Redundante


Se lo dije alguna vez y se lo vuelvo a decir (…) sin que se le haga complejo; no quiero darle consejos, solo mostrarle un sentir.
José Larralde

Si las personas se apersonaran personalmente para personificar sus fantasías, no fantasearían con fantásticos fantasios. O Si nuestras causas causaran casualidades, lo causal no causaría hechos casuísticos, no dependeríamos de dependientes, no desearíamos deseos diversos.
El desear no nos hace desiderativos, es el deseo por el deseo mismo. El deseo como finalidad no tiene fin, es infinito, más no nuestro final que finaliza y finiquita, finito.
Ser lo que se fue continúa en el ser que somos, por ende, fue, es y será lo que deba ser y lo que, nunca llegue a ser, por algo no hubo sido
Porque ahogar el sofoco y la falta de aire, respirar la inspiración aspirando el suspiro, exhalando el hálito, como el hábito de expirar aquello que nos inspira, a veces no da respiro.
Nunca supimos cómo saber lo que los sabios saben, y de saberlo no sabríamos cómo saber aplicar nuestra sabiduría; ergo, no se es lo se dice, se es lo que se hace.
La fantasía infinita en el deseo del saber ser, y  el tiempo, como esa ley inapelable que corre en contra nuestro.


-Matt A. Hari-

Carpe Diem


Un padre le confiesa a su hijo (que está entrando en la adultez) un antiguo secreto: en su familia, los varones tienen el poder de viajar hacia atrás en el tiempo. Para ello sólo deben elegir una escena del pasado, meterse en un lugar oscuro (cuarto, placard, etc.) cerrar los ojos y apretar los puños. Hay una sola condición para que ello ocurra: mantener el secreto, no contárselo a las mujeres. Y algo más: una vez que uno se convierte en padre no puede regresar a una escena anterior al nacimiento de su hijo.

Sobre este dato se desarrolla la película “About time”, dirigida por Richard Curtis. La película muestra las idas y venidas amorosas del hijo, la conmovedora relación entre él y su padre y el modo en que se cumplen los ciclos de la vida. Cuando va a ser padre a su vez, el hijo se lamenta por todos aquellos momentos a los que ya no podrá regresar, y entonces recibe un póstumo mensaje paterno: “De ahora en más enfrentá cada día como si sólo fueras a vivirlo una vez o como si ya lo hubieras vivido y ahora lo estuvieras corrigiendo para hacerlo perfecto. Abordalo así hasta en los más pequeños detalles”.

Esta película conecta con una idea que el psicólogo del comportamiento Daniel Kahneman desarrolla en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”. Según Kahneman, conviven en nosotros un Yo que experimenta y un Yo que recuerda. El primero vive en tiempo real, atraviesa en vivo y en directo cada una de nuestras experiencias vitales. El segundo es el que las rememora y las relata. El Yo que experimenta está siempre presente y es silencioso. El que recuerda aparece una vez que las cosas han pasado y tiene voz.  El que experimenta vive en el tiempo, minuto a minuto. El que recuerda elimina el factor tiempo, hace montajes con diferentes escenas, rompe las secuencias de los acontecimientos, descarta muchos de ellos, les da a otros una relevancia de la que carecieron en el momento de la experiencia. El Yo que recuerda nos lleva a decir, por ejemplo, que fuimos muy felices en determinada época de la vida, y para ratificarlo elimina totalmente los momentos de angustia, frustración, dolor o tristeza que pudimos haber vivido en esa misma época. De la misma manera puede hacernos decir que tal o cual fue el peor momento de nuestra vida, dejando afuera los episodios alegres, divertidos o reconfortantes que quizás matizaban nuestra tristeza. El Yo que recuerda toma escenas aisladas de nuestras vivencias y las convierte en una totalidad, sin atenuantes.

El Yo que experimenta y el que recuerda nunca coinciden en el tiempo, siempre se suceden y lo hacen en el orden nombrado. Si el que experimenta tuviera voz y pudiera irrumpir en medio del relato del que recuerda, posiblemente muchas veces tendrían acaloradas discusiones. Ni para bien ni para mal las cosas suelen ser como las recordamos. De algún modo quedamos encriptados en la narrativa de nuestras vidas.
La película “About time” propone ir del Yo que recuerda al Yo que experimenta, al revés de lo que habitualmente ocurre. Quizás si se nos otorgara a todos la facultad de los protagonistas de regresar en el tiempo, nos llevaríamos unas cuantas sorpresas, algunas agradables y otras decepcionantes. Veríamos que algunos dolores no fueron tan excluyentes como el Yo que recuerda los cuenta, y que algunas alegrías no resultaron tan burbujeantes como ese Yo nos dice.

¿Qué hacer, entonces? Lo que el sabio padre le dice al hijo. Vivir cada día como si ya lo hubiéramos vivido y convertirlo esta vez en el mejor día posible, porque ya no volveremos a él. Si se quiere, se trata de restarle un poco de espacio al Yo que recuerda, para no vivir mirando siempre hacia atrás, y cedérselo al Yo que experimenta, esto es al tiempo presente, a lo que de veras nos está ocurriendo, a lo que estamos sintiendo ahora (no a lo que creemos haber sentido ayer o imaginamos que sentiremos mañana), a lo que hacemos hoy y a cómo lo hacemos. Toda emoción, todo sentimiento, toda idea que se plasma en su tiempo real (el presente), nos deja libres para lo que la vida nos depare. De lo contrario nos perdemos en lamentos, ilusiones, confusiones, creencias, ensoñaciones y fantasías a las que el Yo recuerda es muy aficionado. Todo esto ya lo sabía el inmortal poeta latino Horacio cuando, en el siglo I antes de Cristo, acuñó su inspirado e inmortal Carpe Diem: cultiva el día.

- Rodro Malamorte - 

Lo que se ve no es lo real


Llevo tanto tiempo mirando esas fotografías, que casi creo que son reales

Robert Smith  - Pictures of you-

Uno de estos primeros daguerrotipos tomado en 1839 por Louis Daguerre “Boulevard du Temple, Paris”, muestra el citado boulevard  a las ocho de la mañana. En esa hora la calle era un autentico hervidero de gente yendo de aquí para allá a toda prisa, pero, como se puede observar, la calle parece desierta. ¿Y dónde está toda la gente? Pues sencillamente, como se movían no salieron en la foto. Sin embargo, tal como las nervaduras de una hoja contienen la estructura del árbol del cual se desprenden, no todo es lo que parece. Un solo ser humano se yergue en la instantánea. ¿Qué lo hace distinto? ¿Qué representa su soledad? ¿Cómo, dónde, por qué y cuándo?
Una foto detiene e inmortaliza un momento en el tiempo; dota de sentido un recuerdo y activa los sentimientos asociados a ellos. Nos hace inmortales pero a la vez perecederos.  Somos los actores principales o el fondo decorativo y no depende del fotógrafo este recorte. El observador completa la imagen y le otorga sentido convirtiendo cada fotografía en miles de fotos distintas.
Todo se mueve y el simple reflejo de la realidad revela todo menos la realidad misma. Miramos pero no podemos verlo todo, registramos todo pero no alcanzamos a almacenarlo, recordamos pero apenas algunas cosas y las demás las… distorsionamos. Algo análogo sucede con la fotografía, captura pero solo unos cuantos fragmentos, registra pero no hay manera de guardar todas las imágenes del mundo y mucho menos de recordarlas todas; y al final, nunca estaremos realmente seguros de que lo plasmado en la imagen es o fue, lo que parece ser.

Al querer inmortalizar un momento de la realidad no hacemos más que sacrificar de forma altruista el tiempo de nuestra vida. Con cada imagen que dejamos o cada palabra que escribimos estamos donando fuerza vital en pos de la trascendencia. A su vez, la realidad se encuentra en esa quimera inalcanzable que descansa entre lo que se ve y lo que no se ve, manifestándose de manera errante e itinerante en chispazos de creación y arte. El intersticio de lo real no se nos presenta de manera simple y accesible. No obstante, la obra representa un legado y una huella en la historia, la cual, como dijimos, se paga con el bien más preciado, más intangible y más ignorado de todos: el tiempo.
La cronología nos permite datar los momentos en los que ocurren determinados hechos o procesos;  en una línea de tiempo se puede representar gráficamente los momentos históricos en puntos y los procesos en segmentos. Quizá por eso en la imagen de Daguerre las personas, animales y carruajes no quedaron plasmados como puntos, sino como procesos.
El ser humano ha buscado siempre los límites de lo más lejano, lo más pequeño, y lo más veloz. En la frontera de lo ultrapequeño y lo ultrarápido, la tecnología está transformando nuestro conocimiento de los componentes más básicos de la materia y de la vida: los átomos, las células, las partículas. Cada vez está más cerca la posibilidad de actuar en las dimensiones infinitesimales en las que los ciclos vitales se desenvuelven.  Y esto, también, se convertirá en otra foto, que marcará un destello en el tiempo, frágil e irreverente, enseñándonos nuevamente que el tiempo pasa inexorablemente para todos, y no podemos detenerlo.
¿Y el hombre de la foto? Detenido en lugar y tiempo, trascendió a la totalidad de imágenes que recopiló en su historia. Aunque eso, hoy, ya no importe.

 -MATT A. HARI-


Donde van las horas que no vivimos





Es divertido cómo vuela el tiempo
Tears for fears -Head over heels-


Cada año, cuando se aproxima el momento del cambio de hora, surgen varios estudios de quienes manifiestan lo mal que sientan esos cambios en ancianos y bebés. Más allá de los mínimos factores que pudieran perjudicar a determinadas personas,  el valor psicológico, el valor energético (para aprovechar las horas de luz en horario productivo) y el clima son variables de peso que debieran contrarrestar de sobra los ímpetus de quienes se oponen al cambio.
Una  descompensación análoga ocurre al viajar a algún país lejano y se lo denomina Jet lag –Disritmia circadiana o síndrome de los husos horarios- . La fatiga y la confusión son síntomas característicos de este cuadro y se produce porque el reloj interno que marca los ciclos de sueño y de vigilia se desequilibra.  Hasta aquí no se visualiza nada nuevo más que refrescar conceptos sabidos o de fácil acceso. Ahora bien, y volviendo a nuestra rutina diaria,  ¿no nos ocurre que de lunes a viernes nos acostumbramos a madrugar y luego no se “aprovechan” los fines de semana porque se nos van las dos mañanas durmiendo? Pues bien, no se trata de vagancia ni de negación, ya que esa información se encontraría escrita en nuestros genes. Según el biólogo alemán Till Roenneberg, los seres humanos nos podríamos diferenciar por ser alondras o búhos ya que, según estudios de sueño,  tendemos a alcanzar el nivel óptimo de actividad o bien en las primeras horas del día o bien en las últimas. Un claro ejemplo de esto es el pensar cuál es la mejor hora para comer, dormir o incluso tener sexo. De acuerdo a sus investigaciones, la mayoría de las personas tenemos genes búhos, y el problema radicaría en que vivimos en sociedades alondras en las que se nos obliga a levantarnos muy temprano y adelantar, por ende,  nuestros ritmos internos. Algo así como un jet lag, pero social.
Sin embargo, esto podría no ser tan así. En realidad es la intensidad lumínica la que regula nuestros ciclos vitales (la melatonina, para ser más precisos, es la hormona encargada de organizar este proceso) y  pasamos un buen tiempo encerrados en “jaulas” - u oficinas- en las que vemos apenas la luz solar pero no dejamos de estar constantemente iluminados durante toda la jornada. Por consiguiente, esto simularía vivir en un crepúsculo constante en el que se dificulta distinguir el día de la noche. Cabe aclarar que se debe tener en cuenta el huso horario donde nos situemos. Varios países comparten los mismos husos horarios pero no amanece ni anochece a la misma hora. Es por esto que cada cultura crea su propio horario social, adecuándonos al horario solar y, por ende, cada individuo a éste.
Pese a que nuestro planeta tierra se encuentra dividido por los 24 husos horarios siguiendo la definición de tiempo cronométrico desde la línea imaginaria de Greenwich – en Londres-, el pasaje de un día al otro se determina por la línea internacional de cambio de fecha, ubicada en el meridiano 180° sobre el océano pacifico. Y es aquí donde las cosas se tornan un poco difusas.
Sobre esta latitud, hay un lugar en el que los territorios de los Estados Unidos y Rusia están a menos de 4 km. de distancia, pero separados por una fecha. Son las remotas y poco conocidas islas Diómedes, en el Estrecho de Bering,  ocupando el espacio marítimo que separa Alaska del extremo oriental de Asia. Fue ese lugar el que, teóricamente, sirvió de paso a los primeros pobladores del continente americano ya que, al congelarse las aguas durante el invierno, ambos continentes quedan unidos por un lapso considerable de tiempo permitiendo su paso a pie.  Las islas conocidas como Gran Diómedes y Pequeña Diómedes  están separadas por un estrecho de 3.700 metros, pero lo curioso es que la Gran Diómedes es el punto más al Este de Rusia, y la Pequeña Diómedes es el más al Oeste de los Estados Unidos.
Durante la Guerra Fría, los nativos de las islas -antes de las colonizaciones rusa y americana- tenían prohibido circular entre ellas, e incluso intercambiar cualquier tipo de información, en un área que llegó a llamarse "telón de hielo”. Una vez finalizada la guerra, todos los nativos de la isla rusa fueron trasladados al continente, y el archipiélago quedó con sólo un pequeño poblado en la isla americana. Este pueblo tiene en la actualidad unos 170 habitantes.
Hecha la aclaración geográfica, y recordando que la línea imaginaria del cambio de fecha se encuentra entre ellas, sucede la particularidad que desde la Pequeña Diómedes miran al mañana y desde la Grande, al ayer. La diferencia horaria oficial entre ambas es de 21 horas, de manera que cuando en el lado ruso son las doce del mediodía, cuatro kilómetros al Este son las tres de la tarde del día anterior. En realidad, la hora solar en ambas islas es exactamente la misma, pero ese trozo de océano se convierte en el único lugar del mundo en el que se puede cruzar a pie de ayer a hoy y de hoy a mañana. Irónicamente, los 115 habitantes de la Pequeña Diomedes siempre tienen la certeza de que el mundo no se va a acabar mañana, básicamente porque en la isla del frente ya es mañana y aún sigue ahí.
Cuenta la leyenda que aquí se encuentra ubicada una oficina que recibe reclamos acerca de los altercados con el  tiempo que viven las personas. Consultas sobre Lapsus de tiempo, aburrimientos, desmayos, estados de coma, hipnosis, viajes astrales, jet lags, y un largo etc., se dan lugar ante los empleados, quienes cotejan esa información con un comité especializado, determinando en caso de producida una anomalía, un resarcimiento simbólico de las horas perdidas ofreciendo a los damnificados pasar el tiempo perdido vagando por los confines de las islas hasta recuperarlo.
Ahora bien, dado que la representación del tiempo respondería a parámetros subjetivos y los sistemas de medición horaria serían meras convenciones sociales, no seríamos realmente dueños de la totalidad del tiempo que vivimos a lo largo de nuestras vidas. Eso sí: tampoco lo reclamamos. Simplemente, nos acostumbramos.

-Matt A. Hari-

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De bálsamos y venenos (O el impacto social de las drogas)





Nicotina, Valium, Vicodina, marihuana, éxtasis y alcohol... Cocaína.
Josh Homme -Fell good (Hit of the summer)


No tenemos ni idea sobre drogas. No quieren que la tengamos. Tanto es así que la clave sobre las sustancias ilegales nos la tiene que dar una rata saturada de cocaína.

Adicción

Hace 100 años que la cocaína u opiáceos como la heroína se declararon ilegales. ¿Qué problema tienen los gobiernos con el hecho de que las personas consuman drogas? ¿Por qué son ilegales?
Cuando pensamos en la droga que más conocemos, el alcohol, vemos claro que de las personas que la consumen en un bar, el 90% lo hace para sentirse mejor. Les ayuda a relajarse, conocer gente y divertirse. Por supuesto en el bar también hay un pequeño porcentaje de alcohólicos, que necesitan amor y cuidados.
Las drogas están prohibidas porque mucha gente cree que si se levantase la veda, veríamos muchísimos más adictos. Que veríamos niños drogándose. Es un sentimiento perfectamente comprensible, solo que las experiencias en países en los que se han despenalizado muestran que esto no es así.
Defendemos que la adicción a la droga no funciona como pensamos que lo hace.
Pensamos que la adicción la causan los componentes químicos de las drogas, pero no es así. Si te rompes la cadera y te llevan al hospital, puede que te den un tratamiento con diamorfina, que es heroína purificada usada como analgésico farmacéutico. Es un opiáceo mucho más potente que la heroína que se puede comprar en la calle, porque no está adulterado. Es decir, que si a nuestra abuela la operan de la cadera le van a dar heroína. Lisa y llanamente.
Sí. Pero lo importante es que si la teoría farmacológica de la adicción –aquella que dice que su única causa es química– fuera cierta, nuestra abuela se convertiría en adicta a la heroína.
El psicólogo canadiense Bruce Alexander  explicó una vez que la teoría clásica de la adicción viene de un experimento con una rata. A principios de siglo pasado se encerró a una rata en una jaula con dos recipientes de agua. Uno contenía agua corriente. El otro agua con cocaína. La rata prefería siempre la bebida con droga y se mataba de una sobredosis rápidamente.
Décadas después, Alexander pensó: “la rata solo tiene dos opciones”. Construyó una jaula a la que llamó Rat Park. Ahí, la rata tenía un montón de comida, bolas de colores y otras ratas de las que hacerse amiga, jugar y con quien tener sexo. Contempló fascinado cómo las ratas ignoraban olímpicamente el agua con droga.
La adicción no la causa la química de las drogas. La causa el aislamiento, la infelicidad y la desconexión del adicto con su entorno. No son las drogas, es tu jaula. Las drogas, por el contrario, son sólo una adaptación al medio.

Vietnam es otro ejemplo. Allí los soldados norteamericanos usaron heroína. El gobierno tenía miedo de que cuando volviesen el país se llenase de adictos.
Exacto. Hay estudios que hablan de que el 95% de ellos dejaron de usarla. Ni siquiera necesitaron rehabilitación. Si te sacan de una jungla hostil donde tienes que matar para no morir y vuelves a tu casa de Kansas con tu familia es casi como si te ponen en el Rat Park. Lo que querés es estar presente en tu vida real, no querés estar drogado.
Los indios nativos americanos son otro ejemplo. Sus tierras fueron invadidas y la gran mayoría fueron aniquilados. Muchos de los supervivientes, traumatizados y encerrados en reservas, se convirtieron en alcohólicos.
Lo contrario de la adicción no es la sobriedad, es la conexión. Durante un siglo hemos estado lanzando gritos de guerra a los adictos. Quizá sea hora de abrazarlos y cantarles canciones de amor.

Guerra

Hablemos de la guerra contra las drogas. Hoy vemos el crack como veían la ginebra en el siglo XVIII.  Totalmente. En aquella época veían la ginebra como una droga demoníaca que secuestraba el cerebro de la gente. Lo que pasaba es que muchos de los que bebían tanto vivían en arrabales miserables y tenían vidas sin porvenir alguno. La ginebra, la droga en definitiva, no era causa de ninguna crisis, sino su síntoma.
¿Y de dónde viene esta psicosis?
De Harry Anslinger, el hombre que creó la Oficina Federal de Narcóticos en EE.UU. en 1930. Él promovió la guerra contra las drogas tal y como la conocemos con dos firmes prejuicios: odiaba a los adictos y a los negros. La cantante de jazz Billie Holiday, que reunía las dos cualidades odiadas por Anslinger, fue una de las primeras víctimas de esta persecución.
 Podríamos decir que el bueno de Anslinger era un buen surfista,  pero necesitaba una buena ola. Y esa ola era el miedo de los ciudadanos a negros y adictos. Aquello, junto a cierta fobia a la libertad humana más radical, fue el comienzo de la cruzada prohibicionista.
La guerra contra la droga crea una inmensa violencia. Por ejemplo, si alguien roba alcohol en un negocio, llamarán a la policía. El dueño del negocio no necesita ser violento. Si intentas robarle cocaína a tu dealer, este no puede recurrir a la ley. Quien maneja grandes cantidades de droga no puede permitirse pelear cada día, así que tiene que intimidar, ser muy duro, para que nadie le derribe el negocio.
La guerra contra las drogas crea una guerra por las drogas.
Si matas no solo a tus rivales, sino a sus esposas embarazadas, tienes una ventaja competitiva en ese negocio. Si además lo subes a YouTube, la ventaja es mayor. Si además les cortas la cara a tus rivales y la coses a una pelota de fútbol que mandas a su familia, la ventaja es aún mayor. Estos hechos verídicos y horribles, pero que responden a estrategias empresariales, son los que genera la prohibición.
No hay trabajadores de Budweiser matando a trabajadores de Heineken. Cuando se acabe la prohibición, se acaba la violencia.

Legalización

En países como México o hace unos años Colombia el narcotráfico ha puesto en peligro la viabilidad del mismísimo estado. ¿Por qué los gobiernos no legalizan las drogas? ¿A qué le temen?
Esos gobiernos tienen miedo de dos fuerzas. Una es la opinión pública del país. La gente corriente le tiene miedo a lo que las drogas representan.
Sin embargo, hay otro miedo mucho más potente. El que le tienen esos países al gobierno de EE.UU. Cuando un país latinoamericano intenta cambiar las leyes sobre narcóticos, EE.UU. amenaza su comercio y condiciona sus ayudas. Por eso tiene tanto mérito el desafío de Pepe Mujica en Uruguay legalizando la marihuana.
Quizá el modelo que sirva de base en un futuro es la despenalización de 2001 en Portugal...
Portugal tenía un problema gravísimo en el año 2000. Un 1% de su población era adicta a la heroína. Hartos de ver cómo el número aumentaba, decidieron probar la despenalización y destinar el dinero que el Estado gastaba en encarcelar a los adictos a reconectarlos a la sociedad mediante terapias y asistencia.
Dieron subvenciones a las empresas que les contratasen, e incluso préstamos a los adictos para que pusieran en marcha negocios. El objetivo era que tuvieran un motivo, que no fuera la droga, por el que levantarse cada mañana. Quince años después, según confirma el British Journal of Criminology, el número de heroinómanos en Portugal ha caído un 50%. El consumo de droga del país está por debajo de la media de la Unión Europea. Las sobredosis han caído sensiblemente y los casos de HIV entre adictos han pasado del 52 al 20%.
Parece evidente que una solución basada en el amor y la compasión funciona mejor que una de estigma y castigo.
Es importante diferenciar entre despenalización y legalización.
Sí, la despenalización deja de castigar a los consumidores pero a la vez les empuja a recurrir a bandas criminales para comprar la sustancia. La legalización es un marco en el que puedes comprar la droga por vías totalmente permitidas y en establecimientos regulados como pueda ser una farmacia. Entonces: ¿despenalización o legalización?
La despenalización es un paso adelante pero no detiene la violencia que causa la prohibición. La legalización sí. Las drogas. actualemente, están controladas por grupos armados y violentos.
Ahora y pensándolo bien: cualquier opción legal es mejor que eso ¿no?

-Matt A. Hari-



Los desconocidos de siempre




Si quieres ser un héroe, vamos, solo sígueme.


John Lennon -Working class hero-


La función de un líder es, según la afirmación científica, la de guiar emocionalmente a aquellas personas que representa. Las características de un líder han sido harto estudiadas a lo largo de la historia, otorgándole en ocasiones un origen divino, de personalidad, habilidades innatas o adquiridas, sumada a ese factor de “suerte” que consiste en la sincronía de estar en el lugar y en el momento adecuado para encarnar esa posición. 

Muchas veces las mencionadas cualidades funcionan como una cortina de humo ante los verdaderos cambios subyacentes que generan el terreno fértil para la formación de un movimiento social con una figura diferenciada que lo represente y dirija. 
Es cierto que en un primer momento para lograr un gran liderazgo se debe tener el suficiente coraje y desparpajo para enfrentarse ante una multitud y no tener miedo a hacer el ridículo. Pero, además de su desinhibición, el líder debe poder realizar una acción sencilla, fácil de imitar y tan simple que llame la atención del resto apelando a emociones básicas, claramente diferenciables y de simple llegada. 

Todo claro y conciso hasta aquí, salvo por un detalle imperceptible en casi todos los ejemplos citables. Entre este primer momento y la consumación de un movimiento organizado ocurre un hecho definitorio y crucial: la aparición del primer seguidor.
El primer seguidor muestra al resto -mediante identificación, imitación e idolatría- cómo seguir al líder. Éste, por su parte, trata de igual a igual a su primer admirador aceptándolo como par, por lo que ya no se trata de un loco aislado: ahora son Ellos.
Acto seguido, el primer discípulo insta a otros para que se unan al movimiento; alcanzando un logro que requiere también mucha valentía dado que se expone a la vista de todos y se enfrenta al ridículo. Por ende, Ser el primero en seguir a un líder es también una forma de liderazgo que por lo general se subestima. Expresado de forma clara: El primer seguidor transforma a un idealista solitario en un líder. Si el líder es el combustible, el primer seguidor es la chispa que inicia el fuego.
Para el resto, la llegada del segundo admirador-imitador representa otro momento decisivo, ya que es la prueba de que el primero está (o debería estar) haciendo algo bien. Ahora ya no se trata de un loco solitario, ni de dos ridículos. Tres son multitud y la multitud rápidamente se convierte en noticia. Los posibles nuevos discípulos, los que observan en la distancia necesitan ver a los seguidores más que al solitario líder, porque los nuevos adeptos emularán, por imitación, a los seguidores iniciales y no al líder. Ahora vienen 2 más, y luego 3, 4, 5…, exponencialmente se multiplica logrando el impulso necesario para alcanzar un punto de inflexión: La creación de un gran movimiento social.
A medida que más gente participa y se une, ser un fiel seguidor ya no resulta arriesgado. Si antes la mirada expectante se encontraba detrás de la barrera, ya no hay razón para seguir allí. No van a ser ridiculizados, no van a destacar, pero formarán parte del grupo. Durante el tiempo que siga, el resto preferirá ser parte de la multitud ya que ahora quedarían discriminados si no se unen a la mayoría. 

Concluyendo, podemos afirmar que el liderazgo está sobrevalorado. Cualquier movimiento social se gesta con una persona que cree firmemente en algo y convierte su visión en acción. Y aunque sea él quien más tarde se lleve todo el crédito, le debe todo su status de líder a ese primer valiente que acató y compartió su creencia desde el minuto cero.
Así que, la próxima vez que encuentres a un loco solitario haciendo algo distinto e innovador y tengas el coraje de ser la primera persona en seguirlo, quizá tenga otro sentido la famosa frase que reza “no sos vos, soy yo”.



-Matt A. Hari-



La urticaria del desamor





Desazón, decepción, pero quizá la peor sensación que se tiene cuando llega el desamor es esa cuestión casi imposible de resolver: ¿cómo se enfrenta el “después”? Cuando llega el final, todo es oscuro. Hay variantes, claro que las hay. Pero el desamor encierra tácitamente una cuestión lúdica que hace trizas el corazón, y tiene que ver con qué se hace con ese mundo que entre dos habían creado día a día. El futuro ya no llevará su nombre, el nombre de ella que tanto repite tu corazón. Pero el presente, que tanto hiere también día tras día, es lo que construirá ese futuro que hoy parece inalcanzable. Todos los recuerdos, ¿dónde se los deja? ¿Dónde archivar los sentimientos que nos provocan las canciones que escuchábamos juntos? ¿Cómo hacer para no romper en llanto al mirar hacia atrás? ¿De dónde se sacan fuerzas para “soltar”? Ese término tan simple pero que a la vez nos enfrenta al peor de los demonios: nosotros mismos, y nuestra incapacidad para ponerle un fin al final.

Esa pequeñez que nos cobija, ese ser ensimismado y lleno de temor, es quien somos cuando la brújula toma otro rumbo y ya no hay vuelta atrás. ¿De qué sirve llorar si ni siquiera un mar de lágrimas cambia lo que dos voluntades no pudieron? ¿Para qué recordar lo que pudo ser si los partidos los ganan los goles y no los merecimientos? Duele, claro que duele…

Pero hay algo que duele más que todos los finales telenovelescos que puedas recordar. Ese dolor tiene que ver con la imagen que a uno le queda guardada de la persona con la que compartiste el camino durante ese tiempo. Porque esa imagen también te devuelve algo tuyo, te devuelve una especie de evaluación acerca de si fue correcta o no tu elección. Y no hay nada peor que mirar hacia atrás y sentir la desilusión de ver que la persona que caminó con vos fue en verdad una ilusión de tu propia mente. Como bien dicen por ahí, uno ve lo que quiere ver. A veces, idealizamos a las personas sin darnos cuenta.

Entonces, ¿de qué sirve realmente el amor? Caminar con alguien, inventarse un mundo que a la larga sabes que vas a tener que desarmar. ¿Somos tan masoquistas que aún sabiendo que vamos a tener que destruirlo, nos embarcamos en la construcción de un mundo con cada persona a la que amamos? Es que tal vez en esencia, el ser humano tenga un doble juego de cuestiones inherentes: por un lado, la imposibilidad de decirle que no al amor, y por el otro lado la conciencia de que ese amor nos va a terminar lastimando.

Así como nos encantan los ramos de flores a pesar de que sabemos que se marchitarán, también amamos por inercia, aún sabiendo que al final ese amor nos va a doler en el alma. 

Tan imperfectos, tan solos, tan humanos…   



-Rodro Malamorte-

La ignorancia es una bendición (II)




Te romperás la cabeza, pero no hay nada dentro
Y te preguntarás a ti mismo:
¿Dónde está mi mente?

"Where is my mind?"
(Pixies)

En la década del 40, se realizó en una penitenciaría de Phoenix, Arizona, un experimento científico con un interno afroamericano condenado a la pena capital por la violación de tres mujeres, una de ellas seguida de muerte.  Un médico quiso demostrar una teoría acerca del alcance de la sugestión en humanos y su influencia en la percepción. Una vez solicitadas la aquiescencia del condenado, la autorización Estatal del propio gobernador y de la familia del acusado -pues se pensó que una persona sentenciada a  la pena de muerte no estaba en sus cabales para discernir adecuadamente los alcances de una prueba científica de este tenor-, se acordó llevar a cabo el experimento.
La prueba consistió en lo siguiente: se le propuso al condenado sustituir la muerte en la silla eléctrica por un nuevo método, en el cual se le haría un pequeño corte en la vena de la muñeca, lo suficiente para que drenara su sangre hasta la última gota. Había, pese a todo, una ventaja:   existía la posibilidad de sobrevivir en caso de que la sangre se coagulara. Si eso sucediera, se revisaría el fallo de la corte y cumpliría su condena sin pena de muerte.  En caso contrario, fallecería por pérdida de sangre, es decir, equivaldría a una muerte sin sufrimiento ni dolor. El condenado aceptó, dada la viabilidad de la propuesta y las posibilidades de sobrevivir.
El interno fue colocado en una cama y atado para que no pudiera moverse. Le hicieron observar cómo realizaron un pequeño corte en su muñeca, y debajo de ella se colocó una vasija de aluminio. Se le dijo que oiría su sangre gotear en la vasija. Lo que no sabía él, es que el corte había sido superficial y que no había alcanzado ninguna arteria o vena de importancia, pero sí fue lo suficientemente profundo cómo para que él lo notara. Sin que lo supiera, debajo de la cama había un frasco de suero con una pequeña válvula. Al hacer el corte se había abierto la válvula del frasco para que el condenado creyese que era su sangre, pero en verdad era el suero lo que se oía gotear en el recipiente. Cada diez minutos, el médico, sin que el interno lo viera, cerraba un poco más la válvula del suero y el goteo iba disminuyendo.
El condenado, al tener conocimiento parcial de la situación, creía que era su sangre la que estaba disminuyendo. Con el paso del tiempo, el hombre fue perdiendo el color, poniéndose cada vez más pálido. Cuando el científico cerró por completo la válvula del suero, el sujeto sufrió una descompensación y tuvo un paro cardíaco, falleciendo unos segundos después.  Todo esto sin una pérdida significativa de sangre. El científico consiguió probar que la mente humana cumple, al pie de la letra, todo lo que le es enviado y es aceptado por el individuo, sea esto positivo o negativo. Y tal aceptación incluye al organismo en su totalidad, tanto la parte orgánica como psicológica.

¿Es capaz nuestra mente de jugarnos tan mala pasada?


-Matt A. Hari-

El miedo es el asesino de la mente (y del cerebro) -I-

(Foto: Gastón Marin / https://www.flickr.com/photos/gmarin/)

Mi cerebro es la clave que define mi mente libre
Harry Houdini
El cambio es lo único que permanece en el tiempo, incondicional.
Ciro Pertusi


La relación entre la mente y el cerebro ha desquiciado a su vez la mente de muchos filósofos, físicos, neurólogos y neurofisiólogos. No es novedad que nuestra mente y cerebro están íntimamente ligados, que uno precede al otro y que plantean diferencias tópicas, estructurales y funcionales.  Una de las principales funciones del cerebro es promover la supervivencia. El dilema cerebro-mente se refiere estrictamente a la relación entre el cerebro y los diversos estados de conciencia, los cuales son susceptibles de ser explorados por ciencias varias. Lo que no se puede abarcar en su totalidad es la relación entre el cerebro y la cantidad de información acumulada en la cultura, ciencia y tecnología; ya que, después de todo, la información presente en cada individuo es única, subjetiva y variable.
Nuestro cerebro es un órgano biológico-físico de nuestro cuerpo que reside en la cabeza (en el cráneo) y se compone de unas mil millones de neuronas. Es allí donde todo el proceso del sistema nervioso central del cuerpo ocurre y donde se controlan todas las funciones del cuerpo, así como el procesamiento de toda la información que proviene de los cinco sentidos (visión, audición, olfato, gusto, tacto).  Funciona, análogamente,  como el procesador de una computadora y al igual que todos los órganos del cuerpo físico, su área y peso son medibles.  Es táctil y concreto
Por otra parte, la mente no tiene un límite de tamaño, así como tampoco un peso y un área específica. A decir verdad, no es un órgano físico, sino “etérico”.  No obstante, aunque no exista sin lo físico, no se reduce a él. Podríamos decir, a grades rasgos, que el cerebro se ocupa de la cantidad mientras que la mente de la calidad de la información.
Aunque debe haber algún límite físico relativo a cuánta memoria puede el cerebro almacenar, aún así, es extremadamente grande. No deberíamos preocuparnos por quedarnos sin espacio a lo largo de nuestra vida.
El cerebro humano está formado, como dijimos, por una cantidad exuberante de neuronas. Cada neurona crea unas 1.000 conexiones con otras neuronas, lo que asciende a más de un billón de conexiones. Si cada neurona sólo podría almacenar un solo recuerdo, la falta de espacio se convertiría en  un problema.  Transitaríamos nuestra existencia sólo con unos cuantos gigabytes de espacio de almacenamiento, similar al espacio de un iPod o de una unidad flash USB. Sin embargo, las neuronas logran combinarse de modo que cada una contribuye con muchos recuerdos a la vez, aumentando de manera exponencial la capacidad de almacenamiento del cerebro a algo más cercano a 2,5 petabytes (1 Pb= 1 millón de gigabytes). Por comparación, si su cerebro funcionara como un grabador de vídeo digital de un televisor, los 2,5 petabytes serían suficientes para almacenar tres millones de horas de programas de televisión. Esto equivaldría a decir, que tendríamos que dejar el televisor funcionando continuamente durante más de 300 años para agotar todo lo almacenado. Menudo experimento.
La capacidad de almacenamiento del cerebro para memorizar es un tanto difícil de calcular de manera exacta. En primer lugar, no sabemos cómo medir el tamaño de una memoria. En segundo lugar, ciertos recuerdos participan de más detalles -y por tanto ocupan más espacio-  y otros recuerdos se olvidan o reprimen, lo que equivaldría a la liberación de espacio. A su vez, también hay algunas clases de información que,  simplemente,  no es de utilidad recordar.
Esto representaría una buena noticia, porque nuestro cerebro se adapta  a medida que buscamos nuevas experiencias a lo largo de nuestra vida. Ahora bien,  si la vida humana se alargara de manera significativa en un futuro  ¿podríamos llenar nuestros cerebros? Si la complejidad de estímulos reales y virtuales se potenciara, ¿podremos retener y almacenar esa información de manera eficaz? Tampoco estamos seguros. Pero podríamos preguntarnos  de nuevo dentro de cien años.
Aquí es donde tiene particular peso el funcionamiento de la mente como optimizadora de las potencialidades del cerebro. Sabemos que necesitamos cambiar en ocasiones, para mejorar, para ser más felices, para tener una vida más plena. Pero nos resistimos a ese cambio, sin darnos cuenta de que, a pesar de todo, el cambio es constante. Aunque intentemos evitarlo, el cambio entrará en nuestra vida, y no hacer nada no evita nada. Sin embargo, iniciar el cambio desde nosotros mismos de manera voluntaria nos permite adaptarnos de una manera más consciente al mismo.
El problema al que muchas veces nos enfrentamos es a que los cambios llegan de manera inesperada y no nos gusta la nueva situación. Pero evitarlo no evita que ocurra.
Las cosas son como son, la vida viene como viene, y hay que adaptarse. Evidentemente, no es lo mismo cambiar de ciudad que perder el trabajo, o incluso perder a una persona clave. Pero, en cualquier caso, hay que buscar la manera de acomodarse, de cambiar el punto de vista, de acomodarse mentalmente a la nueva situación. Así, podremos hacer lo necesario para vivir esa nueva experiencia. Cada vez que haya que hacer cambios, estos traerán nuevos conocimientos y aprendizajes, que nos ayudarán a crecer como personas, aumentará nuestra  sabiduría y nuestra fuerza. Pero hay que dejar que ese cambio nos inunde para obtener un crecimiento acorde a nuestra potencialidad.
El descubrir  nuevas ideas, encontrar nuevas metas y desarrollar nuevos valores trae aparejada una plasticidad neuronal que habilita múltiples conexiones en un proceso de asimilación-adaptación que preparará el terreno fértil donde poder plasmar nuevos objetivos. Cuantos más cambios tengas que hacer en tu vida, por consiguiente, más fácil te resultará asumirlos. Como resultado, serás cada vez más flexible y cada vez te costará menos adaptarte y cambiar, lo cual será menos traumático.
Las cosas no mejoran por sí mismas si no cambiamos algo. Existe el riesgo de estar peor, sí, pero sigues teniendo la oportunidad de cambiar de nuevo, aprovechando lo aprendido de la experiencia. En cualquier caso, sin cambio no hay mejora. Como hay infinidad de procesos cerebrales y mentales que desconocemos, el no afrontar situaciones nuevas o diferentes hará que no podamos valorar adecuadamente nuestras capacidades, impidiendo así que nos familiaricemos con ellas.
La resistencia al cambio está motivada, entre otras cosas, por sentimientos de inseguridad y debilidad. Todos los cambios implican salir de la zona de confort, una zona que nos ofrece la falsa seguridad de que todo está bien. En el fondo, aferrarse a esta zona de confort es un síntoma de miedo.  Con seguridad alguna vez hemos escuchado el dicho popular “más vale malo conocido que  bueno por conocer”; Frase que nos da una idea de lo limitante que puede llegar a ser esta zona de confort y  de lo negativa que se hace la existencia si a lo único a lo que aspiramos es a no estar peor de lo que ya estamos.
El cambio es oportunidad, adaptación, novedad, flexibilidad, motivación, movimiento.
La pregunta es: ¿seremos dentro de 100 años igual que lo somos ahora?
Es probable que no, pero si no empezamos a cambiar y a mover las fichas del juego desde ahora quizá en cien años nos preguntemos lo mismo.


-Matt A. Hari-

Llueve (o el sentido de la tormenta)




Llueve y es una noche más en la ciudad. Noche de sábado, para ser exactos. Noche de fines de junio, perfecta para dormir mirando la lluvia. Pero, ¿y si la lluvia es interna? ¿Acaso ya se inventaron paraguas que protejan de eso? ¿Qué se hace cuando el vendaval arrecia dentro de nosotros mismos? No hay donde guarecerse, no hay lugar para esperar que la tormenta pare porque NOSOTROS somos parte de ella.

En verdad, y esto nunca nadie se detiene a pensarlo, toda tormenta se inicia por algo. Pero, ¿qué es más importante? ¿El inicio de la tormenta o el sentido que ella tiene en tu vida? ¿Quedarse maldiciendo a la lluvia o intentar encontrarle la parte positiva? La tormenta en sí no es otra cosa que el resultado de todo lo bueno y lo malo que hiciste en tu vida. No te asustes ni temas, que no es algo que no tenga que ver con vos sino todo lo contrario. Estamos hechos del material con que se hacen las tormentas, es nuestra esencia.

Lo malo sería escaparle, huir de ella por miedo o desconocimiento. Pensar que es algo ajeno a nosotros y a nuestro bienestar. ¿Bienestar? ¿Acaso quedarte en la zona de confort te beneficia en algo? Nada más conformista que eso, la sola idea de atarte a ideas preestablecidas debería sacudir tus entrañas…

La tormenta ya se desató en vos, sos quien decide si guarecerse ante ella o salir a la calle a disfrutar de la lluvia. De esta lluvia de junio, de esta noche de sábado en la cual la tormenta perfecta está a punto de chocarte para siempre. 


-Rodro Malamorte-

Luz y sombra






"Cerde lux percipiatur habeas intra"
  
Madre, dile a tus hijos que no sigan mi camino, dile a tus hijos que no escuchen mi palabra
(Glenn Danzig)

Dijo Carl Jung: Nadie se ilumina fantaseado figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad. 

Dijo Marianne Williamson: Hasta que no hemos visto la oscuridad de alguien, no sabemos realmente quién es. 

Dijo Ferruccio Bussoni: La total oscuridad aún deja ver los contornos claros.

Un sabio dijo: Quise ser luz y olvide mi propia sombra.


Decimos nosotros: Lo que negamos nos somete y los que aceptamos nos transforma.


Matt A. Hari

Los Andes “Obras cumbres” o la quimera hecha canción.

Todo amante de la música sabe con certeza lo difícil que es escribir una buena canción. Y cuando me refiero a ello no solo hablo de pe...