Sesiones en vivo (XVII), Hoy: Stuka y 114 Errores en Fede Bar, Santa Teresita/ 19-08-2017



Si bien la historia es harto conocida, los orígenes del punk rock, en especial el inglés, tuvieron su piedra fundacional en los comienzos del denominado «Pub-Rock», movimiento que de la mano de grandes bandas como Dr. Feelgood y The Stranglers cimentó toda la revolución que vendría años más tarde, invisibilizando a aquellos y dejándolos fuera del foco de la fama. 
Ahora bien, quizá se pregunten el por qué realizar una introducción de este tenor para hacer una reseña de un show… Simple, porque hablar del Sr. Gustavo Fossá (AKA Stuka) es hablar de toda esa historia; la injustamente segregada y la explosión masiva unidas, filtradas por el tamiz tan particular de una de las personas que mejor entendió el eclecticismo y la música como un crisol de influencias que se conectan y modifican, pero sin dejar de representar a la totalidad que la define. 
Con su segunda visita a las ciudades de la costa argentina en menos de dos años –esta vez presentando a su nueva banda-, el quinteto formado por Fernando Bonanno en guitarra y voz, Ded en bajo, Damián Luke en batería, Fer Carlini en saxo y el propio Stuka en voz y guitarra marca registrada, representa una propuesta muy interesante para apreciar en los tiempos que corren.
114 Errores
La velada dio arranque pasadas las 00.00 hrs. con los locales 114 Errores quienes, como siempre, se despacharon con un set ajustado y con mucha fuerza. Además de las paradas obligadas de su repertorio, presentaron dos temas nuevos -«Momentos luces» y «El olivo»-, avances que dejaron en claro que sin duda en poco tiempo tendremos en nuestras manos un material que va a dar que hablar. Temas de ayer y de hoy, cantados con el sentimiento y el empuje de siempre, acompañados por los coros de su público que festeja día a día los progresos de la banda. 
El tándem Stuka/Carlini a pleno.

                       





Minutos más tarde, Stuka y sus secuaces subieron a las tablas para hacer lo que mejor saben: dar un concierto de rock, sin divismos ni concesiones. Pusieron primera con una jam con mucho groove de «Siempre es lo mismo, nena» del gran Pappo Napolitano. No dejaron de lado temas históricos como «Bombas a Londres», «Sólo una agresión» y «Aburrido, divertido», pero reversionando los mismos con una lectura impecable que combinó el british reggae más fino con toques de ska y el rock más furibundo. Hubo lugar para temas nuevos, entre los que se destacó «Los unos y los otros» y para una avalancha de covers totalmente incendiarios como «Rock and roll star» de Oasis, «Runaway boys» de Stray Cats, «The Killing moon» de Echo & the Bunnymen y «Bitch» de The Rolling Stones, con zapadas y contrapuntos geniales entre guitarra líder y saxo. Es para destacar la incorporación de Fer Carlini como saxofonista estable de la formación, ya que no solo entiende a la perfección como potenciar una canción con su instrumento sino que además logra que la banda se mueva en diferentes estilos que, como dijimos antes, fueron influencia directa del punk rock (beat, rock and roll, rockabilly, rhythm and blues, etc.) y que los hace desplegar un sonido «clásico» totalmente irresistible. 
Tras una hora de show se despidieron con una extended version de «Nada ni nadie nos puede doblegar» donde Stuka mostró con orgullo su chapa de guitar hero sacándole fuego a su instrumento. No obstante, la canción se vio opacada por la intromisión de un “fanático” que confundió la arenga con la torpeza etílica y se tornó molesto en varios momentos del show. 


Un verdadero placer para el equipo de Macondo Blues el haber presenciado un recital tan interesante y plagado de buenos momentos de uno de los mejores guitarristas que dio la escena musical argentina; un prócer punk con muchas batallas ganadas pero que todavía tiene una gran resto para ofrecer y un sonido patentado que debería ser enseñado a las nuevas generaciones para comprender de qué va todo este rollo del rock and roll.

Matías Sosa

Nanocuentos (II)

Cada día es una vida.
Horacio

NOVELA

El ritmo frenético de la pluma y el susurro de las letras sobre el papel le dieron la certeza de que lo escrito tenía un sentido. Las ideas brotaban lúcidas y sin respiro. Supo, al detenerse, que ese capítulo estaba terminado.
Lo único que se escuchó después fue el disparo que apagó su vida.

ACCIÓN Y REACCIÓN

El aire se cortaba con un cuchillo y el silencio se apoderó de la situación. Se escrutaron tensamente intentando leer el próximo movimiento y la ansiedad se multiplicaba con cada segundo que pasaba. Acto seguido, se besaron.


M.S

El último obsequio


Finalmente, el día había llegado. Se revolvió en la cama y abrió sus ojos con una ansiedad inusitada. Pensó en voz alta: «días como hoy se dan una sola vez en la vida». No prepararon nada especial para aquella noche, salvo una abundante cantidad de comida como intentando suplir otras carencias. Aquello no le importó en absoluto. Tampoco se vistió de manera especial: una remera blanca, una camisa azul y un pantalón haciendo juego.
Al llegar el primer invitado, se incorporó de inmediato, saludándolo discretamente pero con disimulado interés. Sonrió vagamente y esperó que su interlocutor rompiera el hielo. Casi sin respiro, el recién llegado preguntó:
- ¿Estás seguro de querer esto?- dijo rascándose la cabeza. ¿No sería mejor algo un poco más elaborado?- 
-No, respondió secamente. –Me parece lo más apropiado- agregó. Además prefiero algo que me sea útil y pueda usarlo más adelante.
Con un gesto de desconcierto, el invitado interrogó nuevamente:
-¿Lo mismo de siempre?-
-Sí, como siempre. No hace falta cambiarle nada.
Resignado, se encogió de hombros y se acomodó para empezar el relato. 

“Hubo una vez, un joven príncipe que, sentado a la vera de un río en la afueras de su comarca, meditaba sobre su futuro. No podía sentir más que incertidumbre ya que todo su reino se veía diezmado por las fuerzas opositoras, quienes amenazaban constantemente la prosperidad y tranquilidad de sus habitantes. Su padre, el rey, se encontraba postrado en cama muy grave debido al paso de los años y a una horrenda tuberculosis que lo castigaba hacía casi dos meses. La reina, había perecido por la misma enfermedad un tiempo antes sin poder despedirse de su hijo, hecho que marcó al apuesto príncipe de forma inimaginable. Desde ese momento, toda decisión importante recaía sobre sus hombros, al igual que dos arcas llenas de plomo.
Nuestro príncipe se encontraba, además de resignado, muy afligido por el presente inestable que le tocaba vivir, pero aún conservaba aquella fuerza interior y ese fuego en la mirada que todo joven guarda en sus entrañas. Invadido por recuerdos y sensaciones de experiencias inconclusas, dejó caer una gruesa lágrima que se hundió rápidamente en las vivas aguas del río. 
A punto de quebrarse en un llanto desconsolado e impotente, vio acercarse a un viejo mendigo que entonaba con voz aguardentosa una vieja tonada de los juglares, levemente irreconocible por su dicción no lega. 
A pesar de creer no haber sido visto por el mendigo, nuestro príncipe se sorprendió al verlo sentado junto a él, lavándose las manos llenas de sabañones. El príncipe, conmocionado por la falta de educación del mendigo, le dijo:
-¿Cómo osas sentarte al lado de tu majestad sin pedir permiso de plática? –preguntó duramente.
- No creo que seas dueño también de las aguas que dividen tu reino con el de Federico VII-, respondió el mendigo burlonamente.
-No, pero espero ser tratado con respeto tanto en mí reino como en cualquiera que ose visitar- profirió altaneramente.
-No tengo dudas de eso, pero al veros en esta situación tan comprometida pensé en que os interesaría que le aclare, aunque sea un poco, sus tormentos.
-No me llame a la risa, insensato- gritó burlonamente el príncipe. Si de alguien necesito consejo es de la providencia, y no de un octogenario decrépito.
-¿Y acaso crees que la providencia os salvará de vuestro irremediable futuro y de vuestro estéril desenlace?- replicó el anciano.
-Ya lo creo. ¿Quién sino? –dijo vehemente.

El anciano mostró un gesto de resignación al mismo tiempo que buscaba en su viejo morral una hoja y una carbonilla. Sin pausa, anotó unas palabras en una hoja amarillenta. Doblo el papel a la mitad y se lo entregó al príncipe. Rápidamente, se incorporó y de dos zancadas se alejó de su lado vociferando irónicamente: -ahí tienes la respuesta de la providencia, mi estimado príncipe, ahí tienes la respuesta de la providencia...
Ofendido, el príncipe se dispuso a tirar el papel pero sintió incertidumbre acerca de su contenido. Lentamente, abrió el papel y pudo leer una frase escrita con muy fina caligrafía:

“Un príncipe no es príncipe por voluntad divina, sino por que sus padres hicieron el amor divinamente”.

El príncipe, absorto ante lo que veían sus ojos, quedó atónito mirando el correr del agua. Pensó en lo que había vivido, en lo que le faltaba por vivir, en las cosas que hizo y en las que nunca haría. Finalmente, y a pesar del dolor que sentía, sonrió satisfecho. No sólo aceptó su finitud en términos terrenales sino que, además, comprendió que la Providencia no podría cambiar nada de lo que había hecho durante su corta pero intensa vida.”

-Gracias- dijo. Es el mejor regalo que me podrían haber hecho.
-De nada- respondió el carcelero.

Las luces se encendieron y la puerta se abrió. Las esposas puestas y la custodia preparada. Un paso tras otro marcaban el largo camino que debía seguir para llegar a la camilla que oficiaría de escena del crimen y lecho de muerte a la vez.
Una inyección calmaría su dolor de la misma forma que él apagó la vida de aquellas víctimas inocentes. Sin embargo algo los unía: la Providencia nunca es justa para nadie.

M.S

(Des)esperar

Todo lo puede esperar el hombre mientras vive.
Séneca

¿Qué esperamos?
¿Qué nos den una palmada en el hombro y nos digan «gracias por todo»?
La espera es siempre pasiva, sinónimo de paciencia y de comprender toda sin importar lo que nos ocurra. Aprendemos a esperar cuando nacemos con la inmediatez como premisa; y no hay un solo día donde no reclamemos ese derecho biológico de satisfacernos sin demora.
Nos dicen tres horas o tres meses, la mueca de nuestra cara cambia y comienza a adaptarse a eso que, justamente, no esperamos. Esperar nos templa, nos cocina a fuego lento y en ocasiones nos consume. Viéndolo así, la vida misma es la eterna espera de la muerte; esa pena que, irónicamente, no esperamos y pedimos se retrase.
Esperamos la oportunidad. Un oxímoron con excepción a la regla.
“Es-pero” refiere a algo que es y no es al mismo tiempo; una suerte de realidad con condiciones, un «casi», una clausula de algo a cambio de nuestro bien más preciado y de alcance limitado: el tiempo.
Entonces ¿qué esperamos? ¿Tiempo? ¿Esperar sin desesperar con la esperanza intacta? 
Ni por asomo. Que sea el tiempo el que, por una vez, nos espere.

Sesiones en vivo (XVI), Hoy:Pulpo Negro, Against, Hemisferia, Criptodonte y Fase Beta. Teatro 5 Sentidos, Mar del Plata 22-07-2017


Las hordas descienden provenientes de ultramar 
Arrasan con la aldea, olvidada en los confines.

Pulpo Negro «Hordas»


Y no perder la voluntad de ser lo que debías ser.
Y no escapar a la verdad de ver lo que debías ver.

Against «Caníbal»

No es novedad que el Teatro 5 Sentidos de la ciudad de Mar del Plata ocupa, a paso constante, su cartelera con variedad de shows. Lo diferente radica en que muchos de sus espectáculos reúnen a las mejores bandas de la música pesada argentina. A esta altura del partido resulta obsoleto calificar una escena musical como «under» o «comercial» ya que, en ninguno de los dos casos, hay garantía de nada. La calidad y la camaradería no dependen de la escena, dependen de las bandas y el compromiso con el que respaldan su propuesta.
La velada del 22 de julio reunió algunas de las cosas por las cuales los seres humanos se enamoran de la música, en especial aquella tocada en vivo y en directo.  La organización de Fierro Under entiende a la perfección lo que implica brindar el marco para un espectáculo de calidad: un recinto limpio y cómodo, con buena acústica, puntualidad inglesa y un puñado de músicos que tocaron a puro sentimiento, dejando bien en claro que el rock pesado no forma parte del pasado, sino que se encuentra en muy buen estado de salud.
Fase Beta
La noche dio inicio de la mano de los locales de Fase Beta, un quinteto a dos voces –una melódica y otra gutural, ambas con igual presencia- muy bien combinadas que intercalaban variedad de estilos en una misma canción, con resultados muy interesantes. Pese a algunos desajustes de sonido, aprobaron holgadamente la prueba de ser el acto de apertura. Minutos después, la gente de Criptodonte subió a las tablas para dar rienda suelta a su stoner rock rutero y grasiento, con bandas como Red Fang y Fu Manchu como influencia principal. El cuarteto mejoró el sonido del recinto, se despidieron aplaudidos y dejaron a la gente con ganas de más.
Criptodonte
Hemisferia
No fue mucha la espera para que Hemisferia se adueñe del escenario y la noche se tiñera de un color cada vez más intenso. Quinteto con tres guitarras, kilos de wah-wah, distorsión y mucha oscuridad  forman el menú de la banda: una mixtura de Doom, con agregados de rock nacional de los 60 y una psicodelia bien entendida comenzaron a movilizar a los presentes para recibir a los pesos pesados de la noche.
Against: una aplanadora.

Hablar de la calidad de Against a esta altura de las circunstancias es casi una redundancia. El cuarteto tiene todo lo que una banda de metal necesita: fuerza, calidad interpretativa, dos vocalistas infernales, melodía y descontrol en su justa medida, y un puñado de canciones certeras. Por todo esto tienen más que merecido su pase al Wacken Open Air y sin dudas dejarán magistralmente representada a Argentina en el festival de música pesada más importante del planeta. Tienen dos discos imponentes y un futuro promisorio que vale la pena seguir de cerca.
Pasadas las 23:30 hs, los ya casi locales Pulpo Negro fueron los encargados de cerrar la noche. En su tercera visita a la ciudad, volvieron a ratificar por qué son unas de las mejores bandas de la escena para disfrutar en vivo. Toneladas de actitud, onda por doquier y un arsenal de canciones fulminantes, el quinteto no se cansa de agitar los cuellos de los presentes.
Pulpo Negro: Garantía de confianza al servicio del metal.
Presentaron oficialmente y en su totalidad su placa debut “El Arte de Matar”, dándose el lujo de interpretar «Demonios» a tres guitarras gracias a la participación de Hernán Chave de Hemisferia como invitado. Sumaron dos covers: «Peregrino Negro» de Valle del Diablo (en bajo acompañó Fertallica de dicha banda debido a la ausencia con previo aviso de Sebastián «Vitel» Persec) y una arrolladora versión de «Lifer» de Down con Juan Ignacio Orcajada de la banda Sobre Tus Cenizas como vocalista invitado. Mención aparte para este caballero –que había subido previamente a interpretar una canción junto a Against- por ser poseedor de una voz envidiable y de un estilo que lo posiciona, sin lugar a dudas, entre los mejores cantantes de la música pesada argentina. Se despidieron con «Hordas» aplaudidos y contentos.
Max Jones de Pulpo negro
Da gusto ver cómo se divierten en el escenario y esa energía contagia hasta el espectador más escéptico.
Cinco bandas, cinco géneros, y muchas personas celebrando un encuentro musical hecho con calidad y muy buena escuela. Siguiendo la opinión de este humilde servidor, la próxima vez que lean alguno de estos nombres tocando cerca de tu ciudad no dudes en acercarte a conocerlos.
Tengan por seguro que no se arrepentirán.


M.S

Nanocuentos (I)


He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta.
Blaise Pascal.

Carpe diem

Nunca le tuve miedo a la muerte.
Cuando vi mi cuerpo desplomado con la mano sobre el pecho y una mueca de de dolor, me di cuenta lo equivocado que estaba.

Vacío

Despierto sintiendo el roce de su pelo contra mi espalda y el calor de su presencia en mi cama.
Irónico contraste con los barrotes de mi celda y del pabellón con sus luces mortecinas.


Hasta luego

Se acostaron, se besaron y se prometieron amor eterno. El cerró los ojos hasta la mañana siguiente; ella los cerró para siempre.

Figura

La imagen que me devuelve el espejo es parecida a mí, pero no igual. Al intentar tocar la superficie el reflejo sonríe burlonamente. Permanezco un largo rato viendo los rasgos que resarce la ventana de la habitación hasta que la voz de la enfermera me convoca para ingerir la última medicación del día.

M.S

Etiquetas

Los estereotipos son verdades cansadas.
George Steiner

Nombres para nacer, roles para aprender.
Ideas que formar, emociones que sentir.
Tiempos para esperar, etapas para vivir.
Esperanzas que romper, sueños que abandonar.
Proyectos que concretar, expectativas que cumplir.
Besos que asignar, amores que sufrir.
Cuerpos que tocar, caricias que ofrecer.
Distancias que recorrer, destinos que trazar.
Historias que ocultar, verdades que reprimir.
Paradojas que establecer, certezas que sortear.
Vidas para morir, muerte para vivir.
Recuerdos que borrar, amores que mantener.
Las etiquetas preparadas… ¿Por dónde empiezo?


M.S

Microrrelatos (IV): Interruptor

No maldigas las tinieblas, enciende una vela
(Anónimo)

Sentía que en algún lado debía estar. Era cuestión de tiempo para que la encuentre. Comienzo palpando mis brazos y mi pecho casi instintivamente, inspecciono los pliegues esperando encontrar alguna pista de su ubicación. Continúo con las piernas, las manos; doblo mis brazos de forma imposible para rastrear la espalda, incluso hasta los lugares donde alcanzo con gran esfuerzo. No hay señal de dónde pueda esconderse.
Toco mis bolsillos como por acto reflejo y comienzo a impacientarme. Mis manos van al cuello y lo recorren por cada centímetro. Busco detrás de mis orejas y hurgo en mi pelo sin éxito. Por último, mi mano se dirige temerosamente hacia la nuca temiendo encontrar allí el interruptor que detiene mis pensamientos. Allí está: una tecla protuberante que marca el encendido y apagado de mi mente.
La paradoja se presenta al saber que sin él jamás podría cuestionarme la remota posibilidad de escribir esto.


M.S

La última danza




Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música 

Aldous Huxley

El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla.

Robert browning

La música comienza donde acaba el lenguaje.

Ernest Theodor Amadeus Hoffmann


No había sido el vino ni tampoco el cigarrillo, cualquiera hubiera sido su origen existente. Menos aún la cena, por cierto, exquisita y regada de luces mortecinas. El aire estaba viciado y lleno de rumores. Las frases eran inconclusas, errantes, pero sagaces hasta el tuétano. Un suave tintineo se apoyó en mis oídos y flirteó mi nuca haciendo un sensual recorrido, al mismo tiempo que mis manos se relajaban y contraían al compás de lo que intuí pasaría. De repente un golpe, tosco, primitivo y visceral pero a la vez compasivo y doloroso. 
Luego otro y otro más.
Cerré los ojos casi por acto reflejo, temiendo que una fuerza sobrenatural me levantara y arrojara por los aires en un sólo movimiento. Me forcé para abrir un párpado sabiendo de antemano que mi percepción se encontraba embriagada, pero al notar una quietud solemne caí en la cuenta que lo que acontecería podría ser aún peor. Mucho peor.
Un mar de sonidos me abrazó haciéndome encoger y pese a mi lucha encarnizada solo logré caer de espaldas, a modo de rendición, esperando la estocada final que me dejaría ardiendo en agonía y, más tarde, frío como una piedra.
Recordé no estar solo, convencido que los que me rodeaban deberían estar experimentando sensaciones similares. Sin duda lo estaban.
Ahora, justo ahora, nuestros sentidos se confunden, la percepción se nubla y la razón se empaña, recordándonos que en un principio todos fuimos iguales: hombres y mujeres de cerebro arcaico que comprenden su entorno por sensaciones, sin el vicio que otorgan las palabras.
Pero el sonido y la imagen se fundieron formando un universo sin sentido; un mundo donde no rige la entropía sino el más absoluto y excitante caos, donde los sonidos arremeten nuevamente surcando estelas en el aire, dibujando a su vez líneas exóticas con el humo proveniente de nuestros cuerpos. Un colchón armónico envuelve el recinto disparando flechas a nuestros recuerdos más vívidos haciéndolos resurgir y precipitando emociones dispersas e intensas: amor, odio, dolor, alegría y tristeza. Todas ellas básicas, pero siempre efectivas. Mi corazón se agita en un in-crescendo bestial separando el alma de mi cuerpo, ambos contenidos a su vez por un aura de golpes, armonías, gritos, ruidos indescifrables, latidos. Ya nos sentimos parte de la música y del ritual, aunque éste no pertenezca a ningún credo o tribu exótica. A lo sumo, cada uno es partícipe de creer (o no) en lo que ella dicta.
Nosotros, extenuados y aterrados, pero también relajados y gozosos. Ella, inexorable y potente, pero a la vez delicada y etérea. Y así, la danza sigue: golpes, ruido, melodía, suspiros, chirridos, risas, alaridos, más golpes: infinidad de ellos. Lágrimas, sudor, frío, calor, ruido, armonía, tambores, cantos, voces, delirio, éxtasis, belleza, sensualidad, alaridos, caos, creación y desastre.
Y de pronto, silencio.

M.S

(Dedicado a la maravillosa experiencia de escuchar, sentir y vivir aquello que llamamos música)

Sesiones en vivo (XV) Hoy: Mil Tormentas y Demonosis en Casa Rincón -Ciclo Misa del Caos- 10/06/2017

 (FOTOS: CASA RINCÓN)

Con noche de luna llena y en medio de un viaje relámpago nos dimos cita para presenciar el show de uno de los secretos mejor guardados de la escena de rock pesado argentina.

Con puntualidad inglesa y en horario matinée (una excepción que debería volverse norma) la velada dio inicio alrededor de las 21 hs con la gente de Demonosis, un quinteto con variadas influencias, las cuales combinan con mucha soltura. Recordando por momentos a los norteamericanos Neurosis, dejaron tras de sí un puñado de temas largos, atmósferas en cantidad y unos cuantos riffs de precisión quirúrgica que prepararon a la gente lista para degustar el plato principal de la noche.
Demonosis
Minutos después, Mil Tormentas tomó lugar sobre las tablas para agitar las cabezas de los presentes al ritmo de su particular mixtura de estilos. Dosis de stoner y de metal, tintes Sabbathianos y carisma por doquier son la pilares de su arte. La música del grupo fluye como un mantra y prepara el terreno para que la voz de Max Jones proyecte imágenes apocalípticas y postales de distopía a raudales mientras que la guitarra de Germán Tomei dispara riffs contundentes sin descanso. Un setlist con canciones de ayer y de hoy («Noches de Arabia», «Divide y vencerás»), más el agregado de dos temas nuevos (en el que se destacó la demoledora «Licántropo») que dejaron entrever cuál es el horizonte que la banda persigue para el futuro: cambios de ritmo continuos, climas y texturas novedosas que amplían el espectro sonoro del grupo. 
No es casual que la banda haya estado en el concurso para representar a Argentina en el festival internacional Wacken Open Air, ya que poseen lo necesario para ser referentes de la escena sludge nacional. Afortunadamente, no se encasillan en un género determinado, lo cual diversifica la propuesta: pueden resultar muy stoner para el metal y muy metal para el stoner, dependiendo lo que solicite el trip de cada canción. Pueden reencarnar a gusto y piacere en una versión cáustica de los Héroes del Silencio o en una faceta rockera/desértica al mejor estilo Kyuss, con sólo un cambio de ritmo.

Tras completar casi una hora de show, se despidieron a toda máquina de la mano de «Mil Tormentas» y «Trueno Rugiente», un tema que con su velocidad invita a enloquecerse por un rato y deja en claro lo bien que le sienta a la banda este tipo de variantes.
Día tras día, la regla de oro se sigue cumpliendo a rajatabla: fuera del circuito comercial, agazapados entre las sombras, se encuentran las mejores bandas y la música más genuina que puedan encontrar. Depende de ustedes salir a su búsqueda y conocer su poder.
Avisados quedan.

M.S


Tentación



La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.

Oscar Wilde

Se levantó sobresaltado. Eran las 9:45 A.M pero tenía la sensación de haber dormido una eternidad. Todavía aturdido, escuchaba el suave repiqueteo de la ducha golpeando sobre los azulejos y los breves cambios de intensidad productos del cuerpo esbelto de la mujer con que minutos antes había compartido uno de sus mejores orgasmos. Un clímax como el que había experimentado recientemente no se concibe todos los días: sensaciones de agitación, desenfreno y liberación uniéndose y potenciándose; y esa suerte de efecto hipnótico en la humanidad de quien lo comparte, que estremece el alma recordándonos lo bueno y dichoso de vivir.
Se sentía satisfecho y completo. Lo invadía una dulce fragilidad en sus extremidades y una sensación de liviandad se propagaba por su cuerpo. Definitivamente, éste no era como los miles de orgasmos que había experimentado desde su pubertad. Hubo de todo: fugaces, inoportunos, interminables, innecesarios, fisiológicos y amorosos, pero nunca uno de ese tenor, con este dejo de liberación. Al mismo tiempo que rememoraba algunos de ellos, se figuró el agua caliente cayendo por el cuerpo de aquella afrodita que le había regalado ese instante que no podría olvidar ni en un millón de años. Imaginarse el vapor, el aire viciado, y esa extraña sensación de encierro lo excitaron de inmediato.
Casi sin pensarlo, decidió interrumpir aquella ducha tan placentera para experimentar el que sería otro momento placentero. O incluso más aún. 
Tanteó el suelo del costado de la cama y observó de reojo la hora: eran las 11:35. Confundido, no recordaba haberse dormido nuevamente. Descartó también que el reloj se hubiera descompuesto, puesto que el mismo atrasaría o simplemente se quedaría tieso pero nunca adelantaría la hora. Además, la ducha había estado corriendo y nítidamente había escuchado un cuerpo mojarse y suspirar bajo el agua. Se incorporó y buscó un pantalón. 
A cada paso que daba, se sentía más liviano y descansado. La sensación lo reconfortaba.
Aunque no lo había notado, se podía escuchar una música suave que provenía del piso de abajo. La melodía era un tanto melancólica y le dio un escozor en el medio de la espalda. Decidió ignorarla.
Una vez en el baño, se observó en el espejo empañado por el vapor pero no pudo reconocerse. Debía estar desaliñado y con la barba crecida.
Los pocos metros que lo separaban de la cortina de la bañera sirvieron de preámbulo para generarle ideas libidinosas en su cabeza: la imaginaba mojada y fresca, aromatizada con ese jabón de miel que sólo usaba en ocasiones especiales.

-¿Puedo? – preguntó.
No escuchó respuesta, pero podía verla contorsionándose debajo del agua. Tarareaba aquella canción que lo ponía melancólico y depresivo. Escucharla lo desmotivó un poco, pero era más fuerte la idea de acariciar su piel y poder sentir el calor que despedían sus poros dilatados.
Se aclaró la garganta ruidosamente para hacerse notar. No hubo respuesta.
Pensó que tal vez estaría enojada por algo, pero también le vino a la mente la idea de que los silencios de ella siempre habían sido señal de buen augurio.
Corrió lentamente la cortina y pudo verla en su totalidad. Se encontraba de espaldas y rebosante de vida.
Intentó abrazarla fuerte, como para poder contener la totalidad que estaba observando. Cerró los ojos y apretó los brazos. 
Nada. 
Parecía como si la estuviera atravesando; como si su cuerpo fuera una nube etérea que se confundía con el vapor del agua que corría.
Avanzó un paso más en la bañera pensando que quizás había sido víctima de una ilusión óptica fruto del aire viciado y la modorra matinal, pero se horrorizó al ver que ocurría lo mismo que antes. Uno, dos, y tres intentos más en vano.
Ella, por su parte, estrujó su cabello y cerró el grifo. Indiferente, corrió la cortina y posó sus pies sobre la alfombra blanca.
Él, impávido y aterrorizado se observaba completamente seco dentro de la ducha que hasta hacía unos segundos se encontraba abierta.
Fue un instante en el que se dio cuenta lo que realmente sucedía.
Recordó aquel crucero por el Sena, en Francia, donde conoció una bella mujer de mundo quién, entre anécdotas, le comentó que en ese país se conocía al orgasmo como «le petit mort», y él, sin saberlo, se figuró que lo que sintió horas atrás no había sido sólo una pequeña muerte. Lo que sí sabía era que, de ser así, definitivamente había valido la pena.

M.S

Los Andes “Obras cumbres” o la quimera hecha canción.

Todo amante de la música sabe con certeza lo difícil que es escribir una buena canción. Y cuando me refiero a ello no solo hablo de pe...