Sesiones en vivo (XXIII), Hoy: Backyard Babies, Niceto Club / 24-03-2018


Salir a la ruta con el sol en alto, el viento en la cara, y que en la radio suene «Roads» de los suecos Backyard Babies equivale a que por un momento todo el universo tenga sentido.
Recorrer el largo camino para asistir al show de una de tus bandas favoritas –aquellas de tantas que pensaste nunca poder ver en vivo-, puede resultar una experiencia, como mínimo, muy interesante.
La noche en Niceto comenzó desde temprano con muchos fans acercándose a compartir expectativas, tragos y charlas acerca lo que vivirían pocas horas después. Apenas pasadas las 20.30 los soportes Camus, Kefren y Turbocoopers se encargaron de preparar la entrada para el plato principal de la noche.
Un recinto colmado casi en su totalidad fue el marco para lo que sería un show poderoso e íntimo, donde la banda alteró su lista de temas con honestidad brutal («sinceramente no sabíamos qué canciones tocar, por lo que vamos a hacer las que más nos gustan»), y vaya que sí lo hicieron. Tras un comienzo arrollador de la mano de «Made me Madman» y «U.F.O Romeo», dieron rienda suelta una seguidilla de su material más fino y clásico. El cuarteto sonó ajustado, y pese a que el sonido de la guitarra de Dregen podría haber estado más elevado, la voz aguardentosa de Nicke Borg se escuchó clara y fuerte durante los 90 minutos de show. El cantante estuvo mucho más animado de lo habitual y con excelente humor conducía a la banda con una cadencia envidiable. La base de Peder Carlsson y Johan Blomqvist sonó solida y sin fisuras para que Dregen diera rienda suelta a su tan particular estilo de tocar y moverse sobre el escenario. Con un look de pandillero neoyorquino de los años 30, su Gibson customizada y un arsenal de yeites marca registrada, el guitarrista bailó, arengó, vitoreó y literalmente hizo explotar a la audiencia cantando la ya clásica «Star War», dejando a más de uno con la boca abierta.
Sonaron fuerte «Highlights», «Dysfunctional professional», una sentida «Abandon», una muy coreada «Nomadic», la sorpresiva «Ghetto you», la ganchera «Heaven 2.9», y quizás el momento más emotivo de la noche de la mano de «Painkiller» ese himno a los perdedores co-escrito con Tyla de Dogs D´Amour que hizo erizar la piel con su letra y el magnífico solo de guitarra a cargo de Dregen. Tras el anuncio del lanzamiento de un disco nuevo para fin de año y de sólo dos canciones de su última placa «Th1rt3en or Nothing», el último tramo del show fue una verdadera aplanadora de Punk n´Roll, con la banda sonando a dientes apretados como en 1998 y dispuestos a volar todo por los aires de la mano de «Look at you» explotando por los parlantes. Faltaron varios clásicos, pero de haber sonado «Roads» el universo hubiera tenido, al menos para mí, aún más significado.
Los escandinavos se tomaron su tiempo para venir a mostrar lo que mejor hacen y el resultado fue verdaderamente grato. Se los vio (y escuchó) cómodos y contentos durante todo el show y la energía se transmitió también a todos los presentes. 
Al igual que los grandes amigos que soportan el paso del tiempo, la visita del cuarteto fue un verdadero festejo, con anécdotas que seguramente aparecerán cada vez que nombremos aquellos recitales que nos marcaron para siempre.
Larga vida a Suecia, larga vida al Rock N’ Roll y larga vida a los Backyard Babies.
Y a esperar su regreso.

M.S

Giros


Y daba vueltas y se sonreía
Y silbaba bajo por no molestar
Rodolfo Páez

Creemos, erróneamente, que nuestros caminos están hechos de rectas. Líneas imaginarias que marcan el rumbo a seguir, donde el terreno acompaña el dulce andar y la calma envuelve nuestros pasos. Nos acostumbramos a pensar en líneas: el tiempo, los rumbos, las distancias, las ideas, etc. Todo fluye en un continuo donde las metas son como los espejismos de agua que se forman en el asfalto los días de mucho sol. Internamente sentimos que podemos alcanzarlos  pero, porfiados, no nos resignamos a dejarlos ir.
Sabemos con certeza que el sol siempre sale, pero no podemos evitar preocuparnos con la idea sobre qué pasará mañana. Porque entre parpadeo y parpadeo, la luz se va; pero aún así confiamos en la magia que ese pequeño corte en el tiempo cambie el resultado de lo que tenemos enfrente nuestro.
La molestia de no saber qué va a pasar puede ser lacerante.
Y ahí es cuando comenzamos a pensar en giros.
Giros que siempre han estado allí como parte del paisaje y que de repente todo lo cambian. Los giros que nos dan envión y nos hacen recordar que tenemos otra forma de pensar y otra forma de vivir.
No queda mucho más que girar y girar. La vuelta puede ser divertida y hasta necesaria, porque el cambio, cambia con nuestra mirada y un nuevo universo se abre, más amplio, delante de nuestros ojos.

M.S

Sesiones en vivo (XXII), Hoy: Oleada Psycho Fest - El Refugio Pinamar 17/02/2018

(Imágenes: Pam-Ro-Caro-Vane)

Como se sabe, los géneros musicales se mueven en márgenes muy estrechos. A partir de la década de los 50, el surgimiento del Rock and roll partió en dos la escena musical y, para ser sinceros, nada volvería a ser igual. No obstante, dentro de cada «categoría» hay casi tantos subgéneros como bandas en el planeta.
Esta vez le tocó al Psychobilly. Los sonidos que mezclan el rock primitivo, el punk, el rockabilly, el country y la surf music con la imaginería de la ciencia ficción, películas under de clases varias y un poquito de sana violencia gore. Todo ese combo se amalgama en una estética retro muy pintoresca que logra el objetivo de divertirnos, hacernos bailar y fantasear con que Betty Page y James Dean se den una vuelta por la pista de baile mientras Glenn Danzig musicaliza la velada.
En un esfuerzo colectivo, bandas bonaerenses (de Capital Federal y Mar del Plata) aunaron su amor por el estilo y armaron la primera gira mágica y misteriosa  denominada «Oleada Psycho», trayendo sonidos de ultratumba a las ciudades costeras del territorio argentino. Rancho Relaxo, Ghost Bastards y Los Cianuros (Cap. Fed) y Jinetes Fantasmas (MDQ) se dieron gala en el ya clásico recinto de la ciudad de Pinamar y pasada la medianoche –como no podía ser de otra manera- ya estaba todo listo para comenzar.
Jinetes Fantasmas

Jinetes Fantasmas –ya locales a esta altura del partido- se encargaron de dar el puntapié inicial con su Psychobilly de calidad. Apoyados en grandes canciones de ritmo frenético y con un contrabajo asesino como columna vertebral, deleitaron a los presentes con un show corto pero intenso, donde repasaron temas no tan usuales de su discografía. Con muchos temas coreados se despidieron muy aplaudidos.
Minutos más tarde el escenario ya estaba armado para que los Rancho Relaxo subieran aún más la temperatura de la noche. Con influencias del rockabilly más clásico,  un sonido muy vintage y un cantante que dio cátedra de cómo se toca la guitarra en este estilo de música. Una suerte de Jerry Lewis vernáculo que arengó y oficio de showman para que la banda sonara de maravillas. Hicieron una versión de «The Last Time» de Rolling Stones que resultó todo un hallazgo.
Rancho Relaxo

Tras un breve intervalo, Los Cianuros trajeron la dosis más callejera de la noche, con un Psychobilly con tintes punk y dos cantantes que aportaban dinámica a las composiciones. Repasaron canciones del E.P que tenían a la venta, más algunas rolas nuevas y una excelente versión de «Folsom Prison Blues» del maestro Johnny Cash.
Los Cianuros





Pasadas las 3 a.m y con marcados signos de cansancio por parte de este cronista (infaltable una buena siesta ante una situación así), hicieron su debut los Ghost Bastards, trío conformado por el baterista de Jinetes Fantasmas y el contrabjista de Los Cianuros ahora devenido en cantante y guitarrista. Hicieron sonar su música con influencias oscuras tales como The Trashmen y The Cramps para agitar y armar los últimos wrecks de la noche.
Ghost Bastards

Sin duda resulta gratificante que estas movidas musicales sigan en pie y dando batalla, creyendo en la música que les gusta lejos de las modas y tendencias. Cuando la música es genuina, lo que brota por los parlantes transmite lo mismo y los rostros de los presentes lo confirmaron. Al día siguiente el micro continuaba la gira para terminar en las playas de Mar del Plata, para que el sol se esconda por un rato y estas criaturas salgan a hacer lo que mejor saben: rockabilly infeccioso con onda, muchos alaridos y copetes bien peinados.
¡Que se repita!

Matías Sosa.

Sala de espera


El valor espera; el miedo va a buscar
José Bergamín

No éramos más que siete. Ocho, teniendo en cuenta a la señora que llegó en una camilla hace unos instantes. Nos acomodamos como por inercia, la mayoría sentados y alguno que otro permanece de pie, como con ganas de abandonar pronto el lugar.
Todos estamos allí por algo. Todos tenemos problemas y todos tenemos prisa.
El calor es sofocante y el aire viciado que sólo se interrumpe por una brisa fugaz que proyecta un ventilador de pared. Algún murmullo, alguna tos seca y algún que otro suspiro, son los únicos sonidos que se escuchan. El ventilador funciona como un director de orquesta que marca el ritmo de la sala de espera.
Todos habíamos oído algo de la epidemia que los medios de comunicación habían informado. Nunca sin carteles alarmistas ni letras mayúsculas. Inconscientemente cada tosido hace que los ojos de los otros se muevan rápidamente en la dirección del sonido. Una mueca de molestia y desagrado se dibuja en los rostros.
Nadie sabe el motivo de la consulta de la persona que tiene al lado y tampoco desea saberlo, porque quizás confirme los que más de uno supone.
Un joven transpira profusamente, no sabemos si por el calor o por la fiebre. Quizás ambas. Una niña se rasca unas llagas sin parar mientras que su madre le golpea la mano disimuladamente para interrumpir el movimiento. La pequeña amaga a quejarse y la señora refuerza el gesto de reprobación.
La anciana ubicada en la esquina se encuentra con los ojos entrecerrados y realiza pequeños cabeceos de forma secuenciada.
Solo pasaron diez minutos pero se sintieron como un siglo. Un señor se levanta abruptamente de su asiento y comienza a caminar alrededor de una mesa  escrutando las caras de los demás, como si buscara saber el motivo por el cual están allí. Quizás solo quiera una mirada cómplice que le dé asidero en la tediosa espera.
La atención no es por turnos sino por orden de llegada, pero lamentablemente no creo saber quién está primero y cuál es el orden a seguir, aunque lo intuyo.
Se escuchan ruidos desde adentro del consultorio y ocho pares de ojos apuntan hacia la puerta.
El picaporte gira y aparece la secretaria. Observa nerviosamente a la consulta y se dirige rápidamente hacia la recepción. No llama la atención ni por su belleza ni por cómo viste. Sólo resultó un tanto intrigante que llevara puesto un barbijo.
No fue difícil evocar la secuencia: sala de espera, gente enferma, barbijo, epidemia y propaganda por TV. Sólo nos saca del estupor el golpe de la puerta al cerrarse y cada uno vuelve a la rutina del escrutinio: qué enfermedad tendrá la persona de enfrente, qué provoca el picor y qué la tos. Y más aún: en caso que así sea y aquello que la televisión cuenta sea verídico, lo importante sería saber si ya estamos contagiados; y de estarlo, saber si existe una cura para la pandemia (¿Cuándo se transformó en una pandemia?) que acecha en el aire.
No creo saber cuánto tiempo pasó ni qué piensan los demás de mí. Yo ya he hecho mis conjeturas y creo no ser el único.
¿Será la niña? ¿La señora que dormita? ¿El hombre canoso que respira entrecortadamente?
Descarté el ser yo, ya que el leve malestar en la garganta no forma parte de los síntomas descritos por el noticiero.
Antes que pudiera elaborar otra hipótesis, un grito corta el diálogo interno:
-¡Abran ya de una vez! ¿¡Por qué no me…nos dicen que tenemos?!
Al instante de decirlo, el hombre se dio cuenta que se había expuesto demasiado y quiso arreglar la situación.
Las acusaciones no se hicieron esperar. Tampoco la corroboración de las conjeturas. Muchos “lo sabía” y aún más “se notaba”. Una adolescente sale corriendo presa de la desesperación; la señora con la niña en brazos comienza a golpear la puerta y la anciana de la camilla que antes dormía ahora llora profusamente. En un intento por mantener la calma decido pedir silencio pero sólo recibo insultos y miradas de odio. El griterío va en aumento y la desesperación ya es incontrolable.
De repente la puerta se abre y un haz de luz brotó por el canto. El silencio es sepulcral. Todo es expectativa.
El médico se apersona adusto en la puerta. Lleva un barbijo puesto y los ojos inyectados en sangre. Suda copiosamente y se ve muy desmejorado a cómo lo recordábamos.
Al querer bajarse el barbijo para hablar, debe sostenerse de la puerta para no caer al suelo. Finalmente, con un estertor se desploma ante la mirada atónita de todos.
Una vez escuché decir que una paranoia siempre tiene algo de verdad.

No fuimos la excepción.

Matias Sosa

Sesiones en vivo (XXI), Hoy: Massacre en Casa Rock (MDQ) - 20/1/2018


En el marco de la celebración por los 30 años de la banda, nos acercamos hasta la Feliz para presenciar el show de los skate-punkers más existenciales del rock local.

Cualquier grupo con treinta años de trayectoria a sus espaldas representa en cierta forma un conglomerado de variables que, al colisionar, logran una coherencia milagrosamente sólida; esas influencias distintas que logran unirse en un vórtice y en esa fusión disparan una gama de matices que tienen vida propia. Los Massacre proyectan influencias tan disímiles que terminan elaborando un maridaje perfecto, desde lo musical hasta lo estético.

¿Cómo lograr coherencia entonces entre Patti Smith, Husker Du, David Bowie, rampas de skate, 7 Seconds, Orwell y Baudelaire, ciencia ficción y psicoanálisis? Parece imposible, pero no para ellos.
Con un repaso por lo mejor de su discografía, pasada la medianoche (y previas actuaciones de los locales El Poder, Visión y Nessia), Massacre mostró una vez más su singularidad dentro de la escena rock actual. Apoyados en la omnipresente guitarra de Pablo Mondello y el histrionismo mesiánico de Walas, ofrecieron una hora y media de concierto con gemas como “Juicio a un bailarín”, “Seguro es por mi culpa”, “3 paredes”, una coreada “La octava Maravilla”, más un puñado de Massacre Palestina y su hermosa versión de “The one I love” de R.E.M. El sonido fue correcto y cada canción correctamente presentada por el Sr. Guillermo Cidade, con esa mezcla de divismo y teatralidad que es su marca registrada y pone en alto aquella estirpe de los frontmans, tan en falta en estos tiempos que corren.
(Imagen: Lucas Lenzetti)

La experiencia de ver un grupo de convocatoria para un selecto público de 200 personas siempre es algo para celebrar. Una suerte de privilegio tanto para la banda como para los seguidores, que funciona como un bálsamo dentro de tanta verticalidad y protocolo. El cara a cara, el calor de la gente (por momentos agobiante) y esas canciones que musicalizaron gran parte de nuestras vidas, forman una dosis que es necesaria, beneficiosa y puede generar una sana dependencia.
Massacre, señoras y señores, a esta altura ya no es una banda, es un concepto. Comprendámoslo y alegrémonos por eso.



M.S

Sesiones en vivo (XX), Hoy: 114 Errores -Presentación de «La Fábrica de Buenos Momentos»- Fede Bar (Sta. Teresita) 30-11-2017


«Militantes de una utópica revolución, sin banderas detrás, sólo con corazón»
 -Los Emocionados-

Siempre es grato encontrarse en un pub para ver una banda en vivo, ya que ése fue siempre el propósito de esos tipos de bares: algunas mesas, bebidas circulando, gente entrando y saliendo, y algún que otro parroquiano conocido. Más aun cuando la banda que reúne a todas esas personas celebra 13 años juntos con la presentación de su último disco de estudio denominado, acertadamente, “la fábrica de buenos momentos”.

Con un lleno considerable, pasadas las 00:00 hs el cuarteto hizo sonar los primeros acordes, en una seguidilla que repasaría toda la obra con esa mezcla de ansiedad y entusiasmo por mostrar en público el arduo trabajo de componer, elaborar, grabar y editar un disco de manera independiente.
Pero ¿qué decir de «La fábrica de buenos momentos»?
Sus canciones son frescas y urgentes, acoplándose a la perfección con los temas de sus previos lanzamientos. Se percibe una atmósfera optimista muy necesaria en los tiempos que corren y «Los emocionados» -quizás el tema que mejor representa esta nueva etapa, y del cual han hecho un bonito videoclip-, reúne el ideario y el sonido forjado durante tantos años de carrera. 
A medida que transcurrían las canciones, el ilustrador Gastón Villalva retrataba concentrado el concepto del álbum a un costado del escenario como si fuera un músico más. Al finalizar el recorrido de las 10 canciones que conforman el CD (entre las que se destacaron «Las Semanas», «Los Olivos» y «Momentos luces»), abrieron la puerta a todos sus clásicos, a modo de festejo con toda la gente coreando y agradeciendo tener una banda “propia” que musicaliza sus días, y quienes no son estrellas de rock con un séquito de guardaespaldas.
Son locales, como ellos. Gente como uno que cruzás por el centro de la ciudad, en un taller, en el banco o en un negocio cualquiera. Eso, lejos de ser una desventaja, produce una empatía que permite identificarse y lograr que lo que cantan en sus letras no pase por realidades ficticias. Lo que generan es cotidiano, pero filtrado con vuelo poético y una mirada un tanto más sensible de las cosas que vivimos. Tras dos horas de show y casi 25 canciones, dejaron el escenario con sonrisas en las caras, para festejar seguramente con más presentaciones que sigan llevando a más oyentes esas músicas recién cocinadas; siempre con el bolso al hombro, como aquellos laburantes que son, y que en vez de herramientas, empuñan instrumentos.
A veces para acompañar un momento, otras para olvidarse de todo y muchas para recordarnos que la música local aún sigue viva, estos “emocionados” siguen luchando para que en cada barrio y en cada sala de ensayo, la utopía se haga realidad a base de ganas y corazón.
Y definitivamente no es poca cosa.

Matías Sosa.




Fin del mundo


Otro año ha pasado. Otras estaciones se dieron lugar en las orillas de la isla. Los vientos alisios y las corrientes tropicales han atravesado a cada uno de los habitantes. Como es costumbre en estas tierras, se habilita un buzón para que todos los interesados nos hagan llegar su reseña del año que pasó: lo bueno y lo malo, lo que será recordado y aquello que se espera no repetir.
Tras un recuento exhaustivo, los resultados arrojados fueron los siguientes

MEJOR PELICULA: T2: Transpotting (TriStar Pictures)
MEJOR SERIE DE TELEVISION: The Sinner (Netflix)
MEJOR DISCO: The Night Flight Orchestra «Amber Galactic» (Nuclear Blast)
MEJOR VIDEO MUSICAL: Björk «The Gate»
MEJOR SHOW EN VIVO: Rancid en el Teatro Flores (Argentina)
MEJOR LECTURA: “Hacia rutas salvajes» de Jon Krakauer.
MEJOR MOMENTO DEL BLOG/FAN PAGE: El crecimiento de la sección «The Truth of the Milanga», que ganó adeptos publicación tras publicación. Comentarios enriquecedores, consultas y mucha buena energía por parte de los lectores convirtieron esta sección en la “vedette” del Blog.
MEJORES TEXTOS: Decir adiós o decir todo de nuevo / Ganarle al tiempo.
  • LO MEJOR: Los tiempos para escribir y los momentos donde los escritos se materializan de una sola vez. Los kilómetros recorridos en busca de crónicas musicales.
  • LO PEOR: Los cambios sociales, políticos y económicos vividos en América Latina, todos en pos de reformas que benefician a los sectores acaudalados, diseccionando, marginando y enemistando a aquellos que deberían unirse para combatir dichas medidas.                                Y el año de luto para la música con los fallecimientos de Malcolm Young (Guitarrista rítmico y fundador de AC/DC); Chris Cornell (Cantante y compositor de Soundgarden, Audioslave, Etc.) y Chuck Berry.

 La idea de que Macondo Blues sea una isla “itinerante” sigue más vigente que nunca. Difícilmente localizable, gobernada popularmente de manera cooperativista, luchadora incansable por la diversidad de opinión como estandarte. Esa idea, que fue motor en el inicio del blog y lo sigue siendo aún hoy, es lo que permite la constancia y dedicación en sostener un espacio que no busca el rédito económico ni la propaganda para que alguien actúe de una determinada manera. Todo lo contrario: el “norte” siempre ha sido apelar al disenso y al pensamiento crítico de todos nuestros lectores, que se sientan libres de dar su parecer y de tomar sus propias decisiones.
Desde ya agradecemos a todos y a cada uno de los que esperan cada martes y miércoles para leer los textos publicados, a quienes apoyan con sus palabras para que esta rueda siga girando, a quienes comentan en reuniones de amigos algún dato leído en el blog, a los que piensan distinto, a los que se suman a diario tanto a los que se “retiran”, ya que todo esto es útil para direccionar la brújula cuando estamos a la deriva.
Las “Sesiones en vivo”, las “Críticas (de)constructivas”, los “Binomios del arte”, los “Truth of the Milanga”, así como también los redactores y editores, enviamos un fuerte abrazo a todos los habitantes de Macondo Blues y nos despedimos hasta el año próximo, esperando transformar algo de esto que llamamos vida.
Y recuerden: Macondo Blues no es un lugar, es un estado de ánimo.

RODRIGO CARDOZO Y MATIAS SOSA
-Delegados electos de Macondo Blues-




Los ojos


Prefiero ver con los ojos cerrados.
Joseph Albers
Vivir es fácil, con los ojos cerrados.
The Beatles

Como portales de la percepción, son la ventana de escape para todo lo invisible a ellos.
La respiración entrecortada y la tormenta en calma.
El parpadeo que espera un dueño y el aliento tibio listo a partir;
también la caricia del alma que desnuda los pensamientos más profundos,
incluso aquellos que ni sabemos.
El temor a abrirlos y dejar escapar esa luz vital que baña a todo lo que toca; 
y el fervor a cerrarlos cuando ya vimos más de lo suficiente.
El equilibrio en el torrente de imágenes que ven en mis ojos,
y la catarata de historias que veo en los otros.
La paz y la guerra; el amor y el desamor; lo bueno y lo malo.
Lo que podemos y lo que no.
La ilusión de mirar otros ojos y así aprender a dar luz;
pero en realidad perdido en ellos y sin vuelta atrás.
Pero si de mirarse se trata,
si de tocarse con la mirada como dos cuerpos desenfocados,
si hablar con las pupilas pudiéramos,
de seguro ya hubiéramos cedido ante la tentación de observar y ver,
y así sin más cerraríamos los ojos hasta vernos nuevamente.
Encontrar esos ojos en la oscuridad,
perderlos en la eternidad,
y dormir con ellos hasta que no quede más nada.


M.S

Pez en Teatro Vorterix, Presentación oficial de "Pelea al Horror" - 11/11/2017


Recordar así los días poderosos, donde todo puede pasar
Pez

¿Cómo describir lo vivido la noche del 11 de noviembre en lo que fue la presentación oficial del decimoctavo disco de Pez “Pelea al horror”?
Tal y cual como ocurrió: como un conjunto de sensaciones repletas de sentimiento y subjetividades, de recuerdos y reflexión.
¿Qué es Pez? ¿Una banda? ¿Un concepto? ¿Un estado de ánimo?
Todo eso y aun más. Pez es Pez.

Pez es musicalidad.
Pez es creatividad.
Pez es más que la suma de las partes.
Pez es un motor  bien aceitado y a punto.
Pez es listas de temas variadas.
Pez es planificada improvisación.
Pez es zap(p)ada.
Pez es sincronía.
Pez es Franco.
Pez es Fósforo.
Pez es Ravioli.
Pez es Ariel.
Pez es toda la gente que disfruta de la música bien tocada.
Pez es unión.
Pez es identidad.
Pez es “todos componemos”.
Pez es sonar bien en todos lados.
Pez es oficio.
Pez es métrica irregular.
Pez es palo y a la bolsa.
Pez es inyectarle vida a viejos clásicos.
Pez en atemporalidad.
Pez en vorágine.
Pez es artesanía.
Pez es clásico y moderno.
Pez es bancar la posición.
Pez es denuncia.
Pez es potencia.
Pez es armonía.
Pez es fusión.
Pez es Espíritu inquieto
Pez es rock.


Pero ¿Y la reseña?
2 hrs 15 de show. Más de 30 temas. Disco nuevo tocado en su totalidad. Show en dos actos con intervalo vieja escuela. Segmento desenchufado autóctono. Covers acertadísimos. Sonido descomunal. Lleno total.
Todo muy lindo.
Que no se corte.

Viva Pez.

Matias Sosa


Binomios del arte (VII): Cuando Alice conoció a Dalí



A principios de abril de 1973, una mezcla de ideas se produjo en la ciudad de Nueva York. En el transcurso de dos semanas, el máximo exponente del «shock rock» Alice Cooper (nacido Vincent Damon Fournier) y el rey surrealista Salvador Dalí, comieron juntos, bebieron juntos y disfrutaron de la personalidad singular de cada uno. Este último hizo una sugerencia, una especie de epifanía, que fue algo del orden de «Me gustaría convertirte en una obra de arte. Su nombre será "Primer Cromo-Holograma Cilíndrico Retrato del Cerebro de Alice Cooper”». El surrealista le entregó a Cooper una escultura de su cerebro, esculpida en yeso (o algo), con un eclair de chocolate corriendo por el medio y un hervidero de hormigas arrastrándose por todas partes. El pintor dijo: «Esta es la versión de Dalí del cerebro de Alice Cooper», a lo que Cooper respondió: «Wow, nunca pensé que alguna vez conseguiría esto.» Y así fue cómo el primer holograma 3-D fue forjado.
La obra de arte cuenta con Cooper, y su cerebro cubierto de hormigas, mordiendo la cabeza de la Venus De Milo, junto a una ornamenta de diamantes con un valor aproximado de dos millones de dólares.
En la actualidad el Holograma se encuentra exhibido en el museo Dalí de España. 
Dalí-Fournier, Fournier-Dalí: dos emblemas que hicieron de la provocación un arte y del arte una forma de vida. Demasiada energía para un encuentro, que no podría haber ocurrido en otra década más que en los convulsionados 70´s.

Binomios del arte (VI), Hoy: El día en que Nixon y Armstrong traficaron drogas.


“La mayoría de los fumadores de marihuana son negros, músicos de jazz y artistas. Su música satánica es conducida por la marihuana, y el consumo de marihuana por parte de mujeres blancas les hace querer tener relaciones sexuales con negros, artistas y otros. Es una droga que causa locura, criminalidad y muerte. Es la droga que más violencia ha causado en la historia de la humanidad”.

Esta frase se le atribuye a Harry J. Anslinger, comisionado del Departamento de Narcóticos del gobierno de EE.UU. durante los años ‘30. Anslinger fue el principal impulsor de políticas restrictivas en materia de drogas y uno de los grandes rostros del prohibicionismo en el mundo.
 Si bien en un principio no se mostraba contrario al consumo de marihuana, cambió su discurso al ser nombrado comisionado. A partir de ahí, Anslinger se colgó de las primeras olas de inmigrantes mexicanos para asociar el consumo de drogas a la criminalidad y las minorías raciales. Fue entonces que la planta comenzó a ser conocida como marihuana -como la llamaban los mexicanos-, y no como cannabis, como se la conocía en Estados Unidos. Con este nuevo rótulo, y con declaraciones del tipo “la marihuana hace pensar a los negritos que son tan buenos como el hombre blanco”, Anslinger hizo una fuerte propaganda cargada de connotaciones racistas y poco fundada en evidencia empírica.
 Aunque Anslinger sí tenía un poco de razón en la relación de la marihuana y el jazz. Como bien lo sabía el trompetista Louis Armstrong, fumar porros era una práctica habitual entre los músicos de jazz entre los años ’20 y ’40. El cannabis les ayudaba a calmar la ansiedad y a desinhibirse, aumentando el feeling entre músicos y facilitando la improvisación tanto en los conciertos como en las sesiones que llevaban a cabo en sus casas.
Por culpa de este “hábito”, en 1930 Armstrong fue arrestado, tras ser sorprendido fumando marihuana en las afueras del Cotton Club, en Culver City, California, poco antes de subir a tocar. Él y su baterista Vic Berton pasaron 9 días en el calabozo, pero finalmente fueron liberados con una sentencia suspendida de 6 meses. Para su fortuna, los detectives que los arrestaron eran fanáticos de su música y les ayudaron a salir indemnes de la difícil situación..
 Sin embargo, quizás la más sabrosa anécdota de Armstrong con los “porros” ocurrió en 1953 cuando, tras una gira por Asia, se encontró en un aeropuerto con el entonces vicepresidente Richard Nixon. Al percatarse de que Satchmo venía llegando de una gira internacional, Nixon tomó sus maletas y le hizo pasar por la vía preferencial de diplomáticos y autoridades, saltándose las aduanas.
 Lo que Nixon no sabía era que Armstrong llevaba más de un kilo de marihuana en su equipaje, por lo que, más que un acto de cortesía, lo que hizo fue introducir involuntariamente droga de contrabando a los Estados Unidos.
Más allá de la reputación política del ex-presidente, éste siempre se caracterizó por ser de aquellas personas conocidas por estar siempre en el lugar y en el momento (in)adecuado. 
Tócala de nuevo, Richard.

M.S

Los Andes “Obras cumbres” o la quimera hecha canción.

Todo amante de la música sabe con certeza lo difícil que es escribir una buena canción. Y cuando me refiero a ello no solo hablo de pe...