace falta mucho tiempo para conocer la esencia de una persona. Sin distracciones mundanas, sin conexión Wi-Fi, sin redes sociales ni televisión, los intereses humanos se reducen a la mínima expresión: comer, beber, y descansar. También contemplar y reflexionar. Reflexionar sobre como desviamos el camino gracias a las distracciones antes mencionadas, o sobre lo pequeños que somos ante la inmensidad de una montaña o ante el cauce de un rio caudaloso. Demasiado insignificantes ante una constelación de estrellas que impacta por su brillo. Demasiadas preguntas que, asumo,  cada uno de los participantes se irá respondiendo con el paso del tiempo y el análisis de lo vivido.
(Ph: Matías Sosa)

Recuerdo patente las risas, ya que hubo muchas y de muy diversa índole: al contar un chiste, al encontrar agua para beber, al lograr prender un fuego, al terminar de llenar el estómago con comida tras una larga jornada de caminata. También hubo de las otras, aquellas que ya no aparecen muy a menudo, quizá debido al trajín diario.
Recuerdo los “gracias” y los “de nada”.
Recuerdos y más recuerdos, y miles de imágenes que se disparan en mi mente.
Recuerdo la cara de Lacho al sumergirse en una olla de agua natural de deshielo. El brillo y la alegría de sus ojos haciendo sonoras burbujas con su boca.
Recuerdo la cara del Champion cuando nos hacia reír con sus chistes y cuando esperábamos, tras el silencio, sus acotaciones.
Recuerdo la expresión de orgullo de Maru al verse capaz de superar obstáculos que difícilmente hubiera imaginado.
Recuerdo a Eva sufriendo por el dolor tras una infantil caída, exigiéndose hasta el límite de sus posibilidades por no defraudar a su pareja, al grupo y sobre todo a ella misma.
Recuerdo a Evo, enfrascado en su mundo, viviendo un viaje aparte, quizá disfrutándolo o quizá no. Recuerdo al Polaco, escrutándonos a todos, observando las dinámicas con sus ojos verdes, durmiendo a la intemperie y dando a entender que ahí, en la montaña, se puede encontrar la comodidad y un lugar en el mundo.
Me recuerdo a mí, despreocupado, procurando solamente que mi compañera estuviera cómoda, intentando absorber todo lo que la experiencia me ofrecía. Muchas veces sin lograrlo.
Recuerdo la cara de “Cocono”, el poblador que nos abrió las puertas de su casa, y sus mates, tan necesarios y amigables que convocaban a la charla y al intercambio de experiencias.
También recuerdo al octavo pasajero. Una especie de álter ego llamado por el grupo como “Don Ricardo” que funcionó a muchos niveles, ya sea como inspirador, motivador, como la voz de mando que nos despertaba y nos desperezaba. Nosotros depositamos en él nuestras sombras y nuestros miedos. Y él hablaba a través nuestro con su voz grave y sentenciosa. Nos preguntaba retóricamente y nos llamaba de maneras graciosas, haciendo alusión a nuestra calidad de “huérfanos descartables”
Cuando te encontrás en la montaña con la montaña, se experimenta un respeto. El mismo respeto que sentimos hacia nuestros padres cuando somos niños. Uno es pequeño y ellos, a nuestra mirada, son gigantes. La montaña, al igual que nuestros padres, nos permite transitar, nos enseña a abrir nuevos caminos y forjarnos en la experiencia, nutrirnos con los que nos ofrece. Nos hace sentir finitos ya que ella estuvo allí desde mucho antes que nosotros y continuar estando una vez que hayamos partido. La montaña hace aflorar lo mejor y lo peor de uno mismo. Dejo en cada uno catalogar a su preferencia. No en vano la literatura simboliza la sapiencia y el conocimiento con ascender una de ellas. El Champion, concienzudamente, lo recordaba a cada minuto tarareando la frase “el sabio subió a la montaña” con una inflexión de voz que agregaba dramatismo a la situación.
Pero ¿Y nuestro destino? Más allá de reafirmar el gastado dicho que “la meta es el camino”, nos dirigimos todo el tiempo hacia arriba, hasta alcanzar un cerro denominado “plataforma”. Nunca sabré si era una montaña o la superficie lunar. Nunca supimos si estábamos en la tierra o en el cielo. Otra vez los extremos que gustan unirse. Un paisaje embriagador que sería el lugar elegido para realizar un festival de artes interplanetario; de difícil acceso, sí, pero totalmente justificable. El haber llegado hasta allí luego de caminar infinidad de pasos por todas las superficies imaginables, representó una especie de bautismo. En él, nos posicionábamos en una plataforma de despegue hacia nuevos rumbos y estados de conciencia, lanzados a la vida como un dulce nexo eterno.
Todo esto y mucho más quedará grabado en la memoria, en la personal y en la colectiva de aquellos que vivimos la experiencia. Y seguramente dejará una huella en las respuestas (o preguntas) que fuimos a buscar. Si supimos encontrar lo que perdimos o si logramos evadir aquellos de lo que nos escapábamos, sólo el tiempo lo dirá.
Siempre me pregunte lo que sería vivir una experiencia de esta clase. Lo que sentiría, lo que pensaría, con quien lo compartiría. Y nuevamente, se presenta la pregunta del principio: “De haber sabido que caminaría 50 kms en terreno desigual, vadeando arroyos, abriéndome paso entre plantas con espinas, soportar 33 grados de calor durante el día y 5 grados de frio durante la noche, ¿hubiera aceptado?”

Sí. Definitivamente sí.


-Matt A. Hari-

La ignorancia es una bendición (IV)




"Los negros son los otros"

Cuando se pone en juego la voluntad de lo que ingenuamente llamamos “pueblo”, los resultados suelen ser desconcertantes.  Tomemos como parámetro las últimas elecciones presidenciales en Argentina: un Estado semi benefactor en el cual se acallaron muchas voces que hace más de 10 años vociferaban en contra de toda la clase política nacional, a través de la concesión de ciertos reclamos que hicieron que los que menos tenían pudieran acceder a ciertos beneficios. ¿Pero qué ocurre cuando esos beneficios chocan contra la subjetividad propia de los que supieron no tener nada en los bolsillos? La memoria, ese gran karma nacional, no goza de buena salud cuando ya no peligra la integridad de lo que supieron protestar.

Es en ese momento en el cual, casi en un sinsentido siniestro e lógico, la capacidad adquisitiva del mediopelo nacional y popular cree en su fuero más íntimo que ya está capacitado para acceder a un estrato social más elevado que sus congéneres y vecinos. Es así como entonces el cerebro asado del idiota útil considera que es necesario boicotear a un gobierno que dio miles de beneficios a su clase (la clase baja, trabajadora, proletaria) porque “hay demasiados negros que no trabajan”, sin mirar que esos mismos negros a los que acusa son los mismos que comparten la cotidianeidad con ellos. Esos mismos negros son los que pueblan su barrio, su vecindario. Son los que hace más de 10 años salían a protestar junto a ellos, a poner la cara para que no siguieran robando el futuro, para que hubiera aunque sea un bocado de comida en su mesa. Pero ahora son “los negros que no trabajan”, y es la base de todo el proceso maniqueista en el cual los negros pasaron a ser desconocidos, lacras, chusma, y tantos epítetos más.

¿Qué es lo que hace que personas que a principios de siglo eran compañeros de la lucha cotidiana, pasen a ser “negros planeros”? Simple y llanamente, carencia de conciencia de clase. Cuando una persona no puede ni quiera asumirse como parte de una casta proletaria sino que ridículamente aspira a ser como aquello que le muestran los medios, tiende a ver a su círculo con displicencia y soberbia. Consideran que los equivocados son los demás, y que ellos son dotados de otras capacidades que a la luz de la realidad son falsas, porque en el fondo siguen siendo habitantes del mismo espacio en el que convergen con esos “negros” a los cuales critican hasta el hartazgo. No hablamos de ambición ni de progreso, hablamos de una imposibilidad fáctica de reconocer el lugar que uno habita. Y ese peligroso juego de la mente hace que aquellos que más se vieron beneficiados por las políticas de los últimos años, voten en contra de quienes fueron sus benefactores y a favor de aquellos que se sabe que van a explotarlos.

Un pueblo proletario vota en masa a la derecha recalcitrante para que “los negros vagos vayan a trabajar”, como si el gobierno fuera a censar a los pobres uno por uno a fin de saber quiénes son aquellos a los que tiene que azotar. No, lamentablemente es una visión errónea: un gobierno de derecha jamás se pondrá a averiguar quiénes son los “negros buenos” y los “negros malos”. Para un gobierno de derecha, solamente hay una separación: ricos y pobres. Es la única lógica mercantilista que entiendes, y ya se sabe a quiénes van a beneficiar en esa diferenciación. Es por eso que resulta risible ver la cantidad de gente de barrios pobres votando a la derecha para que sus propios vecinos, “los negros malos”, se pongan a trabajar. Si solamente eso fuera lo que va a hacer un gobierno, ¿qué simple sería todo no?


Lo que realmente está en juego es la capacidad de comprensión del otro, de ver que los demás son como nosotros y que nosotros somos como los demás. Y en el peor de los casos, ¿qué diferencia a aquellos que se sienten superiores de aquellos a los que miran con desprecio? Quizá, y solamente quizá, la respuesta esté en la imagen que cada uno tiene de sí mismo. Si un pobre no tiene otra aspiración que un lugar para vivir tranquilo, y otros pobres aspiran a ser como los medios le dicen que tiene que ser, ¿quién es el equivocado? Entonces qué mejor que protestar contra un gobierno que le otorgó beneficios y alegremente votar a quienes vienen hace décadas ahorcando a los que menos tienen… Casi tan irreal como ver a Mary Kelly aplaudiendo a Jack el destripador. Y así estamos, volviendo casi a la normalidad de esta Sudamérica fatal.   

- Rodro Malamorte -

La ignorancia es una bendición (III)


En la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable. No sabemos porque no queremos saber.
Aldous Huxley

Normalmente, aceptamos la realidad como se nos presenta, ya sea en forma beneficiosa o amenazante. En muchas ocasiones no nos percatamos de nuestra capacidad como agentes de cambio ni como “diagramadores” de nuestras vidas. El percibir esto de forma conciente nos ubica, inevitablemente, ante una responsabilidad trascendental: la de tomar decisiones que afecten el devenir propio y del entorno. Cuando surgen periodos confusos, agobiantes y desesperanzadores tendemos a afrontar la realidad en forma pasiva, es decir, no accionando directamente sobre ella, sino mas bien, recibiendo y analizando la información que nos llega de fuera y esperando, muchas veces, la resolución mágica a nuestros problemas. Este estado genera procesos de sugestión que provocan una influencia sobre la manera de pensar o de actuar, anulado la voluntad y llevándonos a obrar de una forma determinada.
Los desenlaces mágicos, lo sobrenatural, son áreas que desconocemos y, por lo tanto, nos provocan miedo. ¿Miedo ante qué? A lo desconocido, a aquello que no podemos manipular y aquello que escapa de la enseñanza formal y compartida. Una suerte de magia que ejerce ante los sentidos un efecto maravilloso e inexplicable, a la cual, sumada al hermetismo y a no estar gobernada por leyes naturales, categorizamos como “oculta”. Y es justo cuando llegamos a ese punto del “todo vale”.
¿Qué es el efecto Forer?
El efecto Forer, conocido también como el efecto Barnum, ocurre cuando una persona acepta como válida una aseveración acerca de sí misma, pues creen que proviene de una fuente confiable. En otras palabras, las personas son víctimas de la falacia de la validación personal, y aceptan como propias generalizaciones que pueden ser válidas para cualquier individuo.
El nombre de este efecto viene del psicólogo Bertram R. Forer, quien encontró que la mayoría de las personas aceptaban estas descripciones vagas como personales y acertadas, así que realizó un experimento en 1948, en el que entregó un grupo de afirmaciones a sus estudiantes como resultado de un test de personalidad y pidió que evaluaran sus resultados, afirmando si eran acertados. Lo que no sabían sus estudiantes es que todos tenían la misma hoja de resultados, que decía esto:

“Tienes necesidad de ser aceptado por los demás y buscas que te admiren, sin embargo, tiendes a ser muy crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades de personalidad, generalmente logras compensarlas. Tienes una capacidad increíble que no has convertido en tu ventaja. Disciplinado y autocontrolado en el exterior, tiendes a preocuparte y ser inseguro en tu interior. A veces tienes grandes dudas sobre si has tomado la decisión correcta o si has hecho lo adecuado. Prefieres cierta cantidad de cambio y variedad y te sientes insatisfecho cuando te acorralan las restricciones y limitaciones. También te enorgulleces de ser un pensador independiente, no aceptas lo que digan los demás sin pruebas satisfactorias. Pero has descubierto que es poco sabio ser muy franco y revelarte a ti mismo ante los otros. A veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que en otras ocasiones eres introvertido y reservado. Algunas de tus expectativa pueden ser más bien irreales.”

Forer pidió que calificaran la exactitud de los resultados en una escala de 0 a 5, donde el 5 significaba que el alumno sentía que los resultados eran excelentes y acertados, mientras que un 4 expresaba que los resultados habían sido buenos. El promedio de la evaluación de la clase fue de 4,26; es decir que consideraron que el resultado realmente definía sus personalidades, aunque Forer había tomado estas aseveraciones de una columna de astrología de una revista cualquiera.
La ´pregunta obligada es ¿Cómo funciona el efecto Forer? Bien, en realidad casi todos somos vulnerables a él, aún más cuando está relacionado a pseudo-ciencias como la astrología, grafología, lectura de auras y un largo etcétera. Una de las razones es que normalmente no hay nada en lo que puedas estar en desacuerdo con las afirmaciones, pues la mayoría te presentan dos opciones: “eres X, pero a veces eres Y”. Esto es lo suficientemente vago como para ajustarse prácticamente a cualquier ser humano. Si se le dice a alguien: “eres inteligente, pero a veces haces tonterías”, cualquier persona del mundo podría aceptar ese análisis como válido.
Otra de las razones por las cuales las personas pueden caer en el efecto Barnum es que éste resulta aún más potente cuando hace predicciones a futuro, pues ofrece un sentido de reafirmación y control de lo desconocido. A los seres humanos nos encanta la idea de control, así que estas predicciones nos ofrecen una ventana a lo que no podemos controlar, aún sin importar que esta ventana no sea muy transparente ni certera; pero por un breve espacio de tiempo sentimos que podemos saber lo que va a ocurrir y, por ende, evitarlo o cambiarlo.
Del mismo modo, el efecto Forer suele estar relacionado con el sesgo cognitivo de confirmación, y en parte debe su éxito a ello. El sesgo de confirmación ocurre, por ejemplo, al leer una predicción astrológica que confirma tus propias creencias. Por ejemplo, si nos estamos sintiendo un poco tristes o desanimados y el horóscopo dice que “vienen momentos complicados de los que saldrás airoso”, está confirmando lo que estas sintiendo y  te da la razón, ¿hay, acaso,  algo mejor que sentir que tenemos la razón?
Por divertido que parezca, el efecto Forer puede afectar la vida de las personas, que no sólo invertirán sumas astronómicas para que les saquen la carta astral, les lean la palma de la mano o la borra del café; sino que además pueden tomar decisiones importantes basados en el sesgo cognitivo que, lamentablemente, no suele ser un consejo sólido.
Las infinidades de técnicas que usan aquellas personas encargadas de realizar predicciones o técnicas de “mancia” -del griego: Adivinación- se llaman, genéricamente, "lecturas en frío".
Primero, en la lectura en frío, se aprovecha la inclinación que tenemos los seres humanos de extraer de una situación un significado mayor que el que tiene. Es decir, la persona intentará darle sentido a lo que se le diga. Segundo, el manipulador también aprovecha que la mayoría de nosotros tenemos tendencias egocéntricas y tendemos a vernos de una forma un tanto indulgente, con poca capacidad de autocrítica. Tercero, el manipulador usa también en su beneficio el hecho de que sus víctimas se acordarán más intensamente de sus "aciertos" que de sus errores. Cuarto, el manipulador ofrece generalidades aplicables a todos los seres humanos. Todos compartimos una enorme cantidad de características, todos sufrimos ante los problemas, todos tenemos proyectos no realizados, todos queremos amar y ser amados, todos tenemos profundas frustraciones.
Si este tipo de lectura en frío se realiza, además, en una "consulta" de un supuesto sanador, curandero, médico brujo, tarotista, astrólogo o cualquier otra actividad afín, la inocente persona que paga sentirá que esta ante un sujeto verdaderamente poderoso y no dudará en abandonar un tratamiento médico a cambio de placebos que pueden ocasionarle daños irreversibles.
Y esto no termina aquí, aun hay más. Están, también, las burdamente llamadas “señales corporales”. Es poco sabido, por el público en general que el iris se nos dilata cuando vemos algo que nos gusta y se contrae ante algo que nos disgusta, aún con las mismas condiciones de luz.  Esto lo redescubrieron y sistematizaron los neuropsicólogos en los años 70, al igual que lo referido al lenguaje corporal. Los buenos observadores de sus congéneres llevan milenios interpretando los sentimientos o emociones que hay detrás de ciertos actos, posturas, gestos, etc. La ciencia sólo ha confirmado los hechos y sistematizado su conocimiento.
Ahora bien, cabe preguntarse si existe alguna forma de quedar exentos de técnicas de manipulación, estadísticas, control mental, y coerciones varias. La respuesta es sí y no. No, porque, en ocasiones tendemos a desesperanzarnos y a razonar con nuestro juicio nublado, buscando salidas rápidas que nos provean un pequeño empujón para no angustiarnos. Por otro lado, sí podemos inmunizarnos y empoderarnos ante alguna manifestación de tipo mágica-fenoménica. ¿Cómo? Se dice por ahí que el conocimiento es poder, así que nada más al saber, leer, informarnos y compartir esa información puede prevenirnos de caer ante las trampas de las pseudo-ciencias y otras ilusiones.

MATT A. HARI



El pasillo de la vida (y la muerte)



Si las puertas de la percepción se depurasen,
todo aparecería a los hombre como realmente es: infinito.
Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver
todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.
William Blake –Las bodas del cielo y el infierno-

Los pasillos representan cosas trascendentales en nuestras vidas. Desde que nacemos, atravesando el túnel  materno que nos guía hacia la luz. Análogamente, cuando morimos recorremos un  tramo similar que también nos dirige hasta otra luz diferente, cerrando el círculo. En forma gráfica, la vida misma (o la forma en que la percibimos) toma su recorrido y se despliega ante nuestros ojos en la forma de un gran “corredor”.
Se llama pasillo a los espacios cuya función principal es la circulación; espacios que comunican diferentes habitaciones, “estares” o incluso diferentes elementos en una misma estancia. Por su naturaleza, los pasillos suelen tener una dimensión marcadamente más larga, correspondiente con el sentido de la circulación, y una más corta. Cuando la proporción entre largo y ancho no es tan marcada, el pasillo pasa a llamarse “hall” y puede ser utilizado, además, como zona de espera.
Un corredor posee una connotación popular que alude a una mayor amplitud y luminosidad. Un pasillo, en cambio, evoca más bien a algo estrecho, cerrado y oscuro, donde la opresión se encuentra presente y palpable. Sin embargo, todo pasillo/corredor posee una o varias aberturas hacia otras habitaciones. Nuestro paso por esta vida se da en una serie de hechos cronológicos que marcan hitos en la historia, o al menos en la nuestra. Cada hito puede ser representado por una puerta, la cual, a su vez, da lugar a una habitación que contiene las memorias y vivencias asociadas a él. Podemos entrar y salir de ellos mientras tengamos la capacidad para hacerlo, pero es en cierta forma inevitable retornar al pasillo y continuar nuestro recorrido. Si es hacia adelante, hacia atrás, o si simplemente nos dedicaremos a la quietud contemplativa, depende de las circunstancias. Cada habitación corresponderá a un recuerdo, una vivencia, una oportunidad o simplemente una pérdida de tiempo, pero a la vez irá conformando el laberinto de pasadizos en el que tendremos que buscar nuestro devenir. Alude, también, a las idas y vueltas, a las distintas velocidades que empleamos para trasladarnos de un lado a otro.
Pero el recorrido puede no ser tan fácil y los accesos tan simples. Quizá las puertas estén cerradas, trabadas desde adentro u obstaculizadas por el mobiliario de recuerdos e imágenes. Nuestra función es convertirnos en “cerrajeros” y en desarrollar llaves que nos permitan el acceso a esas otras realidades, ya sea de forma simbólica, abstracta o literal. Las nuevas formas de percibir esas realidades nos acompañaran de vuelta al pasillo y servirán de ayuda para enfrentar nuevos desafíos e inconvenientes. La excepción a la regla la marca el pasillo denominado “Corredor de la muerte”, nombre que se le da a la celda de los condenados a la pena capital, a menudo es una sección de una prisión, donde se encuentran las celdas de los individuos que esperan la ejecución. En él, no hay salidas, puertas mágicas ni posibilidad de desenlaces. El recorrido es sólo uno. La analogía entre este pasillo y el túnel de luz que recorremos antes de morir nunca fue tan clara.
¿Quién  duda de la importancia de una llave y las puertas en nuestras vidas? Las usamos en todo momento, muchas veces sin reparar en ello: para proteger nuestros hogares, nuestras posesiones, secretos  y hasta incluso para simbolizar los vínculos de amor. Las llaves son a lo que más cuidado ponemos a evitar que se extravíen, aunque por alguna razón inexplicable suelen estar desaparecidas con mucha frecuencia. Solo con ver una llave, ya podemos hacernos a la idea de la magnitud del bien que estamos intentando proteger o acceder. Pocas veces nos detenemos a pensar en ellas, pero las llaves y cerraduras tienen la capacidad de darnos pistas acerca de la evolución de nuestras vidas y de la importancia que han tenido distintos eventos para cada uno de nosotros. Lamentablemente, no las poseemos todas. No. Ni siquiera aquella que funcione como ganzúa o “llave madre” y que nos permita la libre entrada o salida. Peor aún, en muchas ocasiones otras personas tienen en su poder las llaves que necesitamos.
Las habitaciones que visitemos nos irán forjando como individuos, brindándonos herramientas a veces y otras poniéndonos obstáculos. Algunas de sus puertas las dejaremos abiertas, algunas las cerraremos  y en otras fantasearemos poder controlar los efectos que endilguen sobre nosotros, negando su existencia o escondiendo su verdadero significado. Y quizá una vez que se termine nuestro tiempo terreno también continuemos transitando nuevos pasillos, con novedades generosas y quizá también con fantasmas que demanden la retribución respectiva por nuestros errores.
La meta es el camino, dicen; y podemos correr pero no llegar a ningún lado, como reza una vieja canción, pero lo importante e inevitable quizá sea seguir moviéndonos.

-Matt A. Hari-


El pragmatismo del amor post desengaño.






La concepción del amor es tan variable tanto a nivel social como a nivel individual, pasamos de creer en el amor como algo cuasi utópico a encontrarle una vuelta de tuerca a medida que el tiempo pasa y las experiencias se acumulan. Lo que empieza siendo un gran sentimiento de felicidad, se transforma en un contínuo replanteo de ideas. 

Ante todo, la pregunta básica que dispara cualquier tipo de planteamiento: ¿qué es el amor? A partir de ahí, empieza a redefinirse el todo. ¿Creo yo en ese tipo de amor? ¿Soy capaz de amar del modo en el que creo? ¿Estoy dispuesto a estar con personas que no tienen el mismo concepto de amor?

¿Cómo se pasa de ese amor adolescente en el cual se cree en la felicidad y fidelidad eternas a un amor más libre de preconceptos y ataduras? Desengaño, la puesta en escena de la realidad contrastando con la tesis. Y así, poco a poco, esa ensoñación perfecta da paso a lo que definimos como el pragmatismo del amor. 

¿En qué consiste ese ideal? En cuestionarse la visión social del amor. Todos amamos de diferente forma, pero hay instalado en el inconsciente de la sociedad un ideal que dice que estar en pareja es la proyección total del amor, la felicidad plena. Y tal vez no sea así, tal vez las cosas sean distintas a lo que se cree. 

Hay una percepción diferente, en la cual el amor o la relación de pareja se torna un poco más realista y menos idílica. Esa percepción contempla que dos personas no están juntas por una cuestión químicamente sentimental que los hace inseparables, sino porque se comprenden más allá de los peros. Es decir, no estamos en pareja por creer ciegamente en el amor hacia alguien, sino porque emprendemos juntos un viaje que tiene que ver con cuestiones más realistas que sentimentales.

Ese pragmatismo proviene de la cantidad de veces que por amor negamos los defectos o vicios de la otra persona en pos de seguir el camino junto a la persona que creemos amar. Pero cuidado, cuanto más se quiere a una persona, más deberíamos ser capaces de ver lo malo en ella. El paso siguiente es el cénit del pragmatismo: ¿estoy dispuesto a dejar de lado el amor si esa persona no era tal cual yo creía, o prefiero obviar lo malo en función de seguir en una relación que sé que no es lo que lo deseo? 

Ahí es cuando comprendemos que muchas veces, el amor es una excusa para enceguecernos y no poder ver más allá de los sentimientos. Quizá el amor no sea ese ideal en el cual hay llantos, gozos, placer, sentimientos desbordantes y un final doloroso, sino que sea simplemente aprender a caminar junto a alguien en un camino individual y compartido, con cosas en común y un plan de vida, despojado de un sentimentalismo de pacotilla que termina ridiculizando el verdadero sentido de una relación de pareja.
Sería interesante probar qué se siente, ¿estás dispuesto a intentarlo?


- Rodro Malamorte - 

Los Andes “Obras cumbres” o la quimera hecha canción.

Todo amante de la música sabe con certeza lo difícil que es escribir una buena canción. Y cuando me refiero a ello no solo hablo de pe...